Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga una mejor experiencia de usuario. Las cookies no se utilizan para recoger información de caracter personal.
Si continúa navegando se considera que acepta su uso. Para más información consulte nuestra política de cookies.
La conciliación laboral suele medirse en horarios flexibles, permisos de lactancia o jornadas reducidas. Pero ¿cómo se concilia si el trabajo obliga a pasar meses en alta mar, lejos de la familia y de rutinas cotidianas? La Armada, la Marina Mercante y el sector pesquero avanzan hacia nuevos modelos que compatibilicen la profesión con una vida familiar más cercana.
Sara, María, Alejandro… un pequeño cualquiera agarra la mano de su padre. Sus ojos, grandes, brillantes e inmensamente expresivos no se apartan del rostro de su progenitor. Sabe que mañana embarcará durante cuatro meses en el Itsas Txori, un atunero vasco atracado en el puerto de Abiyán, en Costa de Marfil. Ambos permanecen en la playa, abrazados, inmóviles, sintiendo cómo la distancia empieza a abrirse entre ambos, antes incluso de que el barco abandone el puerto. La escena dura apenas unos segundos pero resume una realidad compartida por miles de familias vinculadas al mar. Es también una de las imágenes más poderosas de “1,17”, el documental dirigido y producido por Javier Linares que invita al espectador a embarcarse junto a la tripulación del atunero español para descubrir el inmenso trabajo y las renuncias que se esconden detrás, en este caso, de una simple lata de atún.
Las profesiones ligadas al mar, que sus protagonistas definen como “duras y adictivas”, exigen “sacrificio y pasión”, obligando a convivir con largas ausencias, despedidas repetidas y reencuentros que siempre parecen demasiado breves. Porque detrás de cada campaña pesquera, de cada travesía mercante o de cada misión de la Armada hay historias parecidas a la de esa niña. Historias de hombres y mujeres que viven entre dos mundos: el mar y la tierra.
Durante generaciones, trabajar embarcado significó asumir que la vida familiar y personal quedaba en tierra. La distancia era una condición inevitable del oficio. La pesca de altura, la marina mercante o la carrera militar en la Armada exigían largas ausencias, horarios imposibles, comunicaciones escasas y una disponibilidad permanente que apenas dejaba espacio para la conciliación. Quien elegía navegar asumía que la familia tendría que adaptarse al ritmo del océano. “Estar cuatro meses lejos de casa, en una embarcación, equivale a hacer la mitad de la vida en el barco, y es como otra familia”, dice el patrón del “Itsas Txori”, Josu Iñaki Ispizua. “Paso tanto tiempo con los compañeros como con mi mujer y mi hijo”, subraya un tripulante.
Sin embargo, algo está cambiando. En la Armada, en la Marina Mercante y en el sector pesquero español, la conciliación ha dejado de ser una aspiración imposible para convertirse en un reto compartido por empresas, instituciones y trabajadores.
La pregunta ya no es si se puede conciliar trabajando en el mar, sino cómo hacerlo. La conciliación sigue siendo uno de los grandes desafíos de las profesiones marítimas, pero ya no se aborda desde la resignación. Instituciones, empresas y trabajadores coinciden en que el sector avanza hacia modelos más compatibles con la vida familiar gracias a una mejor organización de los embarques, el desarrollo tecnológico, las comunicaciones constantes, la evolución normativa y una transformación cultural que hace apenas unas décadas parecía impensable.
CONCILIACIÓN DIFERENTE
A diferencia de los empleos convencionales, donde la conciliación suele medirse en horarios flexibles, teletrabajo o reducción de jornada, en el mar la cuestión se plantea por ciclos y en otros términos. “La conciliación en este sector es distinta: aquí hay que aprender a vivir por etapas”. Es una idea que se repite entre marinos mercantes, pescadores y militares embarcados. No se trata tanto de estar unas horas menos en el trabajo como de alternar periodos de ausencia total con otros de presencia plena en el hogar.
La conciliación marítima no se mide en horas diarias, sino en ciclos: estar completamente ausente, pero comunicado a diario, para luego estar completamente presente. “Los cuatro meses que estoy en casa soy padre 24/7; llevo a mis hijos al colegio, al dentista, al entreno, al cine, de excursión... Ninguno de mis amigos con trabajos en tierra puede decir lo mismo”, afirma el capitán de barco Ekaitz Ohienarte.
Ese modelo, que durante años fue visto como una imposición inevitable, empieza a ser reconocido como una forma específica de organizar la vida laboral. El quid de la cuestión -coinciden trabajadores e instituciones- está en la previsibilidad.
Desde el Instituto Social de la Marina (ISM) lo explican con claridad: “La clave está en la organización de los tiempos de embarque y descanso”. No se trata tanto de una falta de conciliación en el sentido tradicional, como de un modelo distinto de relación entre trabajo y familia.
