La base para afrontar retos con autoestima
20/05/2026

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María Poveda Fernández Martín
chico con corona
La autoestima es fundamental para el bienestar personal, influye en las relaciones y el desempeño, especialmente en contextos laborales como el marítimo. Representa el autovalor basado en aspectos como habilidades, relaciones y logros, independiente de opiniones externas.

Tiene dos componentes clave: capacidad (habilidades, autocrítica, responsabilidad) y valía personal (respeto propio, autonomía). Una autoestima saludable protege la salud mental, fomenta compromiso y desempeño positivo, y contribuye al equilibrio y éxito personal.

Mejorar la autoestima implica aceptar nuestras características, asumir responsabilidades, actuar con integridad y fijar metas realistas. Esto ayuda a enfrentar adversidades, establecer relaciones sanas y alcanzar logros significativos.

La autoestima es el sentimiento de aprecio o de rechazo que acompaña a la valoración global que hacemos de nosotros mismos. Esta autovaloración se basa en nuestra percepción de cualidades concretas, como la habilidad para relacionarnos con los demás, la apariencia física, los rasgos de nuestro carácter, los logros que alcanzamos o las cosas materiales que poseemos. La autoestima es una experiencia íntima, es lo que yo pienso y siento sobre mí, no sobre lo que piensan y sientan los demás sobre mí. La OIT señala a la autoestima positiva como un factor protector de la salud mental en ambientes laborales.

Existen múltiples definiciones acerca de la autoestima. Para unos se trata de un conjunto organizado y cambiante de percepciones que la persona tiene de sí misma.  Para otros, el componente evaluativo del concepto de sí mismo, o la apreciación de la propia valía personal, de su responsabilidad hacia sí mismo y hacia sus relaciones intra e interpersonales.

Es el sentimiento, de afecto o de rechazo, que acompaña a la valoración global que hacemos de nosotros mismos; de las partes de nuestra persona y de nuestra vida que seleccionamos porque las consideramos relevantes.

AUTOESTIMA POSITIVA

La autoestima positiva, adecuada o saludable consiste en la valoración global positiva, razonable y optimista que realiza la persona de sí misma. En esta valoración entran en juego las fortalezas, capacidades y limitaciones, así como las consecuencias gratificantes de sus comportamientos para su bienestar y el de los demás. 

La autoestima destructiva o no saludable se basa sólo en las fortalezas de la persona, en la superioridad y el poder en el otro, y en las consecuencias de ejercer ese poder o dominio o superioridad. 

La investigación nos indica que una autoestima saludable se relaciona con la racionalidad, el realismo, la creatividad, la independencia, la flexibilidad y la capacidad de aceptar cambios; mientras una autoestima baja se relaciona, entre otras cosas, con el miedo a lo nuevo, la conformidad, la sumisión o el comportamiento reprimido. Una autoestima saludable reduce el impacto psicológico de eventos estresantes, como los que pueden sufrir los trabajadores del mar en ciertos momentos, a los que la persona se enfrenta en su día a día, siendo un indicador de ajuste psicológico y adaptación social. En definitiva, de salud mental.

Si lo trasladamos al ámbito laboral, una autoestima alta estaría relacionada con optimismo y altos niveles de compromiso y comportamiento positivo, ejecución competente de las tareas, autonomía y efectividad en las mismas. Una ejecución deficiente de las tareas puede llevar a la desvalorización del trabajador y a la pérdida del sentido de pertenencia a la organización. La baja autoestima en este sentido implicaría que el trabajador realiza su trabajo sin unos objetivos ni metas claros, tiene una actitud de apatía, no explora sus capacidades, no asume responsabilidades y tiene una mala relación consigo mismo y con los compañeros de trabajo.

INTERNA Y EXTERNA

Existen pues dos fuentes relacionadas con la autoestima en este contexto: una interna, referida al sentido que cada trabajador le da a la calidad de vida en el trabajo a la hora de enfrentarse a las tareas; y una externa, referida a la estima que otras personas tienen de un individuo a partir del conocimiento que logran de las interacciones de este en el trabajo.

La autoestima es un constructo que se va formando a lo largo de la vida en la medida en que interaccionamos con los demás y que son importantes para nosotros, la familia, los amigos, y en las diferentes esferas, social, personal, académica y laboral. No se trata de un constructo estable, sino que va fluctuando a lo largo de la vida en función de los retos a los que la persona se enfrenta y la manera que tiene de afrontarlos.

