30 años de reservas marinas canarias
22/09/2026

Pesca

Diego Rodríguez
barcos
El encuentro que el ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas mantuvo con los pescadores de Caleta de Sebo, en la isla de La Graciosa, y después en Santa Cruz de Tenerife, permitió hacer balance de la gestion de las tres reservas canarias durante las últimas tres décadas.

Las cofradías reclamaron que las nuevas obligaciones europeas de control, registro y comunicación se adapten a una flota artesanal de embarcaciones pequeñas y no añadan una carga burocrática desproporcionada. Planas comprometió formación y acompañamiento para implantar la nueva aplicación de control y anunció la entrega de una patrullera de última generación para La Graciosa, además de cámaras inteligentes, drones y robots submarinos para reforzar la vigilancia. Por su parte, el gobierno canario estudia crear nuevas reservas en La Gomera, Tenerife y el entorno de Lobos y La Bocayna.

La reserva marina de la isla de La Graciosa e islotes del norte de Lanzarote se creó en 1995; la de Punta de La Restinga-Mar de las Calmas, en El Hierro, en 1996; y la de la isla de La Palma, en 2001. Entre las tres suman algo más de 75.000 hectáreas y concentran más del 70% de la superficie protegida por la red estatal de reservas marinas de interés pesquero.

La conmemoración del 30º aniversario de la creación de las tres reservas marinas deja un balance operativo positivo y la necesidad de adaptar la digitalización a la escala de la flota, reforzar el control y estudiar nuevas áreas con el sector y la comunidad científica.

PROTEGER PARA PESCAR

Una reserva marina de interés pesquero no es un espacio cerrado por completo a la actividad humana. Es una herramienta de gestión aplicada a un caladero tradicional para mejorar la reproducción de las especies, favorecer la supervivencia de los juveniles y facilitar la recuperación de los recursos. Combina zonas de reserva integral con otras áreas en las que se permite la pesca profesional artesanal bajo condiciones concretas.

La pesca es una de las razones que justifican la protección. Las artes autorizadas, los censos de embarcaciones, las zonas de trabajo, el buceo recreativo y las actividades científicas se regulan según las características de cada reserva. 
El sistema se apoya en la vigilancia, el seguimiento científico y la participación de quienes faenan en esas aguas.

Las reservas canarias nacieron gracias al impulso del sector pesquero y el respaldo de estudios del Instituto Español de Oceanografía y de las universidades canarias. La alianza entre experiencia local, conocimiento científico y capacidad administrativa explica buena parte de su continuidad y vincula la conservación con el futuro de las comunidades costeras.

GESTIÓN COMPARTIDA

La Graciosa y La Restinga comparten gestión estatal y autonómica. Esa cooperación se articula mediante convenios sucesivos desde 1999 y abarca la vigilancia, el control de actividades, el mantenimiento de medios, la investigación, el seguimiento ambiental y la divulgación. La adenda de prórroga se firmó el 4 de junio de 2026. La Palma, al encontrarse íntegramente en aguas exteriores, mantiene una gestión exclusiva del Estado.

Una reserva funciona cuando dispone de embarcaciones y equipos, normas comprensibles, información científica comparable y canales estables de diálogo con las cofradías. También cuando ordena actividades que han ganado peso, como el buceo y la pesca recreativa, sin desplazar a la pesca artesanal que dio origen a esta figura.

El aniversario es un buen momento para revisar el modelo. La presión sobre los recursos, los cambios en la distribución de especies, el calentamiento del océano, el aumento de los usos recreativos y las dificultades de relevo generacional obligan a ajustar reglas y medios. La utilidad de una reserva se mide por su capacidad para conservar hábitats, mantener poblaciones explotables y dar continuidad a comunidades que dependen del mar.

EL FUTURO DEL MODELO

Las tres reservas representan formas distintas de aplicar una misma herramienta. La Graciosa muestra cómo una protección amplia puede abarcar un sistema insular completo; La Restinga ha unido pesca, buceo y la observación científica  tras una erupción submarina; La Palma permite seguir la transformación de fondos de gran pendiente afectados por un episodio volcánico terrestre. Juntas forman una historia de adaptación, vigilancia y aprendizaje acumulado.

Ese aprendizaje también tiene una dimensión social. La eficacia de las restricciones depende de que los pescadores conozcan sus razones, participen en la gestión y perciban que el esfuerzo de hoy puede sostener la actividad de mañana. Cuando esa relación se debilita, la norma corre el riesgo de convertirse en una obligación externa. Cuando funciona, la reserva sirve además para conservar conocimientos sobre artes, temporadas, fondos y especies que rara vez aparecen completos en los registros administrativos. La ciencia aporta series de datos y métodos comparables; la flota, una observación diaria del caladero. La gestión necesita ambas miradas.

