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La acuicultura restaurativa surge como un modelo innovador que va más allá de la mera actividad de producción de alimentos para convertirse en todo un sistema de conservación y restauración ambiental en el Mediterráneo. El Instituto de Investigación y Tecnologías Agroalimentarias (IRTA) de San Carlos de la Rápita, en Tarragona, es referente mundial en la materia y colabora directamente con la FAO.
En las últimas décadas, la cuenca mediterránea ha experimentado crecientes presiones ecológicas derivadas de la intensificación de la actividad acuícola, el calentamiento de las aguas, el aumento de la salinidad y otros factores abióticos que están alterando los ecosistemas marinos. Ante este escenario de cambio, ha surgido un nuevo paradigma en el sector acuícola: la acuicultura restaurativa.
Este modelo innovador trasciende la concepción tradicional de la acuicultura como mera actividad productiva, integrando objetivos de conservación y restauración ambiental. Así, la acuicultura restaurativa se plantea como un sistema de producción dual que, además de generar alimentos de alta calidad, contribuye activamente a proporcionar beneficios ecológicos directos sobre el medio acuático, con el potencial de generar resultados ambientales netos positivos como la recuperación de poblaciones de especies, el fortalecimiento de la resiliencia ecosistémica frente a los impactos del cambio climático y la potencial restauración de hábitats degradados.
La acuicultura restaurativa se fundamenta en una premisa simple pero poderosa: es posible cultivar especies marinas de manera que no solo se minimicen los impactos negativos, sino que se generen beneficios ecológicos tangibles para el entorno. A diferencia de la acuicultura convencional, centrada exclusivamente en maximizar la producción, este modelo busca un equilibrio entre la viabilidad económica y la restauración ambiental.
ESPECIES FILTRADORAS
El concepto no es nuevo. Desde hace tiempo, los científicos han observado que ciertos organismos marinos, especialmente los filtradores como ostras, mejillones y almejas, actúan como verdaderos ingenieros ecosistémicos. Estos moluscos, al alimentarse, filtran grandes volúmenes de agua al eliminar partículas en suspensión, exceso de nutrientes y contaminantes. Así, por ejemplo, una sola ostra adulta puede filtrar hasta 200 litros de agua al día, contribuyendo significativamente a la claridad y calidad del agua. Científicos del IRTA trabajando con mejillones.
Este modelo acuícola se apoya en diversos procesos ecológicos. En primer lugar, el cultivo de especies filtradoras ayuda a mitigar la eutrofización de las aguas, un problema crítico en muchas zonas costeras donde el exceso de nutrientes procedentes de la acuicultura y la agricultura puede provocar proliferaciones de algas nocivas. Al consumir fitoplancton y materia orgánica, estos organismos actúan como biofiltros naturales. En segundo lugar, las estructuras de cultivo, ya sean cuerdas suspendidas, líneas de fondo o jaulas flotantes, proporcionan hábitat y refugio a numerosas especies marinas.
Estudios recientes han demostrado que los cultivos de moluscos y macroalgas aumentan significativamente la biodiversidad local, atrayendo peces juveniles, crustáceos y otras formas de vida marina que encuentran protección.
Además, especies como las ostras contribuyen a proteger las costas. Los arrecifes de ostras, por ejemplo, disipan la energía de las olas reduciendo la erosión costera y su cultivo puede ayudar a restaurar poblaciones históricamente diezmadas por su sobreexplotación.
Uno de los aspectos más prometedores de la acuicultura restaurativa es su capacidad para generar servicios ecosistémicos medibles. Las granjas de algas marinas, por ejemplo, no solo producen biomasa aprovechable para alimentación, cosmética o farmacología, sino que también capturan carbono y nitrógeno del agua, contribuyendo a mitigar el cambio climático y mejorar la calidad del agua.
