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Un paso decisivo para proteger las aguas internacionales
Acuerdo histórico
25/02/2026
Medio Ambiente
Anabel Gutiérrez / Fotos: Ocean Image Bank
El 17 de enero de 2026 entró en vigor el Tratado Global de los Océanos, culminando más de dos décadas de negociaciones y fijando un compromiso internacional para proteger la biodiversidad en aguas que cubren más del 60% del océano. Su aprobación se interpreta como un mensaje político que reconoce la urgencia de actuar ante la triple crisis climática, de biodiversidad y contaminación. Para Rizza Sacra-Dejucos, de High Seas Alliance, el acuerdo marca un punto de inflexión al imponer obligaciones vinculantes y respaldar años de coordinación regional, campañas y diálogo con gobiernos asiáticos en una región clave para la gobernanza oceánica mundial actual.
Un marco legal
El Tratado Global de los Océanos es un instrumento jurídico integral que por primera vez establece un sistema para crear áreas marinas protegidas en alta mar, evaluar impactos ambientales, repartir beneficios de recursos genéticos marinos y reforzar la cooperación científica y tecnológica. Su arquitectura incluye una COP, un comité científico y técnico y una secretaría internacional encargada de coordinar la implementación. La meta 30×30 sigue siendo motor global. High Seas Alliance advierte que sin el Tratado BBNJ sería inalcanzable. Rizza señala que el nuevo órgano técnico será decisivo para valorar propuestas iniciales de áreas protegidas, cuya adopción temprana marcará el ritmo de la futura gobernanza oceánica a escala.
Explotación equilibrada
La entrada en vigor del tratado llega en un momento crítico. Hasta ahora, solo entre el 0,9% y el 1,5% de las aguas internacionales estaban realmente protegidas, debido a la ausencia de un sistema internacional eficaz para limitar actividades extractivas, controlar la contaminación o coordinar investigaciones científicas. La falta de regulación permitía que sectores con intereses intensivos, como la pesca industrial o la bioprospección genética, operaran sin un marco global coherente. El nuevo tratado establece por fin una estructura diseñada para evitar la explotación desequilibrada y garantizar que el océano se gestione como un bien común.
Solo entre el 0,9% y el 1,5% de las aguas internacionales están realmente protegidas
El camino hasta la entrada en vigor no fue sencillo. Tras la adopción del texto en 2023, el tratado requería al menos 60 ratificaciones, alcanzadas en septiembre de 2025, un punto de inflexión que abrió la cuenta atrás para su activación 120 días después. Desde entonces, potencias marítimas como China, Japón, Alemania, Francia y Brasil han reforzado su compromiso con la conservación marina mediante la ratificación del acuerdo. España, por su parte, se convirtió en el primer país de la Unión Europea en ratificarlo en febrero de 2025, consolidando su liderazgo histórico en políticas oceánicas.
Sin ratificar
La dimensión geopolítica sigue siendo uno de los aspectos más sensibles. Aunque países influyentes como Estados Unidos han firmado el tratado, todavía no lo han ratificado. Para Rizza, esta ausencia no impide el avance: “No es la primera vez que Estados Unidos firma un acuerdo sin ratificarlo; aun así, respeta en la práctica muchos marcos internacionales”, recuerda, citando como ejemplo la Convención sobre el Derecho del Mar. La diplomacia multilateral tendrá que trabajar en integrar progresivamente a estas potencias ausentes.
Pero la entrada en vigor no supone el final del camino: abre el desafío más complejo. “La implementación será la parte más difícil”, advierte Rizza, señalando la necesidad urgente de financiación sostenible que permita a los países en desarrollo cumplir con las obligaciones de vigilancia científica, transferencia tecnológica y participación en los procesos del tratado. Sin recursos económicos suficientes, la arquitectura del BBNJ corre el riesgo de convertirse en un logro simbólico sin impacto real.
Compromiso político
Otras voces del ámbito internacional coinciden en el diagnóstico. Rebecca Hubbard, directora de High Seas Alliance, subraya que la implementación requiere “cooperación internacional sostenida y un compromiso político continuado” para garantizar que las medidas no queden en el papel. Fabienne McLellan, directora de OceanCare, alerta de que la gobernanza mundial del océano seguirá enfrentando obstáculos si las grandes economías no armonizan sus legislaciones nacionales con el tratado. En España, Eva Hernández (SEO/BirdLife) insiste en fortalecer la vigilancia y el control efectivos, especialmente ante la pesca irregular y la contaminación transfronteriza.
En este contexto, la primera Conferencia de las Partes (COP), prevista antes del 17 de enero de 2027, será determinante. En ella se definirán los procedimientos operativos, los criterios para declarar áreas protegidas, la metodología de evaluación de impacto ambiental y el diseño del fondo financiero que respaldará el acuerdo.
