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El carajo y otras expresiones marineras

27/03/2025

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  Raúl Villa Caro (*). Foto: Santiago Díaz Portillo
Vista del buque Juan Sebastián Elcano  desde la cofa. Fuente: Santiago Díaz Portillo.
Siempre me ha resultado curioso observar la gran atracción que los temas de la mar suelen ejercer en gentes de tierra adentro. Debido a ello, con asiduidad nacen metáforas marineras referidas a episodios de la vida cotidiana. Como consecuencia de esto, muchas expresiones marineras, o relacionadas con la mar, se han trasladado al lenguaje coloquial, aunque a veces con un significado diferente al original marítimo.  

Algunas de estas expresiones están recogidas en el DLE (Diccionario de la Lengua Española) con esa segunda acepción, y otras no, como la de “carajo” con significado de “cofa”. E incluso a veces utilizamos expresiones cotidianas que desconocemos que tienen su origen en el ambiente marítimo.

ORIGEN DE “CARAJO”

Según gran parte de las definiciones que transitan por internet, aunque no están respaldadas por la Real Academia Española (RAE), se cuenta que en el pasado se denominaba “carajo” a una pequeña canastilla que se encontraba en lo alto del palo mayor de los buques antiguos. El “carajo”, dada su peligrosa ubicación en la zona alta del mástil, era un lugar muy poco seguro, ya que en él era donde más se notaban los grandes balanceos de los buques. Por ello, cuenta la leyenda, que cuando algún miembro de la dotación cometía alguna falta grave, era conducido al “carajo”, como muestra de castigo. Sería posible que de este hecho pudiera proceder la expresión, “vete al carajo”, cuando queremos dejar de ver a una persona. 

NO VALES UN CARAJO 

Una vez que el castigado marinero había dado cuenta del castigo en el “carajo”, descendía de la plataforma, y en esos momentos solía estar tan mareado que era incapaz de realizar trabajo alguno. Y quizá por eso se utilice o se diga, algunas veces, que “no vales un carajo”. La ubicación de la canastilla se encontraba en lo alto del palo mayor y bastante apartada del ángulo de visión de gran parte de la dotación. Y pudiera ser que este hecho tuviera relación con la razón por la cual cuando una persona se encuentra a una gran distancia de nuestra ubicación, usemos la expresión: “Se encuentra más lejos que el carajo”. Se debe indicar que en el buque escuela Juan Sebastián Elcano, el más longevo de la Armada, la tripulación denomina a las mesetas altas con el término “cofas”. Sin embargo, reserva la palabra “carajo” para referirse al punto más alto del buque, alojado en el palo trinquete, y situado a 51 metros de altura. Se trata de una ubicación importante porque representa el punto donde se hacen firmes los estayes (los cabos que sujetan la cabeza del mástil).

LO QUE DICE LA RAE

La RAE, a través de su departamento “Español al día”, ha indicado, tras una consulta, que en el diccionario académico esta voz nunca ha tenido el significado de puesto de vigía (cofa), desde que fue incluida en 1983. Aunque también reconoce, tal como se indica en el diccionario, que se trata de una palabra de origen dudoso, ya que por ejemplo en el “Diccionario Náutico Abreviado” de Rubén Poncio de 1991, creado por palabras náuticas corrientes de Argentina, aparece la palabra carajo como sinónimo de cofa. E incluso en el “Diccionario del Español Actual”, de 1999, de Manuel Seco Reymundo (fallecido en diciembre de 2021), lexicógrafo, filólogo, lingüista español y ex miembro de la RAE, aparece la palabra en cuestión con el significado de plataforma colocada en la parte alta de un palo.

OTRAS EXPRESIONES 

Entre las citas marineras más utilizadas en el día a día en tierra firme se podrían destacar las siguientes: “abordar”, “que cada palo aguante su vela”, “caer en las redes”, “como pez en el agua”, “contra viento y marea”, “cortar el bacalao”, “donde hay patrón no manda marinero”, “enrolarse”, “hacer agua”, “indicar el rumbo”, “irse a pique”, “irse al garete”, “mar de fondo”, “naufragar”, “navegar contra corriente”, “perder el norte”, “poner la proa (a una persona)”, “salir a flote”, “tener agallas”, “tirar por la borda”, “tocar fondo”, “viento en popa”, “echar un cable” o “zozobrar”. 

Asimismo, entre esas expresiones que a veces utilizamos sin conocer su origen náutico se podrían recalcar las tres siguientes: “tela marinera”, “salvarse por los pelos”, y “a palo seco”. En referencia a la primera, la RAE la define como “gran dificultad”, y es que resulta que, en los ambientes marineros y portuarios de la época de los barcos de vela, el tejido necesario para su confección era “tela marinera”: mucho, costoso de elaborar, y de alto precio. Respecto a la segunda, en la antigüedad era muy común que los marineros se dejasen crecer la melena ya que muchos embarcaban sin saber nadar, por lo que en caso de caer al agua podían ser “salvados por los pelos” al ser agarrados por la melena flotando. En cuanto a la expresión “a palo seco” (la que usamos cuando tomamos una bebida sin su tapa, o viceversa), ya era utilizada en los tiempos de la colonización para referirse al modo de navegar con las velas recogidas.

REFRANES Y DICHOS

Cómo no, los dichos marineros están muy presentes en el refranero. Son claros ejemplos de esta presencia: “Penas y olas, nunca vienen solas”, “El que ha naufragado, teme al mar aún calmado”, o “No existe gente de mar, que no se pueda ahogar”. Los refranes meteorológicos constituyen el catecismo de la gente trabajadora del campo y del mar. Apoyándose en el refranero se reparten las faenas del campo y del mar en las tareas del día a día. En Galicia se verifica el refrán “En abril, aguas mil”, que certifica la abundancia de lluvias en este mes. Como curiosidad, a pesar de la pluviosidad existente, el refranero gallego se centra más en las temperaturas (frío, calor, etcétera), que en las lluvias. 

PADECER "MAMPARITIS"

De acuerdo con la RAE un “mamparo” es un término marítimo utilizado para denominar a las planchas de hierro con las que se divide en compartimentos el interior de un buque. Es decir, de manera coloquial podríamos considerar que los mamparos son las paredes de un barco. Curiosamente muchos marinos han adoptado una variante de este término, que no existe en ningún diccionario, y que representa un mal a bordo que todo navegante ha padecido en alguna ocasión: la “mamparitis”. Este fenómeno, más cercano a un estado de ánimo que a una enfermedad, se produce como resultado de tener que convivir en un espacio reducido y dividido por mamparos, durante un intervalo de tiempo muy prolongado. El periodo de embarque de los marinos se ha reducido respecto a lo que era hace no tantos años, pero todavía supone un intervalo de tiempo que generalmente suele superar los tres meses. Ante estos periodos tan largos, una vez superado el ecuador del embarque, puede aparecer el temido mal que nos vuelve seres irascibles ante situaciones en las cuales, en otro momento de la vida, o con anterioridad a ese mismo embarque, no hubiéramos actuado de esa manera. 

Entre los síntomas que delatan la aparición de la “mamparitis” y que obviamente dependerán de cada persona, se podrían destacar los siguientes: susceptibilidad, negatividad, ansiedad, actuaciones depresivas, agresividad o incluso estados de ira. En general, aparecerán una serie de factores conflictivos, que, en otros momentos no se hubieran manifestado de una manera tan virulenta. Evidentemente la vida a bordo será muy diferente dependiendo del tipo de barco, y de las condiciones en que se navegue. Además, hoy en día, se dispone de una gran ayuda: la telemedicina. 

Leer más en el número 654 de la revista Mar

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