España mantiene una profunda vinculación con el mar. Más de 60.000 personas están afiliadas al Régimen Especial del Mar. Aproximadamente entre 30.000 y 35.000 trabajan en la pesca y actividades relacionadas, mientras que entre 10.000 y 15.000 desarrollan su actividad en actividades relacionadas con la marina mercante. A ellos se suman los profesionales de la Armada.
La importancia económica del sector es indiscutible. Más del 80% del comercio mundial sigue dependiendo del transporte marítimo, mientras que la pesca continúa siendo esencial para numerosas comunidades costeras españolas. Pero junto a esa relevancia estratégica emerge una nueva prioridad: hacer que estas profesiones sean sostenibles también desde el punto de vista humano.
VIVIR ENTRE DOS MUNDOS
Ser marino nunca fue fácil. La mar tiene su propio reloj. Un tiempo que no entiende de horarios escolares, cumpleaños, reuniones familiares o fines de semana.
Durante décadas, embarcar significaba desaparecer temporalmente de la vida cotidiana. En la pesca de gran altura, los embarques pueden prolongarse durante tres o cuatro meses. En la marina mercante, las campañas internacionales obligan a pasar largas temporadas lejos de casa. En la Armada, los despliegues operativos y las misiones internacionales continúan exigiendo sacrificios personales importantes. Pero incluso en estos ámbitos se perciben cambios.
María Fernández, pareja de un marino mercante, explica que la diferencia fundamental hoy es la capacidad de anticipación. “Mi pareja sigue pasando meses fuera, pero ahora sabemos cuándo estará y cuándo no. Podemos organizar mejor la vida familiar, el trabajo y las responsabilidades de los niños”. La previsibilidad no elimina la distancia, pero reduce la incertidumbre.
EL IMPACTO DEL AISLAMIENTO
Uno de los aspectos menos visibles del trabajo marítimo es el aislamiento. Los profesionales embarcados viven alejados de sus redes familiares y sociales durante semanas o meses. Esa separación puede generar sentimientos de soledad, ansiedad o desconexión emocional, especialmente si suceden acontecimientos importantes en tierra.
Los especialistas en salud laboral marítima coinciden en señalar que el aislamiento constituye uno de los principales factores de riesgo psicosocial asociados al trabajo embarcado. Por ello, en los últimos años ha aumentado la atención prestada al bienestar psicológico de las tripulaciones.
Profesionales sanitarios vinculados al ámbito marítimo destacan una mayor sensibilidad hacia cuestiones como el descanso, la salud mental o el acompañamiento social. La preocupación por estos aspectos, prácticamente inexistente hace unas décadas, forma ya parte de la gestión moderna de las tripulaciones.
INTERNET, EL GRAN CAMBIO
Si existe un cambio capaz de transformar profundamente la experiencia de navegar, es el acceso a internet. Hasta hace relativamente poco, una llamada telefónica desde alta mar podía convertirse en un lujo excepcional. Hoy, aunque no todos los buques disponen de las mismas prestaciones, las comunicaciones son cada vez más frecuentes y accesibles.
“Ahora puedes hablar con tu familia, ver cómo están y participar en su día a día. Hasta puedo participar en las reuniones de vecinos. Eso cambia mucho la experiencia”, explica Javier, marino mercante.
La tecnología no elimina la distancia física, pero reduce la distancia emocional. Los hijos pueden compartir logros escolares. Los padres seguir acontecimientos familiares y las parejas mantener una comunicación más fluida que en generaciones anteriores. La conectividad es uno de los avances más significativos en materia de conciliación marítima.
MÁS MUJERES A BORDO
Más profundo es el cambio que ha supuesto la incorporación de la mujer al ámbito marítimo español. Y no hace tanto.
En la Armada, el porcentaje de mujeres se sitúa cerca del 15%, una de las cifras más elevadas entre los ejércitos españoles. La evolución ha sido constante desde la incorporación femenina a la carrera militar.
Sin embargo, siguen existiendo diferencias según escalas y empleos. La presencia femenina es mayor en cuerpos comunes y menor en los rangos superiores, donde el ascenso requiere trayectorias largas y acumulación de años de servicio.
En el ámbito marítimo civil la presencia femenina continúa siendo reducida, especialmente en puestos embarcados. Los datos del ISM reflejan una evolución positiva. Entre 2019 y 2025 el porcentaje de mujeres afiliadas al Régimen Especial del Mar ha pasado de un 15,49% a un 17,42%, si bien la mayoría de ellas ejerce su actividad en tierra. En el mismo período, el porcentaje de mujeres embarcadas en los buques Esperanza del Mar y Juan de la Cosa pasó del 13,64% al 18,29%. En marzo de 2026 alcanzaba el 18,52%.
La presencia femenina es significativa entre oficiales de puente, oficiales de máquinas y personal sanitario, aunque es inexistente en categorías como buceador, contramaestre, engrasador o capitán. “Estos datos muestran que, aunque vamos por buen rumbo, quedan muchas millas por recorrer”, afirma Nuria Gracia de la Torre Duñaiturria, responsable de Recursos Humanos del ISM.
