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Mediterráneo en transformación
27/01/2026
Medio Ambiente
A. Gutiérrez

El Mediterráneo español está cambiando, y no solo por el aumento de la temperatura del agua. Un estudio reciente del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC), publicado en la revista Journal of Marine Science and Engineering, reevalúa el impacto del calentamiento marino sobre las comunidades de peces y revela un panorama más complejo de lo que se pensaba.
La investigación, liderada por el oceanógrafo Manuel Vargas-Yáñez desde el Centro Oceanográfico de Málaga, confirma señales de tropicalización en el Estrecho y el Mar de Alborán. Sin embargo, en la zona levantino-balear, pese a registrar un fuerte incremento térmico en las últimas décadas, el fenómeno no se observa con claridad.
Por primera vez, el estudio combina los datos de las campañas de evaluación de recursos pesqueros del IEO con registros internacionales y los programas de monitorización que el Instituto mantiene en el Mediterráneo. Esta base de información ha permitido comprender mejor cómo el calentamiento influye en la biodiversidad marina.
“Nuestros resultados muestran que la tropicalización no es tan simple como pensar que el mar se calienta y llegan peces tropicales”, explica Vargas-Yáñez. “En algunas regiones sí vemos especies que toleran aguas más cálidas, pero en otras detectamos llegadas de peces procedentes de mares más fríos o de otras zonas mediterráneas. El calentamiento es solo una parte de la historia”.
En el Estrecho y el Mar de Alborán, la influencia del Atlántico y la entrada de aguas cálidas procedentes del sur parecen estar favoreciendo la llegada de especies típicas de climas tropicales y subtropicales. Entre ellas destaca el pez león (Pterois miles), una especie invasora conocida por su voracidad y por alterar las cadenas tróficas en otras regiones del mundo. También se han registrado ejemplares del tiburón ballena (Rhincodon typus), el pez más grande del planeta, que normalmente habita en aguas cálidas y abiertas.
A estas especies se suman peces tropicales atlánticos como Paranthias furcifer, que hasta hace pocos años eran raros en nuestras aguas. Su presencia indica que el Mediterráneo occidental está experimentando cambios en la conectividad biológica con otras regiones, posiblemente impulsados por el aumento de temperatura y la modificación de corrientes marinas.
Los científicos advierten que estas llegadas no son anecdóticas: algunas especies pueden establecerse de forma permanente, competir con las autóctonas y alterar ecosistemas esenciales para la pesca tradicional. “No hablamos solo de biodiversidad, sino de impactos económicos y sociales”, subraya Vargas-Yáñez.
En contraste, la zona levantino-balear ofrece un escenario sorprendente. Pese a que las aguas han registrado un incremento térmico notable en las últimas décadas, las nuevas especies detectadas no son tropicales. De hecho, varias proceden de aguas frías o son completamente desconocidas para la ciencia, lo que apunta a fenómenos distintos a la tropicalización.
Entre los registros figuran especies que podrían haber pasado desapercibidas durante años por falta de muestreo intensivo, así como migraciones naturales desde otras áreas del Mediterráneo. También se sospecha de introducciones accidentales vinculadas a actividades humanas, como el transporte marítimo y la acuicultura.
“La evidencia científica muestra que muchos registros no son invasiones tropicales, sino descubrimientos tardíos, migraciones de especies frías o introducciones causadas por actividades humanas”, explica Vargas-Yáñez. Este hallazgo pone de relieve la complejidad del fenómeno y la necesidad de evitar interpretaciones simplistas.
La llegada de nuevas especies, independientemente de su origen térmico, puede alterar las cadenas tróficas, introducir interacciones ecológicas inéditas y modificar hábitats esenciales. Por ello, los autores subrayan la necesidad de reforzar la vigilancia científica en el Mediterráneo español mediante redes de monitoreo biológico y pesquero, programas de ciencia ciudadana y nuevas líneas de trabajo basadas en genética y estudios de reproducción, incluyendo la detección de huevos y larvas de especies exóticas.
Solo una estrategia integral permitirá diferenciar entre especies que se establecen de manera permanente y aquellas que aparecen de forma ocasional, así como anticipar posibles impactos ecológicos y pesqueros. Este esfuerzo requiere colaboración internacional y la continuidad de los programas de seguimiento liderados por el IEO-CSIC en el marco de las campañas oceanográficas y las observaciones a largo plazo que se realizan en el Mediterráneo español.