COMPONENTES

La autoestima tiene dos componentes: un sentimiento de capacidad personal y un sentimiento de valía personal. La autoestima, por tanto, es la suma de la confianza y el respeto hacia sí mismo. Refleja el juicio que cada uno hace de su habilidad para enfrentar los desafíos de la vida, esto es, comprender y superar los problemas; y respetar y defender sus intereses y necesidades. Este proceso implica:

1.- Capacidad autocrítica: entendida como un reconocimiento de los propios errores, aceptarlos y superarlos; así como el reconocimiento de nuestras fortalezas.

2.- Sentido de la responsabilidad: en términos de aceptar las consecuencias, positivas y negativas, de nuestras acciones en todas las esferas de nuestra vida. Sólo así es posible el cambio.

3.- El respeto hacia uno mismo y hacia los demás: en términos de identificación y satisfacción de necesidades e intereses, y bajo el prisma de no dañar al otro y de evitar que otros nos dañen.

4.- La autonomía: como la búsqueda de espacios para la autorrealización y la independencia.

DIMENSIONES

La autoestima está formada por dos dimensiones complementarias, una actitudinal y una conductual. La dimensión actitudinal está formada por la autoimagen, la autovaloración y la autoconfianza. La dimensión conductual está formada por el autocontrol, la autoafirmación y la autorrealización. A continuación, vamos a describir brevemente cada una de ellas:
 
  • Autoimagen: Entendida como la capacidad de verse a sí mismo, tal y como uno es, con sus fortalezas, debilidades, deseos, sentimientos, etc. No es un conocimiento estático, sino que está formado por las experiencias pasadas y lo que la persona puede evolucionar en un futuro.
  • Autovaloración: Habilidad para apreciarse como una persona importante para sí misma y para los demás.
  • Autoconfianza: creencia que tiene la persona que puede hacer bien las distintas tareas que se proponga y se encuentre seguro de realizarlas. El sentimiento de autoeficacia y de competencia se relaciona con este componente.
  • Autocontrol: En términos de regulación emocional, esto es, habilidad que tiene la persona de regularse, dominarse emocionalmente fomentando tanto el bienestar personal como el del grupo. Autodisciplina o autocuidado son conceptos relacionados con el autocontrol.
  • Autoafirmación: Libertad de ser uno mismo y de adoptar decisiones con autonomía y madurez. 
  • Autorrealización: Consiste en el desarrollo y expresión de las capacidades propias con el fin de vivir una vida satisfactoria y productiva para sí mismo y para los demás.

Según Branden “de todos los juicios que hacemos a lo largo de la vida, ninguno es tan relevante como el que hacemos sobre nosotros mismos, porque ese juicio es el motor de nuestra existencia”. El modo en el que nos sentimos con respecto a nosotros mismos afecta a todos los aspectos de nuestra experiencia personal, social, familiar, laboral. Nuestras respuestas ante los acontecimientos dependen de quién y qué pensamos que somos. La autoestima es la clave del éxito y del fracaso; la clave para comprendernos y comprender a los demás.

Cuanto más alta sea nuestra autoestima más posibilidades tendremos de afrontar mejor las adversidades, más posibilidades de establecer relaciones enriquecedoras, de tratar a los demás con respeto, de ser más creativos y flexibles, más competitivos, de estar abiertos al cambio, de alcanzar nuestras metas. El aprendizaje en el desarrollo de una autoestima positiva o saludable es posible. 


PAUTAS PARA FORTALECERLA

Vivir conscientemente significa conocer todo lo que afecta a nuestras acciones, objetivos, valores y metas, y comportarnos de acuerdo con aquello que vemos y sabemos. Implica identificar y corregir nuestros errores, ser receptivo a los conocimientos nuevos y estar dispuesto a reexaminar nuestras creencias. Perseverar en el intento de comprender pese a las dificultades.

Aprender a aceptarse en su totalidad, lo que sentimos, lo que somos, en cualquier momento de nuestra existencia. La aceptación nos libera y nos introduce en la realidad, en el análisis del por qué realizamos una acción y nos ayuda al cambio, a conseguir nuestras metas.

Ser responsable de nuestras elecciones y acciones, del modo en que la persona utiliza su tiempo, se relaciona con los demás, del significado que le concede a su existencia, etc.

Vivir con integridad, en términos de coherencia entre nuestros valores, nuestros ideales y la práctica de nuestro comportamiento. Cumplir con los compromisos adquiridos, con la palabra dada. Es el aspecto moral de la autoestima.

Fijarse metas concretas, en función de nuestras capacidades y actuar para conseguirlas. Es importante analizar si las acciones que la persona realiza le ayudan a alcanzar sus metas y en función de ello qué tendría que cambiar. La autodisciplina desempeña un papel importante en el desarrollo de la autoestima.

➡️Leer más en el número 667 de la Revista MAR

 

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