Informe SOFÍA 2026
Producir más pero mejor
27/08/2026

Pesca

Miguel Sánchez
barco con redes
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha publicado “El estado mundial de la pesca y la acuicultura” (informe SOFIA 2026) donde analiza la evolución de ambas actividades, confirmando el crecimiento de la producción mundial de alimentos acuáticos, identificando los principales desafíos para la sostenibilidad y situando a la Transformación Azul como la hoja de ruta hacia el futuro.

La pesca y la acuicultura desempeñan un papel estratégico en la seguridad alimentaria mundial. En un contexto marcado por el crecimiento demográfico, la presión sobre los recursos naturales y la necesidad de garantizar dietas saludables, los alimentos acuáticos destacan por ser  fuente de proteínas de alta calidad, ácidos grasos esenciales, vitaminas y minerales.
El informe SOFIA 2026 da cuenta de cifras récord. Hace dos años, la producción mundial de animales acuáticos alcanzó 194,6 millones de toneladas (el mayor volumen registrado hasta entonces) de las que, alrededor de 178 millones (90%), se destinaron al consumo humano. Mientras, la disponibilidad media ascendió a 21,3 kilos/persona y año, un 50% más que a comienzos de la década de 1990.

Más allá de los registros históricos, el informe lanza un mensaje de fondo: el crecimiento futuro deberá compatibilizar el aumento de la producción con la conservación de los ecosistemas y el uso sostenible de los recursos. Esa visión es el punto de partida de la denominada Transformación Azul, la estrategia con la que la FAO quiere orientar el desarrollo de la pesca y la acuicultura en la próxima década.

NUEVO MODELO PRODUCTIVO

El informe SOFIA 2026 lanza la idea de que la producción mundial continúa creciendo, pero el modelo que la impulsa ha cambiado.

Durante buena parte del siglo XX, el incremento de la oferta de pescado estuvo ligado a la expansión de la pesca extractiva. Hoy, esa tendencia se ha estabilizado y el crecimiento procede, casi en exclusiva, de la acuicultura. En 2024, esta actividad aportó 102,7 millones de toneladas frente a los 91,9 millones de la pesca extractiva, convirtiéndose en la principal fuente de producción de animales acuáticos dirigidos al consumo humano.

Para la FAO, este cambio representa una transformación estructural del sistema alimentario mundial y no una simple variación coyuntural de la producción. Sin embargo, no debe interpretarse como una sustitución entre actividades. La pesca extractiva continúa siendo esencial para millones de personas y constituye la base económica y cultural de numerosas comunidades costeras.

El margen para seguir aumentando las capturas resulta limitado si se quiere preservar la sostenibilidad de los recursos. Por ello, el crecimiento futuro descansará, sobre todo, en una acuicultura más eficiente, innovadora y ambientalmente responsable, integrada con la pesca dentro de un mismo sistema alimentario.

CALIDAD DE LA GOBERNANZA

El reto del crecimiento de la producción pasa porque los recursos pesqueros puedan mantenerse a largo plazo. El informe presenta matices en este sentido.

Según la FAO, el 62,4% de las poblaciones de peces analizadas están dentro de niveles biológicamente sostenibles, con una proporción inferior a la registrada hace dos décadas. Cuando el análisis se realiza en función del volumen de capturas, el panorama cambia: el 72,6% de los desembarques mundiales proceden de poblaciones explotadas de manera sostenible.

La diferencia demuestra que las pesquerías de mayor volumen suelen coincidir con aquellas que cuentan con mejores sistemas de evaluación científica y gestión. Para la FAO, la sostenibilidad depende tanto del estado de los recursos como de la calidad de su gobernanza. Así, donde existen datos fiables, seguimiento científico y medidas de gestión eficaces, las poblaciones muestran mayor capacidad para mantenerse en niveles sostenibles.

Fortalecer la gobernanza es, por consiguiente, objetivo prioritario para los próximos años. Mejorar la recopilación de datos, ampliar las evaluaciones científicas, combatir la pesca ilegal y reforzar la cooperación internacional serán factores decisivos para compatibilizar la explotación de los recursos con su conservación.



MOTOR ECONÓMICO

La importancia de la pesca y la acuicultura trasciende la producción de alimentos. El sector constituye un motor económico y social para millones de personas y desempeña un papel decisivo en el desarrollo de numerosas comunidades costeras.
El informe SOFIA estima que alrededor de 65 millones de personas trabajaban en 2024 en el sector primario de la pesca y la acuicultura, ya fuera a tiempo completo, parcial o de forma ocasional. A esa cifra hay que añadir el empleo generado en actividades como la transformación, el transporte, la comercialización o la construcción naval, que amplían notablemente su impacto económico.