➡ Leer más en el número 663 del mes de febrero de la revista Mar.
La investigación, liderada por el oceanógrafo Manuel Vargas-Yáñez desde el Centro Oceanográfico de Málaga, confirma señales de tropicalización en el Estrecho y el Mar de Alborán. Sin embargo, en la zona levantino-balear, pese a registrar un fuerte incremento térmico en las últimas décadas, el fenómeno no se observa con claridad.
Décadas de datos
Por primera vez, el estudio combina los datos de las campañas de evaluación de recursos pesqueros del IEO con registros internacionales y los programas de monitorización que el Instituto mantiene en el Mediterráneo. Esta base de información ha permitido comprender mejor cómo el calentamiento influye en la biodiversidad marina.“Nuestros resultados muestran que la tropicalización no es tan simple como pensar que el mar se calienta y llegan peces tropicales”, explica Vargas-Yáñez. “En algunas regiones sí vemos especies que toleran aguas más cálidas, pero en otras detectamos llegadas de peces procedentes de mares más fríos o de otras zonas mediterráneas. El calentamiento es solo una parte de la historia”.
Estrecho y Alborán
En el Estrecho y el Mar de Alborán, la influencia del Atlántico y la entrada de aguas cálidas procedentes del sur parecen estar favoreciendo la llegada de especies típicas de climas tropicales y subtropicales. Entre ellas destaca el pez león (Pterois miles), una especie invasora conocida por su voracidad y por alterar las cadenas tróficas en otras regiones del mundo. También se han registrado ejemplares del tiburón ballena (Rhincodon typus), el pez más grande del planeta, que normalmente habita en aguas cálidas y abiertas.A estas especies se suman peces tropicales atlánticos como Paranthias furcifer, que hasta hace pocos años eran raros en nuestras aguas. Su presencia indica que el Mediterráneo occidental está experimentando cambios en la conectividad biológica con otras regiones, posiblemente impulsados por el aumento de temperatura y la modificación de corrientes marinas.
Los científicos advierten que estas llegadas no son anecdóticas: algunas especies pueden establecerse de forma permanente, competir con las autóctonas y alterar ecosistemas esenciales para la pesca tradicional. “No hablamos solo de biodiversidad, sino de impactos económicos y sociales”, subraya Vargas-Yáñez.
Zona Levantino-Balear
En contraste, la zona levantino-balear ofrece un escenario sorprendente. Pese a que las aguas han registrado un incremento térmico notable en las últimas décadas, las nuevas especies detectadas no son tropicales. De hecho, varias proceden de aguas frías o son completamente desconocidas para la ciencia, lo que apunta a fenómenos distintos a la tropicalización.Entre los registros figuran especies que podrían haber pasado desapercibidas durante años por falta de muestreo intensivo, así como migraciones naturales desde otras áreas del Mediterráneo. También se sospecha de introducciones accidentales vinculadas a actividades humanas, como el transporte marítimo y la acuicultura.
“La evidencia científica muestra que muchos registros no son invasiones tropicales, sino descubrimientos tardíos, migraciones de especies frías o introducciones causadas por actividades humanas”, explica Vargas-Yáñez. Este hallazgo pone de relieve la complejidad del fenómeno y la necesidad de evitar interpretaciones simplistas.
Un reto para la gestión
La llegada de nuevas especies, independientemente de su origen térmico, puede alterar las cadenas tróficas, introducir interacciones ecológicas inéditas y modificar hábitats esenciales. Por ello, los autores subrayan la necesidad de reforzar la vigilancia científica en el Mediterráneo español mediante redes de monitoreo biológico y pesquero, programas de ciencia ciudadana y nuevas líneas de trabajo basadas en genética y estudios de reproducción, incluyendo la detección de huevos y larvas de especies exóticas.Solo una estrategia integral permitirá diferenciar entre especies que se establecen de manera permanente y aquellas que aparecen de forma ocasional, así como anticipar posibles impactos ecológicos y pesqueros. Este esfuerzo requiere colaboración internacional y la continuidad de los programas de seguimiento liderados por el IEO-CSIC en el marco de las campañas oceanográficas y las observaciones a largo plazo que se realizan en el Mediterráneo español.
➡ Leer más en el número 663 del mes de febrero de la revista Mar.
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