Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga una mejor experiencia de usuario. Las cookies no se utilizan para recoger información de caracter personal.
Si continúa navegando se considera que acepta su uso. Para más información consulte nuestra política de cookies.
¿Alienígenas? ¿Visitantes de otro mundo? Las especies raras o inusuales emergen de zonas marinas que superan los 400, 600 o incluso 3.000 metros de profundidad y se dejan ver cerca de la superficie o de nuestras costas. En los últimos años se suceden los avistamientos de algunos animales como zifios, peces abisales, corales negros o esponjas de cristal. A qué se debe la aparición de estos desconocidos y cómo les afecta la actividad humana son preguntas a las que respoden biólogos y científicos en el siguiente artículo.
En el mar de Alborán, cerca del Seco de los Olivos también conocido como banco de Chella, un grupo de investigadores de Oceana estudia, binoculares en mano, a las diferentes especies marinas que aparecen en el horizonte, cuando, de repente, divisan la aleta dorsal de lo que parece ser un delfín común o un tiburón. No es ninguna de estas especies, sino un zifio o ballenato de Cuvier (Ziphius cavirostris), más tarde avistarían también dos ejemplares de rorcuales aliblancos (Balaenoptera acutorostrata).
“Esquivos y tímidos”, así define a los zifios Ricardo Aguilar, director de expediciones de Oceana que ha seguido muy de cerca la evolución de estos cetáceos tan complicados de observar. La escasa información disponible que existe sobre ellos la proporcionan los datos obtenidos tras varamientos o los trabajos de investigación realizados en estos últimos años. Aguilar explica que el desconocimiento sobre este curioso animal que caza a sus presas por ecolocalización se debe a que pasan la mayor parte del tiempo haciendo inmersiones muy profundas para alimentarse. “No se acercan a los barcos, normalmente los rehúyen y tampoco saltan, con lo cual no se les ve tan bien como a un delfín”.
AMENAZAS PRINCIPALES
Las poblaciones son habituales, pero no numerosas, señala el investigador. Bajar la guardia en su protección y conservación sería un grave error porque se están incrementando los varamientos y la presencia cerca de las costas. Tanto la alta tasa de mortalidad, como las apariciones fuera de su hábitat natural, son consecuencias de la contaminación marina, del cambio climático y de otras amenazas como los niveles elevados de contaminación acústica producidos por los sonares de alta frecuencia durante la realización de maniobras militares, así como a las explosiones que causan estas actividades, las capturas accidentales o a la falta de alimento por la competencia con las pesquerías.
Al ruido marítimo son especialmente vulnerables porque altera su medio principal de comunicación provocando que se asusten, desorienten y acaben en la superficie.
Biólogos y científicos aseguran que lo “raro” se está volviendo parte de la normalidad. José Templado, investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN), asegura que en los últimos años se están “observando cambios en la dinámica general de mares y océanos con proliferaciones anómalas de plancton gelatinoso, medusas y alteraciones en las cadenas tróficas”.
El investigador de Oceana también comparte esta idea y revela lo que están descubriendo en gran parte de las expediciones que realizan: “Encontramos especies que no sabíamos que existían en nuestras aguas, por ejemplo, el caso de varias estrellas de mar, corales negros y esponjas de cristal nuevas para la ciencia. También corales que eran típicos del Golfo de Guinea ahora ya se encuentran en Portugal y en España”.
BALLENAS EN LAS CÍES
De avistamientos insólitos también pueden dar cuenta en las islas Cíes, donde recientemente ha sido posible observar, a vista de dron, varios ejemplares de ballenas azules paseándose por los alrededores del Parque Nacional de las Islas Atlánticas.
un diablo del abismo
Más misterioso fue el hallazgo, a finales de enero, del pez diablo negro (Melanocetus johnsonii) encontrado a dos kilómetros de la costa tinerfeña y a dos palmos de profundidad cuando en condiciones normales habita en profundidades que oscilan los 4.000 metros, a nivel del lecho oceánico. Este rape abisal, del tamaño de una pelota de ping-pong, estuvo bajo la lupa de muchos expertos que trataron de aportar una hipótesis sólida que explicara su aparición en la superficie y esclareciera por qué pudo fallecer a las pocas horas de su rescate.
Algunos investigadores sostienen que el comportamiento errático del pequeño y frágil animal podría deberse a que padecía alguna enfermedad interna o a una alteración sensorial, así como al hecho de que cualquier variación en las condiciones del entorno pueden provocar su muerte. Quizás huía de un gran depredador o simplemente fue arrastrado por aparejos de pesca durante las maniobras de subida de las redes o de las nasas, ya que en la zona se practica la pesca deportiva de profundidad.
