Arqueología subacuática en la costa murciana

26/03/2025

Más Mar

Historia

Rafael Sabio Salgado (*)
Campaña de extracción del pecio Mazarrón 2 en el año 2004
El litoral murciano, pese a su escasa longitud, cuenta con unos condicionantes que han permitido acumular en él un extenso Patrimonio Cultural Subacuático, asociado a diferentes periodos históricos y, además, en varias ocasiones, con un singular estado de conservación. Paralelamente, el desarrollo del buceo en la ciudad de Cartagena ha hecho de ella un centro de referencia no sólo para su desarrollo profesional más amplio, sino también y de un modo más concreto, para la arqueología subacuática española. A la sombra de este se asentaría el germen del actual Museo Nacional de Arqueología Subacuática ARQVA, una institución que lleva encomendada la investigación y la divulgación del Patrimonio Cultural Subacuático, tanto dentro de nuestro país como, en representación del mismo, fuera de nuestras fronteras. 

Desde tiempos inmemoriales, el ser humano ha tenido constancia de la existencia de vestigios de su legado cultural, hundidos en el medio subacuático. De ello nos dan constancia las fuentes textuales, las tradiciones populares o incluso los nombres de lugar. En relación con estos últimos, existe un hermoso caso en el entorno cartagenero, Trincabotijas, que, como se ha aludido en múltiples ocasiones, refiere el hallazgo casual de restos cerámicos en el sitio, al menos desde la Edad Moderna. En el siglo XVIII, durante el transcurso de las obras de construcción del arsenal de Cartagena, se hallarían al menos dos pecios. La desgraciada destrucción de los mismos motivaría la creación de la primera normativa específicamente destinada a su protección.

PROGRESO DE UNA DISCIPLINA

Con el desarrollo del buceo autónomo, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, los avances en la materia se incorporan prontamente a la Armada española, que establecerá un centro de referencia de formación, precisamente, en la base naval de Cartagena. De estos primeros pasos del buceo autónomo en nuestro país, los arqueólogos irán aproximándose paulatinamente al medio submarino, desde un prisma científico. Pioneros al respecto fueron los trabajos que el capitán Jáuregui, en colaboración con el arqueólogo Antonio Beltrán, llevaría a cabo en la cara sur del islote de Escombreras, en la bocana del puerto de Cartagena. En el sitio se hallarían los restos de un pecio romano, correspondiente al periodo republicano, llamado, en honor a Jáuregui, el “Pecio del Capitán”.

Julio Mas, combinando su formación en buceo con sus conocimientos de arqueología, llevaría a cabo una intensa labor arqueológica. Sus numerosas actuaciones en la región se desarrollarían fundamentalmente en los años 70 del siglo XX, culminando en la fundación, en 1980, del Museo Nacional de Arqueología Marítima, antecesor del actual Museo Nacional de Arqueología Subacuática ARQVA. La actividad del museo más destacada serían sus actuaciones en el entorno de Mazarrón, en 1988, se localizarían los restos de un pecio datado entre los siglos VII-VI a.C. y asociado desde ese momento a la cultura fenicia. A este extraordinario hallazgo, denominado Mazarrón 1, le seguiría en 1994 el de otra embarcación, aún más completa, que recibiría el nombre Mazarrón 2. 
 
Izquierda: Ataifor medieval, siglos XII-XIII, con representación de nave. Derecha: Mano de bronce romana asociada al culto del dios Sabazio
 Izquierda: Ataifor medieval, siglos XII-XIII, con representación de nave. Derecha: Mano de bronce romana asociada al culto del dios Sabazio

PROYECTOS DEL SIGLO XXI

Ante los inicios del siglo XXI, se plantea y ejecuta la construcción de una nueva sede para el Museo Nacional de Arqueología Marítima, inaugurada en 2008 con la designación que detenta en la actualidad, Museo Nacional de Arqueología Subacuática, también conocido con el apelativo ARQVA.

En paralelo casi a la inauguración de este nuevo museo, se produce el conocido expolio de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes por parte de la empresa Odyssey, cuyos valiosos objetos, tras su recuperación por el estado español, serían entregados en 2012 a ARQVA. En un plano más local, también fueron destacadas las diversas campañas que, entre 2007 y 2011, se efectuarían en el pecio fenicio del Bajo de la Campana, en el municipio de San Javier. Ante la necesaria incorporación al discurso de la exposición de ARQVA de los materiales, tanto de la fragata Mercedes como del Bajo de la Campana, hubo de acometerse una intensa reorganización en sus espacios y vitrinas.

En 2018 el proyecto Cartasub, se centró en la exploración geofísica del entorno del litoral cartagenero, entre su puerto y Cabo de Palos. En 2021 arranca el proyecto Aladroque en el que participarían las universidades de Cádiz y Murcia, así como, a partir de 2022 y tras la incorporación del suscriptor de estas líneas a la dirección de ARQVA, también dicho museo. Este se centraría en determinar y documentar los posibles daños causados por las últimas DANA a los yacimientos subacuáticos del entorno del puerto de Cartagena. Otro proyecto es el desarrollado en el entorno de la Isla del Fraile, en el municipio de Águilas. En 2024, se realiza la actualización de la carta arqueológica del litoral murciano y la inspección de aquellos puntos en los que se notifique, por parte de particulares.Se concreta la ejecución de los ansiados trabajos de extracción y tratamiento del pecio Mazarrón 2, en los que colaborarían el gobierno regional, la Universidad de Valencia y el Ministerio de Cultura, con la participación de ARQVA.
 
