“En el mar, cada detalle cuenta”
Campaña de Prevención de Riesgos en la pesca
26/08/2026

Pesca

Miguel Sánchez
prevención de riesgo en la pesca
El mar es un entorno cambiante donde la meteorología y las exigencias de la navegación generan múltiples e inesperados riesgos. Aunque estos no pueden eliminarse, sí pueden reducirse los relativos a la organización del trabajo, el estado de los equipos o la ejecución de las maniobras.

La prevención permite actuar sobre estos factores mediante una adecuada planificación, el mantenimiento de la embarcación, la formación de las tripulaciones y la aplicación de buenas prácticas. En un entorno tan exigente, una comprobación a tiempo, una maniobra bien coordinada o una cubierta despejada pueden evitar un desenlace fatal.

Además, los accidentes suelen obedecer a múltiples causas y ser el resultado de una sucesión de pequeños fallos. Una superficie mojada, por ejemplo, no siempre provoca por sí sola una caída. Sin embargo, si coincide con una zona de paso ocupada, una iluminación insuficiente, el movimiento del buque y una maniobra que obliga a desplazarse con rapidez, varios factores aparentemente menores, pueden terminar ocasionando una situación peligrosa.

La prevención consiste precisamente en detectar y corregir cada uno de esos elementos antes de que lleguen a coincidir. Por fortuna, permite romper esa cadena antes de que sea demasiado tarde.

Más de 40.000 personas trabajan en el sector pesquero español, una actividad estratégica para la economía y el abastecimiento alimentario, pero también una de las de mayor riesgo laboral.

Los datos del INSST muestran cómo la pesca registra el doble de accidentes que la media nacional. Además, sus accidentes mortales multiplican por ocho la media registrada en el conjunto de los sectores, más del doble que en la construcción.

El estudio técnico “Caracterización de la siniestralidad en la actividad pesquera”, elaborado por el INSST, señala que los accidentes más graves se concentran durante las labores de pesca, así como en las maniobras con maquinaria y equipos o elementos sometidos a tensión. Identificar estos riesgos es el primer paso para reducir la siniestralidad.

Con este objetivo nace la campaña «En el mar, cada detalle cuenta». Para recordar cómo la seguridad depende de integrar la prevención en cada tarea cotidiana. No se trata únicamente de reaccionar ante una emergencia, sino de evitar que llegue a producirse mediante revisiones, decisiones y hábitos incorporados al trabajo diario.

DESDE EL MINUTO CERO 

La prevención empieza antes de salir a la mar. Revisar el estado de la embarcación, comprobar los equipos, planificar la jornada y asegurar que cada miembro de la tripulación conoce su función reduce la exposición al riesgo desde el primer momento.

Una comprobación previa puede permitir detectar desde un cabo deteriorado hasta una escotilla que no cierra correctamente, un equipo de protección que no está disponible o una herramienta que ha quedado en una zona inadecuada. Corregir cualquiera de estas incidencias en puerto es mucho más sencillo que hacerlo navegando o en plena faena.

La planificación también ayuda a anticipar las operaciones de mayor riesgo. Antes de iniciar una maniobra conviene que cada persona sepa qué tarea debe realizar, dónde debe situarse y qué señales o indicaciones se utilizarán. En un entorno condicionado por el ruido de los motores, la maquinaria, el viento o el estado de la mar, una comunicación clara puede marcar la diferencia.

Una orden que no se escucha, una señal interpretada de forma distinta o una operación iniciada antes de que todos estén preparados pueden generar una situación peligrosa. Confirmar que las instrucciones han sido comprendidas evita improvisaciones y reduce la posibilidad de errores durante los momentos de mayor exigencia.

NAVEGACIÓN SEGURA

Mantener la estanqueidad del buque, comprobar puertas, portillos, escotillas y sistemas de achique, así como distribuir correctamente las cargas, es esencial para garantizar la estabilidad y facilitar una navegación segura.

Una puerta o una escotilla abierta puede parecer un detalle menor en una jornada tranquila, pero adquiere otro calibre cuando empeora el estado de la mar o se produce una entrada de agua. Igualmente, una vía de agua limitada puede convertirse en un problema grave si no se detecta a tiempo o si los sistemas de achique no responden adecuadamente.

Por ello, las comprobaciones periódicas no han de hacerse sin más, por pura y descuidada rutina. Revisar cierres, despejar desagües, verificar el funcionamiento de las bombas y comunicar cualquier anomalía permite actuar antes de que una incidencia comprometa la seguridad del buque y de la tripulación.

También se debe prestar atención a la distribución de las capturas, los aparejos, los equipos y otros pesos a bordo. Una colocación inadecuada puede alterar el comportamiento de la embarcación, dificultar los desplazamientos y complicar la respuesta ante un cambio repentino de las condiciones de navegación.

ATENCIÓN CONSTANTE

Las operaciones con artes de pesca concentran algunos de los principales riesgos del sector. Cabos sometidos a tensión, maquinaria en movimiento y espacios reducidos exigen identificar las zonas de peligro, respetar las distancias de seguridad, comprobar el estado de los equipos y mantener una comunicación fluida entre la tripulación.

Durante el largado o la virada, un cabo puede tensarse, desplazarse o cambiar de trayectoria de manera repentina. Si una persona se encuentra dentro de la zona que podría recorrer en caso de movimiento brusco o rotura, apenas tendrá tiempo para reaccionar.

Por eso no basta con conocer el funcionamiento general de la maniobra. Es necesario identificar previamente los espacios de riesgo, evitar situarse en ellos y mantener la atención hasta que la operación haya concluido. La familiaridad con una tarea no elimina el peligro que entraña.

La maquinaria requiere la misma cautela. Intentar retirar un enganche, recolocar un elemento o resolver una incidencia mientras un equipo continúa en funcionamiento puede convertir una intervención rutinaria en una situación de alto riesgo. Detener la máquina, impedir que pueda ponerse en marcha accidentalmente y comunicar la actuación al resto de la tripulación son pasos esenciales.

La presión por completar una maniobra o recuperar unos minutos nunca debería justificar que se omitan comprobaciones básicas. A bordo, una actuación apresurada puede tener consecuencias mucho más graves que la demora que se pretendía evitar.

CUBIERTA EN ORDEN

El orden y la limpieza no son meras cuestiones operativas. Cabos, cajas, herramientas, restos de capturas o mangueras depositados en zonas de paso pueden provocar tropiezos y caídas, especialmente cuando el buque se mueve y la tripulación necesita desplazarse con rapidez.

Una cubierta mojada o resbaladiza exige actuar cuanto antes. Limpiar derrames, retirar obstáculos y devolver cada elemento a su lugar reduce riesgos que, por formar parte del paisaje habitual de trabajo, pueden pasar inadvertidos.
También resulta importante mantener despejados los accesos a los equipos de emergencia y las vías de circulación. En una situación crítica, disponer de un recorrido libre puede facilitar una respuesta rápida y evitar que un incidente se agrave.

La prevención se construye a partir de acciones sencillas y repetidas. Hay que revisar periódicamente los procedimientos, comentar los incidentes y analizar las situaciones que estuvieron cerca de provocar un accidente grave.. Compartir experiencias y aprender antes de que las situaciones sean graves.

La seguridad es responsabilidad de todos. Armadores, patrones y tripulaciones deben integrar la prevención en la organización del trabajo con formación continua, revisión de procedimientos e intercambio de experiencias. 

➡️ Ver más en el número 669 de la Revista MAR
 

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