Pese a los desafíos, el tratado representa un cambio profundo: por primera vez, la alta mar se reconoce como un espacio cuya protección requiere una responsabilidad compartida. El océano deja de ser una “tierra de nadie” para convertirse en un territorio regulado y vigilado.
Para quienes trabajan cada día en él -marinos, pescadores, investigadores, navegantes- este tratado no es un documento distante. Es una promesa: la de un océano más sano, más seguro y sostenible. Una promesa que, como recuerda Rizza Sacra-Dejucos, solo cobrará sentido “si los países pasan de las palabras a la acción”.
Rizza Sacra-Dejucos
Coordinadora regional para Asia en High Seas Alliance (HSA)
Rizza Sacra-Dejucos, coordinadora regional en Asia de la High Seas Alliance, ha desempeñado un papel clave promoviendo el Tratado BBNJ, coordinando campañas, comunicación y diálogo con gobiernos y organizaciones. Su trabajo ha sido decisivo para fortalecer el apoyo internacional y avanzar en la protección de la biodiversidad marina en alta mar.
¿Qué cambios espera que los países implementen ahora que el BBNJ es jurídicamente vinculante?
Existen obligaciones que ya son aplicables para los Estados Parte, incluyendo la realización de evaluaciones de impacto ambiental para cualquier nueva actividad planificada en áreas fuera de la jurisdicción nacional, o cualquier actividad dentro de sus propias aguas que pueda tener un impacto significativo en alta mar. Los Estados Parte también pueden iniciar medidas de política sobre notificación oportuna, informes y reparto de beneficios en cualquier actividad relacionada con recursos genéticos marinos, así como promover la cooperación entre los convenios y organismos sectoriales pertinentes.
El tratado ha sido ratificado por 81 países (actualmente 85), incluida China. ¿Cómo evalúa el papel de Asia?
Los países asiáticos tienen la oportunidad de influir en la toma de decisiones en las aguas internacionales, promover y beneficiarse de una mayor transparencia, y fortalecer la cooperación Sur-Sur en materia de creación de capacidades y transferencia de tecnología, garantizando una gobernanza justa y equitativa en alta mar. La región también puede liderar las futuras Áreas Marinas Protegidas (AMP) en alta mar. Está unida por tres cuencas oceánicas que están intrínsecamente conectadas con la salud de nuestras aguas costeras.
Varios países han firmado el tratado, pero aún no lo han ratificado…
La ratificación o adhesión a un tratado internacional como el Acuerdo BBNJ sigue distintos procesos internos, con diferentes plazos. También es importante continuar sensibilizando a los líderes gubernamentales y a los ministerios pertinentes sobre por qué es importante convertirse en Parte del Tratado, independientemente de las circunstancias geográficas.
¿Qué lecciones de este largo proceso de negociación deberían guiar futuros acuerdos internacionales de conservación?
El BBNJ establece un estándar de oro en cuanto a tener un proceso de negociación transparente e inclusivo. Esto fomentó la confianza y la legitimidad entre los países y otras partes interesadas, lo que convierte al BBNJ en un buen ejemplo de cómo funciona el multilateralismo. Esto debe trasladarse a la implementación y reflejarse en otros acuerdos internacionales.
El tratado se considera esencial para lograr el objetivo de proteger el 30% del océano para 2030. ¿Qué mecanismos considera más urgentes?
Establecer las instituciones del BBNJ en la CP1, particularmente el Órgano Científico y Técnico que evaluará las propuestas de AMP, es fundamental para decisiones oportunas sobre la primera generación de AMP en alta mar. Paralelamente, también es importante la preparación de posibles sitios mediante el desarrollo de propuestas de alta calidad.
Países influyentes como Estados Unidos han firmado, pero no ratificado. ¿Cómo afecta esto?
Aunque no se espera que Estados Unidos ratifique pronto, esto no es algo nuevo. Estados Unidos ha firmado, pero no ratificado, otros grandes acuerdos internacionales, incluido la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, el tratado madre del Acuerdo BBNJ. Esta convención se considera ampliamente como derecho internacional consuetudinario y se respeta en la práctica, incluso por parte de Estados Unidos.
Ha afirmado que implementar el tratado será “la parte más difícil”. ¿Cuáles son los desafíos más inmediatos?
Sí. La financiación suficiente y sostenible mediante un mecanismo financiero eficaz y accesible marcará una gran diferencia para asegurar que los Estados Parte en desarrollo tengan los medios necesarios para implementar el Acuerdo, desde la creación de capacidades hasta la participación en los procesos del BBNJ.