Pecio Mazarrón 2, en el año 2000
Pecio Mazarrón 2, en el año 2000

FENICIOS Y ROMANOS

El litoral murciano contiene tres de los seis pecios que, asociados a la cultura fenicia, han podido ser localizados hasta el momento en la totalidad del Mediterráneo. Destacan por la conservación de sus naves, los de Mazarrón 1 y 2. Por contraste y pese a no haberse documentado restos de la embarcación, el Bajo de la Campana destaca por su rico y variado cargamento, que incluye lingotes metálicos, defensas de elefante, objetos manufacturados de lujo, además de otros enseres presuntamente vinculados a la tripulación.

Durante el periodo romano destacan los yacimientos de Punta de Algas y San Ferreol (San Pedro de Alcántara), Calarreona, Cartagena 1, El Capitán, cinco de los seis pecios de Escombreras (Cartagena) o el Nido del Cuervo (Águilas). Muchos naufragios se datan en el periodo republicano (siglos III-I a.C.), que tubo actividad mercantil, sin duda asociada al potente enclave de Carthago Noua. Los romanos extraían abundante plomo argentífero de las minas de Mazarrón y La Unión, embarcándose el de las asociadas a este municipio en la amplia bahía de Portmán, que debe su nombre a la significativa expresión latina portus Magnus, “el puerto grande”, que por su contaminación su entorno está  aún inexplorado.

Tras la decadencia sufrida durante el Alto Imperio, Cartagena se reactiva en el Bajo Imperio, pasando a ser una de las capitales de las 7 provincias en las que el emperador Diocleciano divide Hispania. La ciudad será la base de operaciones en el intento bizantino por recuperar los territorios de la península ibérica.  Destacan numerosos pecios, en el puerto de Cartagena, 5 en Escombreras, y dos aún no debidamente estudiados: Trincabotijas 1 y Espalmador 1.


EDAD MEDIA Y MODERNA

La Edad Media es un periodo complejo de rastrear en el fondo marino, debido a que, ante la desaparición del contenedor por excelencia de la Antigüedad, el ánfora, sus pecios resultan más difíciles de detectar. Pese a ello, el pecio Escombreras 6 se fecha en el siglo XIII, asociándose a las postrimerías de la presencia islámica en la ciudad de Cartagena.

La Edad Moderna debería manifestar un gran potencial arqueológico en la zona, debido a la fuerte actividad de los piratas berberiscos en el entorno murciano, así como a la nueva visibilidad que la artillería aporta a los yacimientos de este periodo. 

DESDE LA EDAD CONTEMPORÁNEA HASTA NUESTROS DÍAS

Culminando nuestro recorrido con la Edad Contemporánea, éste arranca en el siglo XIX con una abundante información documental, procedente en su mayoría de los archivos de la región, aunque también de la aseguradora británica Lloyd’s. Entre estas una de las más interesantes, aunque también de las más complejas de verificar, es la asociada a la goleta británica Beatrice: en el momento de su hundimiento, producido al parecer en 1837 cerca de Cartagena, se nos dice que estaba transportando nada menos que el sarcófago del faraón egipcio Mikerinos. Como contrapunto a tales noticias, se multiplican los pecios en la zona. Algunos aún no han sido identificados, pero otros sí. Entre aquellos de los que sabemos el nombre, destaca el conocido Sirio, hundido cerca de Cabo de Palos en 1906. El enorme drama humano que supuso le valió el sobrenombre de “Titanic español”. Pese a la profundidad a la que se encuentra (entre 40 y 50 metros), su recurrente visita por buceadores deportivos ha motivado su sistemático expolio, un hecho que nos debe servir de advertencia para proteger en el futuro este rico patrimonio.

Las dos guerras mundiales que se sucedieron en el tiempo en el siglo XX, así como en el caso particular de España la Guerra Civil, darían lugar a la generación de numerosos naufragios. El entorno de Cabo de Palos se muestra especialmente pródigo en los mismos, y más particularmente en el contexto de la Primera Guerra Mundial, debido al apostamiento de un submarino alemán en la zona, el U-35, el cual, en las postrimerías del conflicto, hundiría varios buques asociados al bando opuesto.

Un caso interesante lo constituye el del Wilmore, un barco estadounidense que transportaba un cargamento de locomotoras y que, pese a comunicar su neutralidad, sería hundido por los alemanes, al entender que estaba dando apoyo a Francia.

El ejemplo más paradigmático de un buque hundido durante la Guerra Civil sería el del Castillo de Olite. Este barco, de origen soviético, había sido capturado por el bando nacional, el cual haría empleo del mismo para transportar tropas con destino a su desembarco en Cartagena. En el momento de su aproximación a la costa una de las baterías situadas en la bocana del puerto, aún en poder del bando republicano, abriría fuego contra el mismo, provocando su hundimiento y, con él, el fallecimiento de los cerca de 1500 soldados que transportaba. Tras el fin de la guerra, los restos del barco serían desguazados. Sin embargo, en las campañas arqueológicas realizadas en la isla de Escombreras se documentaron aún varias piezas asociadas a este trágico hundimiento.

Rafael Sabio Salgado (*) director del Museo Nacional de Arqueología Subacuática ARQVA

Leer más en el número 654 de la revista Mar

Actualidad