El reto de los próximos años será conservar ese capital sin convertir el modelo en una fórmula inmóvil. Habrá que ajustar la regulación a la evolución de los recursos, mejorar la información pesquera, reforzar el seguimiento de los ecosistemas y mantener la implicación de las cofradías. Las reservas nacieron para proteger el mar y sostener la pesca artesanal. Tres décadas después, esa relación entre conservación y oficio sigue siendo su principal medida de éxito. 



LA GRACIOSA: RESERVA A ESCALA DEL ARCHIPIÉLAGO

La primera fue la reserva marina de la isla de La Graciosa e islotes del norte de Lanzarote, creada en 1995. Con más de 70.000 hectáreas, es la mayor de la red estatal. Abarca las aguas del norte de Lanzarote y del archipiélago Chinijo, integrado por La Graciosa, Montaña Clara, Alegranza y los roques del Este y del Oeste. Aproximadamente el 60% de su superficie corresponde a aguas interiores y el 40% a aguas exteriores, de modo que su gestión es compartida por el Estado y el Gobierno de Canarias.

La influencia del afloramiento de aguas frías y ricas en nutrientes de la cercana costa africana favorece una elevada productividad. A ello se suma una plataforma marina amplia y relativamente somera, excepcional en un archipiélago volcánico. Fondos rocosos, cuevas, túneles y sebadales sostienen recursos de interés para una flota que durante generaciones ha hecho de la pesca uno de los ejes de la vida graciosera.

La reserva integral rodea el Roque del Este. Fuera de ella se permiten determinadas modalidades profesionales tradicionales y se regulan los usos recreativos y subacuáticos. El servicio de la reserva, con oficina en la localidad de Caleta de Sebo y medios de vigilancia, informa de las normas de uso, controla su cumplimiento y ordena la convivencia entre pesca, turismo, buceo e investigación.

LA RESTINGA: MAR CALVO Y VOLCÁN

Un año después, en 1996, se creó la reserva marina de Punta de La Restinga-Mar de las Calmas, en El Hierro. La petición partió del sector pesquero local, preocupado por el riesgo de sobrepesca en un litoral resguardado de los alisios, donde las condiciones permiten faenar con mayor continuidad que en otras zonas del archipiélago. Sus 1.180 hectáreas se reparten entre aguas interiores y exteriores, y su gestión corresponde de forma conjunta al Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y al Gobierno de Canarias.

La zonificación incluye una reserva integral frente a la bahía de Naos, áreas de usos restringidos y sectores donde se autorizan modalidades artesanales locales. Los fondos volcánicos forman veriles, cuevas y bajones con comunidades de algas e invertebrados. A las especies de fondo se suma una pesquería de túnidos, especialmente relevante en primavera y verano. El buceo recreativo, sujeto a autorización y cupos, mantiene también un fuerte vínculo con La Restinga.

La erupción submarina de 2011, que dio origen al volcán Tagoro, alteró las condiciones del agua y afectó a la fauna y la flora próximas al foco eruptivo. El seguimiento permitió documentar la recuperación posterior y convirtió la reserva en un observatorio excepcional de la respuesta de un ecosistema marino ante una perturbación volcánica.

LA PALMA: PROFUNDIDAD A POCOS METROS DE LA COSTA

La tercera reserva llegó en 2001, a propuesta de las cofradías de Tazacorte y Santa Cruz de La Palma. Se extiende por el litoral suroccidental de la isla y ocupa 3.455 hectáreas, todas ellas en aguas exteriores, por lo que su gestión corresponde al Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. La escasa plataforma insular hace que los fondos desciendan con rapidez y alcancen hasta 1.000 metros de profundidad dentro de sus límites.

Grietas, cuevas y túneles albergan comunidades de interés biológico y especies pesqueras como la vieja, el pejeperro, el mero y el abade. La reserva incluye una zona integral central y áreas de amortiguación. El buceo requiere autorización y la pesca profesional se somete a las condiciones fijadas para la flota artesanal.

Durante la erupción del Cumbre Vieja en 2021, la llegada de las coladas al mar creó nuevos fondos y modificó el litoral. Las observaciones posteriores han permitido estudiar la colonización de esos sustratos. Como había ocurrido antes en El Hierro, la reserva mostró el valor de contar con equipos y datos anteriores a una perturbación extrema.

➡️Ver más en el número 670 de la Revista MAR
 

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