DE PIONERAS A REFERENTES
La evolución resulta especialmente visible si se compara con la situación de hace apenas cuatro décadas. En 1984, Mª Ángeles Rodríguez Bernabéu se convirtió en la primera oficial piloto de la Marina Mercante española. Durante años fue la única mujer a bordo en numerosos barcos. Navegó por África y el mar del Norte cuando apenas existían referentes femeninos en la profesión. Hoy existen capitanas, oficiales de puente, jefas de máquinas, profesoras de náutica y mujeres que desarrollan carreras internacionales en el sector marítimo.
En la Armada, figuras como la capitán de corbeta Loreto Pastor simbolizan una nueva realidad. “Hace 40 años una mujer no imaginaba ser militar porque no había mujeres militares. Ahora no existen esas barreras”, resume.
No obstante, en el ámbito de la pesca de atura, la presencia de mujeres profesionales sigue siendo muy relativa. Pero en la pesca de bajura y en actividades como el marisqueo, se ha consolidado un modelo más compatible con la vida familiar, apoyado además en redes comunitarias que funcionan como auténticos sistemas de conciliación informal.
La incorporación de la mujer no solo ha transformado las plantillas. También ha obligado a modificar espacios, procedimientos y formas de convivencia. Los buques de la Armada fueron diseñados durante décadas para tripulaciones exclusivamente masculinas. La llegada de mujeres obligó a adaptar camarotes, aseos, vestuarios y zonas de descanso. Los submarinos representan quizá el ejemplo más significativo. Las primeras mujeres submarinistas españolas tuvieron que integrarse en espacios concebidos exclusivamente para hombres. Los nuevos submarinos S-80 ya incorporan zonas de alojamiento adaptadas para dotaciones mixtas, con mejoras en privacidad e intimidad.
La transformación también ha llegado a los barcos mercantes y pesqueros de nueva construcción. La presencia de camarotes individuales o diferenciados, espacios específicos para la higiene personal y protocolos actualizados de convivencia forman ya parte de la realidad habitual de los buques.
CAMBIOS NORMATIVOS
La evolución ha sido también legislativa. En la Armada, los permisos de maternidad y paternidad están plenamente equiparados a los del resto de empleados públicos. Existen excedencias por cuidado familiar, permisos parentales y una creciente sensibilidad hacia determinadas circunstancias personales en la asignación de destinos.
Muchas militares reconocen que hoy pueden planificar etapas como la maternidad aprovechando destinos en tierra, algo prácticamente inexistente para generaciones anteriores.
La Ley de la Carrera Militar incorporó expresamente la conciliación de la vida profesional, personal y familiar como uno de sus objetivos. Recientemente se han ampliado los permisos parentales y las medidas de protección a las familias.
La marina mercante también ha evolucionado. Las organizaciones sindicales y empresariales han impulsado sistemas de rotación más estables, mayor previsibilidad de los embarques y mejoras en las condiciones de descanso.
EL PAPEL DEL ISM
Pocas instituciones tienen un papel tan relevante como el Instituto Social de la Marina. Muchas de sus actuaciones tienen una incidencia directa sobre la calidad de vida de los trabajadores embarcados. La asistencia sanitaria a bordo, el Centro Radio Médico, los buques hospital Esperanza del Mar y Juan de la Cosa, la formación profesional marítima, los programas de bienestar social y la atención a las familias constituyen una red de apoyo única en Europa.
El organismo también ha incorporado progresivamente la perspectiva de género y la promoción de la igualdad en sus programas y actividades. Desde el ISM se insiste en que la organización es clave para mejorar la conciliación. “Con una buena organización podría ser perfectamente compatible el trabajo en el mar con la vida familiar”, defienden desde la institución.
María Fernández ha aprendido a organizar su vida en ciclos. Su marido pasa meses embarcado, pero ahora sabe cuándo estará y cuándo no. Puede anticiparse. “La conciliación en este sector es distinta, pero cada vez es más fácil organizarse”, explica. “Si sabes las fechas, puedes planificar todo mejor: el trabajo, los niños, la casa”. Esa previsibilidad, que antes era irregular, ha sido esencial para que la situación mejore.
Paradójicamente, algunos trabajadores marítimos destacan una ventaja que rara vez aparece en los debates sobre conciliación. Cuando regresan a casa, tienen periodos prolongados de tiempo libre que permiten una dedicación intensa a la vida familiar. “Cuando se está en tierra, estamos al cien por cien”, dicen.
NUEVA PERCEPCIÓN SOCIAL
La transformación más profunda está en la percepción social. Hoy vemos mujeres al mando de buques, hombres que solicitan permisos de paternidad, mandos militares hablando de conciliación y empresas que incorporan el bienestar de la tripulación en sus planes de gestión. Quizás, la conciliación marítima nunca será igual a la de otros sectores, tampoco necesita serlo. Su objetivo no es eliminar la distancia, sino gestionarla mejor. Aún quedan millas que recorrer pero vamos en la dirección correcta.