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La Tribuna
El acuerdo UE-Mercosur y el sector pesquero europeo
21/04/2026
Más Mar
Opinión
Daniel Voces, director de Europêche

La firma del acuerdo comercial entre la Unión Europea y Mercosur constituye uno de los hitos más relevantes de la política comercial europea de las últimas décadas. En un contexto de creciente competencia geopolítica y reconfiguración de las cadenas de suministro, reforzar alianzas estratégicas con socios democráticos es un paso lógico. No obstante, desde la perspectiva del sector pesquero europeo, este acuerdo debe analizarse con equilibrio, considerando tanto las oportunidades que puede generar como los desafíos.
El debate político en la Unión Europea —especialmente en el Parlamento Europeo— refleja esa dualidad. Mientras algunos grupos destacan la dimensión estratégica y económica del acuerdo, otros insisten en la necesidad de defender la producción primaria europea, incorporando instrumentos que permitan reaccionar ante posibles perturbaciones del mercado.
Aunque el núcleo del acuerdo se centra en sectores industriales y agroalimentarios como la carne de vacuno, el vino o el azúcar, también contempla concesiones arancelarias para determinados productos de la pesca y la acuicultura. Países como Argentina, Brasil y Uruguay son exportadores de productos pesqueros, en particular gambón argentino, merluza, pota y otras especies demersales y cefalópodos. La eventual reducción o eliminación de aranceles para algunas de estas especies podría aumentar la competitividad de sus exportaciones hacia el mercado comunitario e influir en la competitividad de nuestras empresas. Por otro lado, el acuerdo podría abrir nuevas oportunidades comerciales para nuestras empresas pesqueras, especialmente en un contexto en el que la imposición de aranceles en mercados como el norteamericano ha limitado el acceso y reducido la competitividad de nuestras exportaciones.
La Unión Europea es el mayor mercado mundial de productos del mar en términos de valor y su balanza comercial en este ámbito es tradicionalmente deficitaria, dada su elevada dependencia de las importaciones. Según datos del MAPA, el comercio exterior agroalimentario y pesquero de la UE-27 con Mercosur representó en 2022 el 0,4 % del total de las exportaciones europeas al mundo y el 4,3 % del total de las importaciones en estos sectores.
En este contexto, el acuerdo puede generar oportunidades. La industria transformadora europea
-y, particularmente, la española- depende en gran medida del suministro exterior de materia prima. Un marco comercial más estable y previsible puede facilitar la planificación empresarial y reforzar su posición en los mercados internacionales, reduciendo la incertidumbre asociada a la revisión periódica de contingentes arancelarios.
No obstante, esta mayor apertura debe realizarse considerando la competitividad de la producción europea. La experiencia demuestra que los instrumentos de seguimiento, control y cooperación administrativa son esenciales para garantizar un funcionamiento equilibrado del comercio. En este sentido, el Parlamento ha impulsado mecanismos de salvaguardia reforzados en el ámbito agroalimentario, que permitirían actuar si determinadas importaciones generasen desequilibrios significativos. Asimismo, la reciente comunicación de la Comisión Europea proponiendo reforzar los mecanismos de supervisión y aplicación de las importaciones, constituye un paso en la buena dirección. Una implementación eficaz contribuirá a generar confianza tanto en los operadores económicos como en las comunidades costeras.
Desde Europêche valoramos positivamente este enfoque constructivo. No se trata de limitar el comercio, sino de asegurar transparencia, trazabilidad y cumplimiento normativo. Desde luego, el equilibrio entre apertura comercial y estabilidad sectorial no va a ser sencillo. La clave estará en la vigilancia continua de los efectos del acuerdo, en la capacidad de reacción ante posibles distorsiones y en el mantenimiento de un diálogo fluido entre instituciones y sector.
Más allá del debate técnico, el acuerdo UE–Mercosur debe enmarcarse en una reflexión estratégica más amplia. La política comercial europea no puede desvincularse de los objetivos de sostenibilidad, resiliencia económica y cohesión territorial. En este contexto, el sector observa con mayor preocupación otras negociaciones comerciales en curso, como las que afectan a países como Tailandia, India o Vietnam. Estos acuerdos incluyen productos sensibles como el atún, en mercados donde persisten importantes deficiencias en materia de gestión pesquera y estándares laborales. Garantizar que la apertura comercial vaya acompañada de exigencias equivalentes en sostenibilidad y condiciones sociales son clave para preservar un entorno competitivo equilibrado.
