Más de 25 años protegiendo al medio marino
Fundación CRAM al rescate
25/06/2026

Medio Ambiente

Patricia Romero Alonso
rescate especies marinas
La Fundación para la Conservación y Recuperación de Animales Marinos (CRAM), desde los espacios naturales del Delta del Prat de Llobregat, se dedica al rescate y tratamiento de especies y aves marinas protegidas, así como a la investigación y la educación ambiental. ¡Acompáñanos en esta misión de rescate!

CRAM es una fundación privada sin ánimo de lucro con más de 25 años a sus espaldas dedicados a la protección del medio marino y las especies que lo habitan a través de tres líneas de actuación: la clínica y el rescate; la investigación y conservación y la sensibilización social.

Su creación se remonta a principios de los años 90 del siglo pasado. Cuando, durante una epidemia vírica de “morbillivirus” que afectó a centenares de delfines listados, uno encalló en la playa de Cataluña. Allí estaba un veterinario que asistió al animal. La experiencia le marcó tanto que se ofreció como voluntario, junto a un grupo de personas que también estuvieron presentes, para asistir a cualquier animal marino que encallase a cualquier hora, los 365 días del año. Esta labor fue premiada por el ayuntamiento de Premiá de Mar que les ofreció un local como base de operaciones en 1994. Dos años más tarde se registró la Fundación CRAM.

Su origen, y lo novedoso, está en la atención veterinaria y personalizada a cualquier animal marino protegido que requiera asistencia. Posteriormente se fueron creando nuevas líneas de investigación y conservación y la necesidad de divulgar todo el trabajo realizado para concienciar a la ciudadanía del cuidado y respeto al medio marino y también hacerles partícipes con sus acciones tanto de la protección   como de la ciencia ciudadana.

Más de 30 años después, CRAM dispone de un centro de recuperación de la fauna marina puntero y un equipo técnico y humano preparado especialmente para la asistencia urgente de especies amenazadas. Cuentan con un equipo dedicado a la investigación, la recuperación y la consiguiente protección de los ecosistemas marinos. También disponen de aulas donde imparten formación tanto a profesionales como a centros educativos. Además, posee el Vell Marí, uno de los pocos veleros científicos dedicados a la exploración del medio marino.

Montse Pal dirige el departamento de Comunicación de la Fundación CRAM y nos explica que “la visión global y unificada de estas tres áreas es lo que nos hace únicos. Lo que hacen los veterinarios fomenta estudios, líneas de conservación, o sistemas para, por ejemplo, reducir la pesca accidental y llegar a la ciudadanía, porque si no  bajas a tierra es difícil sensibilizar”,  explica.

La Fundación CRAM la componen un equipo de 20 personas entre veterinarios, técnicos, oceanógrafos, biólogos, informáticos, ingenieros y administrativos. Pero su mayor valor está en los más de 2.000 voluntarios que colaboran en el área de clínica y rescate en tareas de control de temperatura, preparación de dietas, alimentación a la fauna hospitalizada, limpieza de tanques, ayuda en las curas… “Para ser voluntario del CRAM no hay requisitos. Nosotros les formamos. Solo necesitamos que sean mayores de edad y un compromiso de asistencia inicial de, al menos, un día a la semana”, explican desde la Fundación.

Contamos con gente muy comprometida -afirma Montse Pal- el pasado 24 de diciembre un delfín mular quedó encallado en una bahía de poca profundidad en el Delta del Ebro y el equipo operativo se desplazó y consiguió trasladarlo a mar abierto. Una historia bonita en un día tan señalado. Tenemos horarios de guardia porque funcionamos igual que un hospital humano”.
 
voluntarios d cram atendiendo a un pez varado
Los voluntarios de CRAM realizan análisis exhaustivos a los ejemplares que encuentran varados en la orilla.

MEDIOS MATERIALES

La Fundación CRAM se compone de tres edificios que corresponden a cada una de las líneas de trabajo: un centro de recuperación; un edificio educativo y el edificio de investigación, con laboratorio y sala de estudios “post-mortem”. El corazón de la Fundación es el hospital, con quirófano, equipo de rayos x, sala de curas y UCI. También disponen de zonas de recuperación con diferentes tanques donde se ponen a los animales antes de su liberación al mar. 

Dentro de su avanzada equipación, cuentan con una cámara hiperbárica. Investigaciones del Oceanogràfic de València desvelaron en 2016 que las tortugas enganchadas en las redes de los barcos arrastreros, al subir rápidamente a la superficie, sufren estrés y desajustes en su válvula respiratoria que contribuyen al paso de nitrógeno al torrente sanguíneo; de ahí que necesiten estar un tiempo en una cámara de descompresión. La mitad de las tortugas que ingresan sufren este síndrome descompresivo. 

