Retos de la descarbonización en la flota pesquera

27/03/2025

Pesca

Miguel Núñez Sánchez (*)
pesqueros
A pesar de los avances en la reducción de gases de efecto invernadero (GEI) en el transporte marítimo mercante, el sector pesquero se encuentra rezagado en esta lucha por la sostenibilidad. La Organización Marítima Internacional (OMI) ha implementado regulaciones para los buques mercantes, pero los barcos pesqueros aún no han sido considerados en estas iniciativas. Además, la introducción de combustibles alternativos, como el amoníaco, el hidrógeno y el metanol, genera preocupaciones sobre la seguridad, debido a los riesgos de incendios, explosiones y emisiones tóxicas.

La pesca es reconocida como una de las profesiones más peligrosas. Los buques y embarcaciones de pesca suponen diseños y operaciones diferentes a los de los barcos convencionales, lo que incrementa los riesgos asociados. A diferencia de los mercantes, gran parte del trabajo en los buques pesqueros ocurre en alta mar, donde las condiciones climáticas adversas, las operaciones en cubierta y el manejo de equipos aumentan la probabilidad de accidentes. Además, la seguridad de los pesqueros no solo depende del diseño y la capacitación de la tripulación, sino también de factores socioeconómicos, lo que complica su gestión. Con la transición hacia la descarbonización para cumplir con objetivos climáticos como el Acuerdo de París, el desafío consiste en reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) sin comprometer la seguridad además de los costes económicos asociados. Este artículo examina las emisiones de los buques pesqueros, el marco regulatorio, los retos y preocupaciones de seguridad relacionados con la descarbonización, así como posibles soluciones.

EMISIONES GEI

Los pesqueros contribuyen de manera significativa a las emisiones de GEI. En 2020, un buque de pesca promedio emitió alrededor de 473,2 toneladas de CO₂ al año, aunque estas cifras varían según el tipo de pesca y la región. Si bien las emisiones absolutas de CO₂ en el sector han disminuido un 8% en la última década, debido principalmente a la reducción en el tamaño de la flota, algunas regiones, como la UE, han mostrado solo reducciones marginales.

En 2022, la flota pesquera de la UE emitió 4,1 millones de toneladas de CO₂, representando el 31,5% de las emisiones del sector. Globalmente, los buques pesqueros contribuyen al 1,4% de todas las emisiones del transporte, aunque las cifras pueden estar subestimadas por la falta de datos de los barcos artesanales. 

La transición energética en la pesca, destacada por la Comunicación del Parlamento Europeo, subraya la necesidad de reducir la dependencia de combustibles fósiles adoptando fuentes de energía de bajo carbono. Además, el Observatorio de la Economía Azul de la UE evaluó la eficiencia energética de los buques mediante emisiones de CO₂ por kilogramo de pescado capturado con profusión de datos.

REGLAS EXISTENTES

La OMI ha desarrollado índices de eficiencia energética, principalmente para barcos grandes de más de 5.000 toneladas de peso muerto o arqueo bruto.
Sin embargo, estos índices no se ajustan a las operaciones particulares de los pesqueros, que utilizan energía no sólo para transporte, sino también para capturar y procesar pescado. Además, la mayoría de los barcos de pesca son mucho más pequeños que el umbral establecido arriba, lo que complica su inclusión en métricas tradicionales.

En la UE, el 86% de los pesqueros tiene menos de 12 metros de longitud. La regulación de embarcaciones más pequeñas resulta compleja, y las soluciones diseñadas para barcos grandes no son aplicables a la mayoría de la flota pesquera. Una opción podría ser medir las emisiones por unidad de energía consumida, por ejemplo, CO₂ emitido por megajulio generado, aunque establecer una línea base para esto sigue siendo un desafío debido a la diversidad de buques y técnicas de pesca. El paquete “Fit for 55” de la UE ha incorporado al transporte marítimo en su Sistema de Comercio de Emisiones (ETS). Sin embargo, esta regulación no relaciona directamente las emisiones con la cantidad de pescado capturado, que sería un enfoque más relevante para el sector pesquero. Una alternativa podría ser un impuesto al carbono basado en las emisiones por kg de pescado capturado, incentivando así mejoras en eficiencia, aunque su implementación enfrenta desafíos por la heterogeneidad de la flota.

RETOS REGULATORIOS

Mientras que las regulaciones internacionales han avanzado en la reducción de GEI en el transporte marítimo mercante, el sector pesquero sigue rezagado. La Organización Marítima Internacional (OMI) ha desarrollado medidas para los buques mercantes, pero los buques pesqueros no han sido integrados en estos esfuerzos. Además, existe un debate sobre si las emisiones de los buques pesqueros deberían formar parte de las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC) o si necesitan regulación independiente. El problema se complica aún más debido a que muchos pesqueros operan en zonas económicas exclusivas (ZEE) de otros países, lo que dificulta establecer una regulación internacional unificada. Actualmente, las soluciones tradicionales como diseños de casco y sistemas de propulsión más eficientes han permitido reducir el consumo de combustible hasta un 35%, pero no son suficientes para una descarbonización completa.


COMBUSTIBLES CANDIDATOS

La descarbonización en los pesqueros enfrenta desafíos debido a la disponibilidad y viabilidad de combustibles alternativos. La mayoría utiliza diésel, mientras que el fuelóleo es menos común. Sin embargo, la transición hacia combustibles más limpios como gas natural licuado (LNG), amoníaco o metanol se encuentra con obstáculos como su baja densidad energética y los espacios de almacenamiento y manejo limitados.

Los biocombustibles de segunda generación representan una opción más viable, aunque su escalabilidad y disponibilidad son problemas pendientes. El e-diesel, compatible con los motores actuales, también es prometedor, pero requiere infraestructura significativa para su implementación.
En embarcaciones pequeñas, con menores demandas energéticas, los sistemas eléctricos y de baterías podrían funcionar. Sin embargo, las operaciones de pesca de largo alcance, como las realizadas por arrastreros, exigen mayores reservas de energía, que las baterías actuales no pueden proporcionar. Las fuentes complementarias como la energía solar y eólica tienen un potencial limitado debido al espacio reducido de los buques.

La introducción de combustibles alternativos plantea preocupaciones de seguridad, especialmente con sustancias como el amoníaco, el hidrógeno y el metanol, que presentan riesgos de incendios, explosiones y emisiones tóxicas. Garantizar la seguridad durante la transición energética requiere abordar estos riesgos mediante la evaluación cuidadosa de la compatibilidad de los nuevos combustibles con los sistemas existentes y la capacitación de la tripulación para manejarlos de manera segura, en un sector en el que los accidentes con resultado de muerte son superiores al de los buques mercantes.

La descarbonización de los buques y embarcaciones de pesca es un desafío complejo, pero alcanzable con regulaciones adecuadas e innovaciones tecnológicas, siendo el principal problema la heterogeneidad de flota y de operación. La industria pesquera enfrenta retos únicos en comparación con el transporte marítimo mercante.

Combustibles como el e-diesel y las soluciones innovadoras para embarcaciones más pequeñas podrían facilitar la transición. Sin embargo, priorizar la seguridad será crucial para prevenir riesgos asociados con el manejo de nuevos combustibles en un sector con muchos accidentes. La combinación de soluciones técnicas, regulaciones específicas y capacitación de la tripulación garantizará una transición energética efectiva y segura en el sector. 


Miguel Núñez Sánchez (*)
Consejero de Transportes de España ante la ue (MITMA)


Leer más en el número 654 de la revista Mar 

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