El futuro del sector pesquero europeo pasa por combinar competitividad, sostenibilidad y cooperación internacional. Si se aplican adecuadamente los instrumentos previstos y se mantiene una supervisión rigurosa, el acuerdo UE–Mercosur puede integrarse de manera constructiva en la política pesquera y comercial de la Unión.
➡️ Ver más en el número 666 de la Revista Mar
El debate político en la Unión Europea —especialmente en el Parlamento Europeo— refleja esa dualidad. Mientras algunos grupos destacan la dimensión estratégica y económica del acuerdo, otros insisten en la necesidad de defender la producción primaria europea, incorporando instrumentos que permitan reaccionar ante posibles perturbaciones del mercado.
Aunque el núcleo del acuerdo se centra en sectores industriales y agroalimentarios como la carne de vacuno, el vino o el azúcar, también contempla concesiones arancelarias para determinados productos de la pesca y la acuicultura. Países como Argentina, Brasil y Uruguay son exportadores de productos pesqueros, en particular gambón argentino, merluza, pota y otras especies demersales y cefalópodos. La eventual reducción o eliminación de aranceles para algunas de estas especies podría aumentar la competitividad de sus exportaciones hacia el mercado comunitario e influir en la competitividad de nuestras empresas. Por otro lado, el acuerdo podría abrir nuevas oportunidades comerciales para nuestras empresas pesqueras, especialmente en un contexto en el que la imposición de aranceles en mercados como el norteamericano ha limitado el acceso y reducido la competitividad de nuestras exportaciones.
DÉFICIT COMERCIAL
La Unión Europea es el mayor mercado mundial de productos del mar en términos de valor y su balanza comercial en este ámbito es tradicionalmente deficitaria, dada su elevada dependencia de las importaciones. Según datos del MAPA, el comercio exterior agroalimentario y pesquero de la UE-27 con Mercosur representó en 2022 el 0,4 % del total de las exportaciones europeas al mundo y el 4,3 % del total de las importaciones en estos sectores. En este contexto, el acuerdo puede generar oportunidades. La industria transformadora europea
-y, particularmente, la española- depende en gran medida del suministro exterior de materia prima. Un marco comercial más estable y previsible puede facilitar la planificación empresarial y reforzar su posición en los mercados internacionales, reduciendo la incertidumbre asociada a la revisión periódica de contingentes arancelarios.
No obstante, esta mayor apertura debe realizarse considerando la competitividad de la producción europea. La experiencia demuestra que los instrumentos de seguimiento, control y cooperación administrativa son esenciales para garantizar un funcionamiento equilibrado del comercio. En este sentido, el Parlamento ha impulsado mecanismos de salvaguardia reforzados en el ámbito agroalimentario, que permitirían actuar si determinadas importaciones generasen desequilibrios significativos. Asimismo, la reciente comunicación de la Comisión Europea proponiendo reforzar los mecanismos de supervisión y aplicación de las importaciones, constituye un paso en la buena dirección. Una implementación eficaz contribuirá a generar confianza tanto en los operadores económicos como en las comunidades costeras.
Desde Europêche valoramos positivamente este enfoque constructivo. No se trata de limitar el comercio, sino de asegurar transparencia, trazabilidad y cumplimiento normativo. Desde luego, el equilibrio entre apertura comercial y estabilidad sectorial no va a ser sencillo. La clave estará en la vigilancia continua de los efectos del acuerdo, en la capacidad de reacción ante posibles distorsiones y en el mantenimiento de un diálogo fluido entre instituciones y sector.
Más allá del debate técnico, el acuerdo UE–Mercosur debe enmarcarse en una reflexión estratégica más amplia. La política comercial europea no puede desvincularse de los objetivos de sostenibilidad, resiliencia económica y cohesión territorial. En este contexto, el sector observa con mayor preocupación otras negociaciones comerciales en curso, como las que afectan a países como Tailandia, India o Vietnam. Estos acuerdos incluyen productos sensibles como el atún, en mercados donde persisten importantes deficiencias en materia de gestión pesquera y estándares laborales. Garantizar que la apertura comercial vaya acompañada de exigencias equivalentes en sostenibilidad y condiciones sociales son clave para preservar un entorno competitivo equilibrado.
El futuro del sector pesquero europeo pasa por combinar competitividad, sostenibilidad y cooperación internacional. Si se aplican adecuadamente los instrumentos previstos y se mantiene una supervisión rigurosa, el acuerdo UE–Mercosur puede integrarse de manera constructiva en la política pesquera y comercial de la Unión.
➡️ Ver más en el número 666 de la Revista Mar
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