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Condiciones sociolaborales dignas
29/04/2026
Más Mar
Opinión
Juan Manuel Trujillo. Sector del Mar de la FSC de CCOO. Presidente Sección Europea de Pesca de la ETF.

En 2026, España celebra 40 años de integración en la Unión Europea, un hito que ha redefinido por completo el horizonte de los trabajadores del mar. La entrada en el “club” europeo en 1986 no solo supuso el acceso a caladeros y cuotas, sino también una metamorfosis profunda en las condiciones sociolaborales de un sector históricamente duro y precarizado.
Uno de los mayores beneficios de la adhesión fue sin duda la libre circulación de personas, que permitió a nuestros marinos trabajar en flotas de otros Estados miembro con plenas garantías de seguridad social. En paralelo, la armonización técnica bajo el paraguas de la UNCLOS y el Convenio de Torremolinos (para la seguridad de los buques) sentó las bases para reducir la siniestralidad.
La formación también dio un salto cualitativo. Gracias al Convenio STCW-F, los estándares de competencia para el personal de buques de pesca se profesionalizaron, garantizando que la pericia de nuestros marineros fuera reconocida y homologada internacionalmente, elevando así su valor en el mercado laboral global.
Sin embargo, el avance más significativo en materia de dignidad laboral llegó con el Convenio 188 de la OIT. La Unión Europea actuó como motor de cambio mediante la Directiva (UE) 2017/159, que obligó a los Estados miembro a garantizar condiciones dignas de alojamiento, alimentación, salud y contratos por escrito.
España cumplió con este mandato a través del Real Decreto 618/2020, de 30 de junio, blindando jurídicamente derechos fundamentales a bordo. Esta normativa no es solo técnica. Es la garantía de que el pescador no es un trabajador de segunda categoría frente a quienes laboran en tierra.
A pesar de estos logros, el balance de estos 40 años presenta una sombra de responsabilidad social. La plena efectividad de estas normas depende de la negociación colectiva. Actualmente, los interlocutores sociales en España tienen el reto urgente de negociar los acuerdos marco para la pesca de altura y de bajura. Sin este consenso entre sindicatos y patronal, la protección real de quienes faenan en nuestros mares seguirá incompleta, recordándonos que la integración europea es un proceso vivo que exige compromiso constante en casa.
➡️Leer más en el número 666 del mes de abril de la revista Mar.
Uno de los mayores beneficios de la adhesión fue sin duda la libre circulación de personas, que permitió a nuestros marinos trabajar en flotas de otros Estados miembro con plenas garantías de seguridad social. En paralelo, la armonización técnica bajo el paraguas de la UNCLOS y el Convenio de Torremolinos (para la seguridad de los buques) sentó las bases para reducir la siniestralidad.
La formación también dio un salto cualitativo. Gracias al Convenio STCW-F, los estándares de competencia para el personal de buques de pesca se profesionalizaron, garantizando que la pericia de nuestros marineros fuera reconocida y homologada internacionalmente, elevando así su valor en el mercado laboral global.
Sin embargo, el avance más significativo en materia de dignidad laboral llegó con el Convenio 188 de la OIT. La Unión Europea actuó como motor de cambio mediante la Directiva (UE) 2017/159, que obligó a los Estados miembro a garantizar condiciones dignas de alojamiento, alimentación, salud y contratos por escrito.
España cumplió con este mandato a través del Real Decreto 618/2020, de 30 de junio, blindando jurídicamente derechos fundamentales a bordo. Esta normativa no es solo técnica. Es la garantía de que el pescador no es un trabajador de segunda categoría frente a quienes laboran en tierra.
A pesar de estos logros, el balance de estos 40 años presenta una sombra de responsabilidad social. La plena efectividad de estas normas depende de la negociación colectiva. Actualmente, los interlocutores sociales en España tienen el reto urgente de negociar los acuerdos marco para la pesca de altura y de bajura. Sin este consenso entre sindicatos y patronal, la protección real de quienes faenan en nuestros mares seguirá incompleta, recordándonos que la integración europea es un proceso vivo que exige compromiso constante en casa.
➡️Leer más en el número 666 del mes de abril de la revista Mar.