Asia concentra cerca del 85% del empleo mundial, reflejo del peso que la pesca y la acuicultura mantienen en la economía de la región. África ocupa el segundo lugar, mientras que América Latina y el Caribe continúan desempeñando un papel relevante tanto en la producción como en el comercio internacional. Para muchos países de renta media y baja, los alimentos acuáticos representan mucho más que una fuente de proteínas: constituyen uno de los principales medios de vida para millones de familias.

El informe también destaca la contribución de las mujeres, especialmente en las actividades posteriores a la captura. Aunque representan aproximadamente una cuarta parte del empleo en el sector primario, su participación resulta fundamental en el procesado, la transformación y la comercialización de los productos pesqueros. La FAO considera que reforzar su participación y mejorar la igualdad de oportunidades forma parte de un desarrollo verdaderamente sostenible.

La dimensión económica del sector se completa con un comercio internacional que continúa creciendo y que facilita el acceso a alimentos acuáticos en mercados muy alejados de las zonas de producción. Mantener cadenas de suministro eficientes, resilientes y sostenibles será uno de los factores decisivos para responder a una demanda mundial cada vez mayor.

TRANSFORMACIÓN AZUL

La idea de la Transformación Azul vertebra el informe de la FAO. Se  presenta no como un programa aislado, sino como una estrategia global para garantizar que la pesca y la acuicultura sigan contribuyendo a la seguridad alimentaria sin perjuicio para los ecosistemas.

La iniciativa se apoya en tres grandes ejes. El primero apuesta por una acuicultura sostenible capaz de responder al incremento previsto de la demanda mundial de alimentos acuáticos. El segundo persigue mejorar la gestión de las pesquerías con mayor base científica y el refuerzo de la lucha contra la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada. El tercero propone modernizar las cadenas de valor para reducir pérdidas y desperdicios, mejorar la trazabilidad y generar oportunidades económicas más inclusivas para comunidades costeras, pequeños productores, mujeres y jóvenes.

Lejos de plantear un modelo exclusivamente teórico, el informe recoge experiencias desarrolladas en distintos continentes que demuestran cómo esa transformación ya está en marcha. Proyectos de acuicultura sostenible, iniciativas de innovación tecnológica y programas de mejora de la gestión pesquera muestran que es posible incrementar la producción utilizando mejor los recursos disponibles y reduciendo el impacto ambiental.

El mensaje de la FAO es significativo ya que desplaza el foco del crecimiento cuantitativo hacia la calidad de ese crecimiento. No se trata de producir más, sino mejor, con mayor eficiencia, menor impacto ambiental y mejor distribución de los beneficios económicos y sociales.

Las previsiones apuntan a que la producción mundial de animales acuáticos continuará creciendo en la próxima década, aunque a ritmo más moderado. Según las estimaciones de la FAO, en 2034 se alcanzarán 214 millones de toneladas, impulsadas principalmente por la expansión de la acuicultura, cuya producción podría situarse en torno a 119 millones de toneladas, frente a los 95 millones previstos para la pesca de captura.

El consumo mundial también seguirá aumentando hasta situarse cerca de los 21,9 kilos/persona y año, aunque según la FAO estas previsiones dependerán de la capacidad para afrontar desafíos como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la presión sobre los recursos o la evolución de los mercados internacionales.

El éxito ya no se medirá solo por el volumen de producción, sino también por su capacidad para garantizar alimentos saludables, conservar los ecosistemas, generar empleo de calidad y fortalecer la resiliencia de las comunidades que dependen de la pesca y la acuicultura.

HOJA DE RUTA FUTURA

El informe SOFIA dibuja un escenario de transformación para el conjunto del sector. La producción mundial continúa creciendo, el consumo alcanza máximos históricos y la acuicultura se consolida como el principal motor de ese desarrollo. Al mismo tiempo, la sostenibilidad de los recursos sigue planteando importantes desafíos y exige reforzar la gestión basada en el conocimiento científico.

Lejos de presentar estas tendencias como procesos independientes, la FAO propone entenderlas como parte de una misma estrategia. Pesca y acuicultura deben complementarse para responder a la demanda creciente de alimentos, preservar los recursos naturales y mantener la economía de millones de personas en el mundo.

Ese es el principal mensaje que ofrece el informe SOFIA. El futuro de la pesca y la acuicultura no dependerá solo de su capacidad para producir más, sino de hacerlo de forma más inteligente, sostenible e inclusiva. 

En esa transformación confluyen la ciencia, la innovación, la cooperación internacional y la gestión responsable de unos recursos que seguirán siendo esenciales para alimentar a una población mundial en constante crecimiento. 

➡️Ver más en el número 669 de la Revista MAR
 

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