GALP, órganos locales para la economía azul
26/10/2026

Pesca

​​​​​​Miguel Sánchez
barcos

Los Grupos de Acción Local del Sector Pesquero (GALP) se han convertido en una pieza esencial para transformar las necesidades de las comunidades costeras en proyectos concretos. Desde el relevo generacional hasta la sostenibilidad o la diversificación, estos grupos incorporan al desarrollo pesquero la óptica y las necesidades del lugar.

Generar valor añadido, diversificar la economía, atraer mano de obra o conservar oficios tradicionales son necesidades clave para las poblaciones costeras. Ante estos desafíos, los Grupos de Acción Local del Sector Pesquero (GALP) dinamizan estrategias de desarrollo y seleccionan proyectos capaces de involucrar a las comunidades pesqueras en la construcción de su futuro.

Su principal instrumento son las Estrategias de Desarrollo Local Participativo, concebidas desde la base social para responder a las características, necesidades y oportunidades de cada zona gracias al conocimiento que pescadores, cofradías, empresas, asociaciones, administraciones locales y otros agentes poseen de su propio entorno.

En España, este modelo inició su trayectoria al amparo del Fondo Europeo de Pesca 2007-2013, se consolidó durante el Fondo Europeo Marítimo y de Pesca 2014-2020 y continúa bajo el actual Fondo Europeo Marítimo, de Pesca y de Acuicultura (FEMPA) 2021-2027. En este momento, operan 44 GALP junto a 11 organismos intermedios de gestión repartidos por todas las regiones del litoral español.

DINAMIZAR LO LOCAL, APOSTAR POR LA INNOVACIÓN

Aunque los GALP desempeñan un papel fundamental en la gestión de fondos públicos, reducir su función a esta tarea dejaría fuera de foco buena parte de su trabajo. Detectar oportunidades, favorecer la cooperación y acompañar iniciativas basadas en el desarrollo económico y social son funciones inherentes a estos grupos, estrechamente vinculados a las comunidades en las que actúan.

Entre las áreas abordadas por estos grupos locales destacan la transformación y comercialización de productos pesqueros, el emprendimiento de nuevas actividades, la sostenibilidad o el relevo generacional. Siempre desde una base participativa, capaz de poner las estrategias y los recursos disponibles al servicio de las oportunidades y necesidades del lugar.

Un ejemplo es AbruMar, en Muxía. Impulsado por el percebeiro Santiago Pérez, este proyecto ligado al Grupo de Acción Local do Sector Pesqueiro da Costa da Morte nació para comercializar productos vinculados a la pesca artesanal. A ello suma experiencias relacionadas con la cultura marinera y el entorno, idóneas para abrir oportunidades turísticas en torno al producto local y contribuir al mantenimiento de los oficios tradicionales.

MANTENER LOS OFICIOS Y ABRIR OPORTUNIDADES

La necesaria incorporación de nuevas tecnologías no está reñida con la conservación de los saberes tradicionales, parte esencial de la diversificación y la sostenibilidad que persiguen muchos de los proyectos respaldados por los GALP.

En Euskadi, diversas iniciativas apuestan por garantizar el relevo en el oficio de redera, favoreciendo que una nueva generación de profesionales se incorpore a las tareas de confección, reparación y mantenimiento de redes y aparejos.

Estos proyectos ejemplifican la capacidad de los GALP para unir tradición y modernidad mediante actuaciones diseñadas con la participación de quienes integran las comunidades locales. Así, mientras determinados oficios encuentran vías para garantizar su continuidad, las generaciones más jóvenes disponen de nuevas oportunidades para vincular su futuro laboral a zonas que, en muchos casos, afrontan problemas de envejecimiento y despoblación.

DEL RESIDUO AL RECURSO

El desarrollo pesquero debe ser sostenible. En este ámbito, los GALP cuentan con la ventaja de impulsar proyectos y establecer sinergias entre agentes que conocen de primera mano el medio y sus necesidades.

El proyecto MARZERO, en el ámbito del Golfo Ártabro, plantea mejorar la recogida, clasificación y tratamiento de residuos vinculados al sector pesquero, especialmente plásticos y otros materiales susceptibles de recuperación. Se trata de un enfoque cada vez más presente en la economía azul: avanzar desde una lógica basada en el residuo y la depredación hacia otra que apueste por el aprovechamiento de los materiales y la economía circular.

Este proceso contribuye a proteger el entorno del que depende la propia actividad pesquera. Además, puede generar oportunidades laborales vinculadas a la recuperación y el reciclaje de materiales, ampliando el abanico de actividades económicas relacionadas con el sector.

DIVERSIFICAR SIN ALEJARSE DEL MAR

Una de las principales funciones de los GALP es ayudar a que las comunidades pesqueras amplíen sus fuentes de renta. A la pesca se suman nuevas formas de obtener valor de las capturas, los oficios, el patrimonio y los conocimientos acumulados durante generaciones.

El Camino Gastronómico del Mar, impulsado en A Mariña-Ortegal, entre Lugo y A Coruña, muestra una de esas posibilidades. El proyecto conecta ocho etapas con patrimonio marítimo, cultura marinera y gastronomía elaborada a partir de productos procedentes de la pesca y el marisqueo de proximidad. El objetivo es atraer un turismo menos estacional, creíble para una hostelería enraizada en fijar población al territorio.

En Mogán, Gran Canaria, la Cofradía de Pescadores desarrolla una sala de transformación destinada a filetear y envasar artesanalmente las capturas de atún. La iniciativa busca mejorar la presentación del producto, ampliar sus posibilidades de comercialización y conseguir que una mayor parte de la riqueza generada permanezca en la zona.

Son solo dos ejemplos que permiten entrever la variedad de proyectos respaldados por los GALP. Turismo marinero, transformación de las capturas, gastronomía, patrimonio o nuevos servicios pueden convertirse en actividades complementarias siempre que mantengan su conexión con la identidad y los recursos de las comunidades pesqueras.

EL RETO DE CONSOLIDAR EL MODELO

Durante el FEMP 2014-2020, los 41 GALP existentes entonces aprobaron 2.603 proyectos, de los cuales 2.454 habían finalizado en noviembre de 2024, según la evaluación temática del propio programa. En el periodo FEMPA 2021-2027, la red española ha crecido hasta los 44 grupos, acompañados por 11 organismos intermedios de gestión.

Este crecimiento, sin embargo, no elimina algunos de los problemas que los propios grupos vienen señalando. En los encuentros de la Red Española de Grupos de Pesca se ha reclamado una mayor simplificación administrativa, más liquidez para los GALP, una mejor coordinación entre administraciones y mayor capacidad para comunicar los resultados de los proyectos.

A ello se suma una cuestión de mayor alcance. El actual FEMPA concluye en 2027 y la configuración del siguiente marco financiero europeo abre interrogantes sobre cómo se articulará el Desarrollo Local Participativo pesquero en la etapa posterior. El Ministerio ha defendido públicamente que esta política debe contar con financiación suficiente y mantener un enfoque específico para las comunidades costeras.

Después de casi dos décadas de experiencia, el modelo afronta una etapa decisiva en la que habrá de subrayar su papel como instrumento de coordinación entre las políticas europeas y las necesidades específicas de cada territorio. 

➡️Ver más en el número 671 de la Revista MAR
 

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