Este nuevo centro de demostración de acuicultura (ADC) es el resultado de varios años de trabajo conjunto entre el Departamento de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación (DGPMPS) de la Generalitat de Catalunya, la CGPM y el IRTA, y responde a la estrategia de la CGPM para impulsar una acuicultura sostenible en el Mediterráneo y el mar Negro dentro de su Estrategia 2030.
Su principal objetivo es convertirse en un espacio de referencia de investigación y transferencia en acuicultura restaurativa, materia que está plenamente alineada con la Estrategia Marítima de Catalunya 2030, donde la potenciación de la economía azul es uno de los principales hitos para garantizar el equilibrio social y territorial en base a unos ecosistemas resilientes, biodiversos y plenamente funcionales que generen unos servicios a la sociedad de máxima calidad. Vista aérea de las instalaciones del IRTA en San Carlos de la Ràpita.
Este enfoque está alineado con las directrices para una acuicultura sostenible presentadas en la Conferencia Regional de Acuicultura de la FAO, en diciembre del 2024 en Heraclion (Grecia) que se redactaron de manera consensuada a través de un proceso consultivo mundial y son una herramienta para orientar los procesos de formulación de políticas, la toma de decisiones y la acción a todos los niveles: local, nacional, regional y mundial.
En palabras de Miguel Bernal, secretario ejecutivo de la CGPM: “Los ADC son una herramienta clave de la CGPM para impulsar una acuicultura sostenible en el Mediterráneo y en el mar Negro. La inauguración del nuevo centro de la Ràpita representa un paso importante en la promoción de la acuicultura restaurativa, aportando conocimiento, innovación y cooperación técnica. Este centro no solo refuerza la capacidad local, sino que también contribuye activamente en la red regional de los centros de demostración de acuicultura, que son esenciales para el intercambio de conocimiento y buenas prácticas entre todos los actores del sector”.
Para impulsar esta transformación y alinearse con los objetivos son varias las actividades que vamos a desarrollar a lo largo de los próximos cuatro años, llevando a cabo proyectos innovadores en cultivos multitróficos, restauración de ecosistemas y adaptación al cambio climático, para acabar consolidándonos como centro de referencia en acuicultura restaurativa en el Mediterráneo.
Algunos de los proyectos en los que el centro focaliza su actividad son: el desarrollo de modelos de acuicultura multitròfica integrada (IMTA, por sus siglas en inglés) incorporando sistemas productivos que combinan algas, peces de bajo nivel trófico, bivalvos y otros invertebrados como pudieran ser erizos y holoturias; el fomento de la producción del cultivo y reproducción de macroalgas; la formación y capacitación de usuarios especializados mediante la transferencia de conocimiento entre la industria y la academia aplicando modelos de co-creación; y la generación de sistemas que impacten positivamente en el medio, específicamente en áreas singulares y vulnerables, similares al delta del Ebro, donde se priorice el bajo coste de implantación y la resiliencia al efecto del cambio climático.
JORNADAS INTERNACIONALES
Dentro de este marco de trabajo, el IRTA organizó el año pasado las primeras jornadas internacionales en acuicultura restaurativa donde científicos y representantes del sector compartieron conocimientos para posicionar al Mediterráneo como territorio líder en la aplicación de modelos de este tipo de acuicultura.
En la actualidad, estamos inmersos en el proceso de definición de la acuicultura restaurativa. Para ello, analizamos las propuestas que la FAO y The Nature Conservancy presentaron en 2021 haciendo referencia a la actividad como “la práctica que genera beneficios ecológicos directos, logrando un resultado ambiental neto positivo, simultáneamente a la producción acuícola”.
Además, estamos estudiando la forma de monitorizar y evaluar los efectos ecológicos y sociales de la actividad usando moluscos, algas y peces en un contexto de extrema complejidad, ya que el enfoque ha de combinar la producción acuícola con la regeneración ecológica, los beneficios sociales, la educación ambiental y la transferencia tecnológica.