Tras una valoración inicial comienza el proceso de recuperación. La cámara hiperbárica reduce el tiempo de hospitalización y la farmacología, ya que la recuperación es muy dolorosa.

Disponen de una ambulancia especializada para asistir a cetáceos y elasmobranquios. Estas especies sufren gran estrés en los traslados, hasta el punto de que peligra su supervivencia. Por eso el vehículo lleva todo lo necesario para su asistencia en el mar.

Las asistencias a delfines y tiburones son complicadas porque, cuando llegan a la costa, su recuperación es muy difícil por el  “síndrome de encallamiento”. 

Por lo general, son individuos que llevan semanas, incluso meses, sin  protección de grupo. Lo habitual es que, cuando están enfermos, se separen de la manada y cuando encallan suele ser porque se acercan demasiado a la costa persiguiendo alimento y quedan atrapados en la arena. Suelen estar famélicos y es difícil lograr una recuperación.

CONCIENCIA CIUDADANA

La Fundacion CRAM también dispone de una gran cantidad de programas educativos que incluyen actividades con animales e inmersión en el ecosistema porque “poder explicar las historias con nombre propio, determinar un problema concreto y una solución, genera empatía”.

Algunas de las tortugas rescatadas y reintroducidas disponen de monitorización. Un dispositivo de seguimiento satelital instalado en el caparazón contribuye a generar conocimiento de campo científico al conocer las zonas de alimentación o reproducción de los ejemplares liberados.

La Tortuga Luna ingresó en 1996 porque había perdido una aleta y se consideraba que “no era reintroducible” al haber perdido sus habilidades naturales de supervivencia. Requirió tiempo y recursos. Pasados diez años desde su ingreso inicial se supo que, en otros centros del mundo, se había conseguido reintroducir animales con este tipo de discapacidad. 

Tras un programa de enriquecimiento se la reintrodujo en el mar al comprobarse que era capaz de sobrevivir en libertad. Un año después el dispositivo satelital la situaba en aguas de Florida. 

La Tortuga Damm fue encontrada varada en L’Amposta por un ciudadano que paseaba por la playa. Los veterinarios de CRAM observaron que tenía una grave infección en un ojo, que finalmente perdió. No obstante, después de curarla y recuperarla consiguieron reintroducirla.

Por el contrario, las tortugas 4x4 y Massa Gran, cuando fueron rescatadas llevaban tanto tiempo en cautiverio y su estado eran tan precario que tuvieron que quedarse en el centro. Son las más veteranas de CRAM y seguirán siendo cuidadas por los especialistas, ya que los daños que sufren son  incompatibles con su supervivencia en libertad en el mar.

Las tortugas son animales muy resilientes -explica Montse Pal- los humanos les hacemos la vida muy complicada con tantas amenazas, pero no pierden su capacidad de supervivencia y son ejemplo por sus ganas de vivir”.

REGRESO A CASA

Cada año, el CRAM organiza fiestas en la playa llamadas “Retorna a casa” en las que se liberan a todas las tortugas que están ya preparadas para vivir en libertad. A este acto se invita a los ciudadanos y a los pescadores que han contribuido a salvar a los animales que se reintroducen.

Las tortugas suelen permanecer ingresadas una media de 40 días. La Tortuga Pepita es la que más tiempo lleva hospitalizada, desde septiembre de 2025. Tiene una gran fractura en su caparazón, debida a una posible colisión con la hélice de un barco.

INVESTIGACIÓN

Desde su origen, la Fundación CRAM ha colaborado con el Instituto Español de Oceanografía (IEO). Actualmente han ampliado su participación en proyectos de la Fundación Pleamar, no solo con tortugas sino con fauna marina protegida en todo el litoral catalán, dirigidos a crear protocolos para todas las artes de pesca de la zona. “Estamos ampliando algunos proyectos a todo el litoral catalán ya que no se trabaja igual en una zona que en otra, necesitamos saber cómo es la interacción entre animales marinos protegidos y los pescadores locales. Después se les entrega material para ayudar al manejo de estas situaciones”.
 
operando a una tortuga
En la Fundación CRAM el cuidado veterinario incluye operaciones a ejemplares heridos.

CIENCIA EN EL MAR

También cuentan con el Velero Vell Marí, un barco enfocado a realizar campañas de estudios pero que, cuando no está vinculado a una investigación concreta, se destina a actividades educativas para que ciudadanos y escolares conozcan cómo es un barco científico.