También se ha especulado con la posibilidad de que su aparición se debiera a que fue transportado en las entrañas de un depredador que más tarde acabo escupiéndolo, algo que se descarta ya que el pez no presentaba ninguna marca ni daños aparentes.
Josep Maria Gili, profesor de investigación del Instituto de Ciencias del Mar de Barcelona (CSIC), cree que un fenómeno llamado beaching explica lo que le ocurrió a esta criatura venida de otro mundo.
Alienígena o no, la realidad es que nunca se conocerá qué le pudo pasar a este animal que ha sido trasladado para su conservación al Museo de Naturaleza y Arqueología (MUNA), que no ha realizado ningún examen para determinar las causas de la muerte, solo se ha limitado a identificar la especie y a conservarla en alcohol etílico.
EXÓTICOS PASAJEROS
Otra de las razones por las que aparecen especies anómalas se debe al incremento del comercio por transporte marítimo que facilita que muchas especies viajen de un lugar a otro pegadas en los cascos de las embarcaciones o en las aguas de lastre de los buques. Sobre este hecho, el investigador de Oceana opina en base a su experiencia: “Hay una mayor interconexión entre los océanos. Muchas especies entran a España a través del Canal de Suez. Nosotros tenemos mucho trabajo con el Líbano y con países cercanos al Mediterráneo oriental controlando las especies que pasan a través del estrecho de Gibraltar, nuevos peces, gambas, cangrejos y tiburones”.
El deterioro de los ecositemas también fomenta que especies invasoras ocupen los nichos que dejan las que han ido desapareciendo y que aquellas que considerábamos comúnes se encuentren al borde de la extinción.
ESTUDIO DEL IEO
Con el fin de evaluar el estado real de vulnerabilidad de las especies y de definir estrategias que minimicen el impacto ambiental y la sobreexplotación de los recursos, un equipo del Instituto Español de Oceanografía (IEO) y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha diseñado dos indicadores para monitorear la sensibilidad de las comunidades marinas ante determinados factores de presión.
La aplicación de estos indicadores ha revelado resultados diferentes en la respuesta al calentamiento global. En el Mediterráneo ha disminuido la presencia de especies sensibles al cambio climático, lo que indica una adaptación a las temperaturas. En el Cantábrico se aprecia un desplazamiento de las especies de afinidad fría hacia aguas más profundas. En la zona más expuesta al calentamiento, el Golfo de Vizcaya, han disminuido en abundancia.
Este fenómeno se denomina “tropicalización” y se traduce en un aumento de la presencia de especies tropicales o cálidas sobre las de aguas frías. Una realidad que, en pocos años, podría alterar la estructura y equilibrio de nuestros ecosistemas marinos.
Josep María Gili, profesor de Investigación en el Instituto de Ciencias del Mar (CSIC)
“El beaching es un fenómeno más frecuente de lo que creemos”
La arribada a las costas de organismos que encontramos habitualmente en el mar profundo es un fenómeno más frecuente de lo que creemos. Se conoce con la palabra en inglés: “beaching”, que significa varamiento o embarrancamiento en el litoral. Este hecho sucede cuando las masas de agua de las profundidades son arrastradas por las corrientes hacia la costa y al chocar con la zona costera se produce una ascensión hacia la superficie. Muchos organismos se ven arrastrados y desplazados de su hábitat natural quedando depositados, por ejemplo, en las playas. Este fenómeno sucede por los regímenes de vientos de costa a mar abierto o paralelos a la costa que desplazan las aguas superficiales hacia el mar abierto por lo que la zona costera se “rellena” con las aguas profundas. Hay que recordar que el océano es un conjunto de capas de agua de distintas características, más cálidas en la superficie, más frías por debajo, y que se desplazan gracias a las corrientes y especialmente con el viento de la superficie. Cuando la zona costera es de islas en medio del océano, como es el caso de las islas Canarias, es más fácil que las aguas profundas surjan cerca de la costa en condiciones de viento como el mencionado. Es un fenómeno habitual, pero para poderlo detectar hay que estar en el lugar y momento adecuados para documentarlo como ha ocurrido con el pez linterna. En este caso no llegó hasta la costa, pero se ha podido avistar muy cerca por biólogos y buceadores. Tan solo quiero recordar que muchas especies de peces o crustáceos de profundidad han podido descubrirse y estudiarse por primera vez gracias a este fenómeno de “beaching”, como fue el caso de los peces mictófidos.