La Fundación CRAM se financia con fuentes privadas, también a través de su programa educativo, empresas que colaboran y aportaciones recurrentes de ciudadanos. Con las administraciones tienen contratos por los servicios de rescate, asistencia y formación técnica que realizan y también a través de los proyectos vinculados con la Fundación Biodiversidad.

Dentro de sus proyectos de I+D+i destaca la creación de una incubadora de huevos de tortuga y la creación de un protocolo de incubación artificial que permite la supervivencia de gran parte de los nidos localizados “¡que suelen ser muchos!; más de una decena por temporada”.

Las crías suelen quedarse un año en la Fundación y luego son liberadas con una fiesta ciudadana. Además, cuentan con una instalación exclusiva para el cuidado de los recién nacidos.

PESCADORES A FAVOR

Contar con la colaboración de los pescadores es muy importante”, afirmaba Montse Pal. El Proyecto “Pescadores a favor del mar” fue creado ante la necesidad de actualizar el protocolo de actuación ante una interacción con un animal marino protegido. 

Antes, si el animal no tenía heridas, se reintroducía directamente en el mar. Sin embargo, hay patologías que no son visibles con lo cual ahora los pescadores activan el protocolo de rescate y los veterinarios del CRAM intervienen desplazándose al puerto al que llega el pesquero. Previamente ofrecen indicaciones de cómo atender a la tortuga, principalmente dejándola a la sombra, con el plastrón hacia abajo y una toalla mojada sobre el caparazón.

La mayoría de los avisos llegan de los pescadores, ya que una de las mayores causas de accidentes son la interacción con los barcos o artes de pesca. Una forma de agradecer esta colaboración a los pescadores es que se les permite poner el nombre a las tortugas que rescatan e intervenir en el proceso de la reintroducción. 

Este acto suele ser toda una fiesta porque a menudo participa el pescador  junto a su familia y muchos voluntarios. “Desde CRAM hacemos campañas periódicas de capacitación del sector pesquero para indicarles cómo deben actuar y cuál es el protocolo a seguir, según el caso”, asegura Montse Pal. En el Delta del Ebro hay una gran concentración de tortugas careta y en el puerto de La Rápita están localizados algunos de los arrastreros más grandes de España con lo que, aun sin querer, los atrapamientos en redes son frecuentes.

El proyecto “Pescadores a favor del mar” comenzó como una prueba piloto que se ha trasladado después a toda la provincia de Tarragona y que se espera ampliar a otras provincias. 

La Generalitat de Cataluña ha ofrecido una autorización nominal para que los pesqueros puedan subir a bordo especies protegidas y así tener seguridad jurídica para poder embarcarlas y llevarlas a puerto para su cuidado.

Gracias a la colaboración de los pescadores ante capturas accidentales de animales marinos protegidos se han conseguido salvar y reintroducir a un gran número de ellos. 

RESCATES EN 2025

  • En los últimos cuatro años, la Fundación CRAM ha atendido a un total de 680 ejemplares de fauna marina en la costa catalana: 376 tortugas marinas, 54 cetáceos, 167 aves marinas y 83 elasmobranquios. 
  • Las amenazas que padecen este tipo de fauna son diversas pero la mayoría están causadas, directa o indirectamente, por la acción humana. Interacción pesquera, contaminación, cambio climático y presión humana sobre el medio son las principales causas de lesiones y/o patologías que sufren.
  • En estos años, se han atendido 275 ejemplares vivos de tortuga marina dentro del proyecto de SERVIMAR. El 78% de las tortugas llegaron a la Fundación gracias al aviso de los pescadores que forman parte de la campaña “Pescadores a favor del mar”. 
  • En este período se han podido recuperar y reintroducir en el mar 217 tortugas y la mayoría de las que aún permanecen en el centro tienen un pronóstico favorable. En playas se han atendido a 21 ejemplares de delfín listado; 71 rayas violáceas y 37 mobulas.
  • Además, en estos últimos años se ha acudido ante llamadas de 146 casos de animales varados muertos a lo largo del litoral catalán: 101 tortugas marinas, 33 cetáceos y 12 elasmobranquios. 
  • Así mismo, el programa educativo que realiza la Fundación CRAM ha conseguido llegar a más de 160.000 personas. Cuenta con la participación de 1.000 voluntarios, y otras 5.200 personas en el programa de voluntariado corporativo.
➡️ Ver más en el número 668 de la Revista MAR
 

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