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Hablar de alimentación en España es hablar de identidad. De tierra y de mar. De paisajes productivos, de cultura compartida y de una historia construida, generación tras generación, alrededor de lo que comemos. En este contexto se asienta la Estrategia Nacional de Alimentación (ENA): un mapa colectivo para afrontar los desafíos del presente y del futuro. Un viaje necesario en el que la pesca ocupa un lugar central.
España es una potencia alimentaria de referencia. Lidera la Unión Europea en renta agraria. Es el séptimo exportador mundial de productos agroalimentarios y el cuarto dentro de la UE. Ocupa el primer puesto europeo en superficie de agricultura ecológica y la rama agroalimentaria es la principal industria manufacturera del país.
En pesca, los datos son también elocuentes: España encabeza la UE en capacidad de flota y en producción de acuicultura. Dispone de una potente industria transformadora y mantiene una red de comercialización que garantiza que el 65% de los pescados y mariscos vendidos en nuestra red de mercas sean de origen nacional.
Pero este liderazgo tiene sus riesgos. El cambio climático, la inestabilidad de los mercados, los desequilibrios en la cadena de valor, la despoblación de las zonas rurales y costeras o la evolución de hábitos alimentarios configuran un escenario complejo e incierto.
Por eso, el MAPA impulsó un proceso de escucha y diálogo con los agentes del sistema alimentario para construir una respuesta común, dando lugar a la ENA: un GPS compartido para orientar las decisiones políticas en la materia.
EXCELENCIA ALIMENTARIA
Con la Estrategia persiguimos consolidar a España como referente mundial en excelencia alimentaria, capaz de satisfacer las necesidades presentes y futuras de la población e impulsando el desarrollo de las zonas rurales y costeras. Su misión es articular un sistema alimentario integral, sostenible y competitivo, arraigado en el territorio, basado en la diversidad y en la producción de alimentos saludables, accesibles y de alta calidad. En este sistema, el pescado es clave.
La relación de España con el mar forma parte de la historia. Desde la fundación de puertos por los fenicios, las salazones de pescado y mariscos en época romana hasta el nacimiento de las cofradías de pescadores en el medievo, la pesca ha sido motor económico, sustento alimentario y elemento vertebrador de comunidades costeras. La ENA reconoce este legado y lo proyecta hacia el futuro.
ALIMENTO SALUDABLE
La Estrategia Nacional de Alimentación subraya el papel del pescado como alimento emblemático de las dietas mediterránea y atlántica, patrones reconocidos por sus beneficios para la salud y su vinculación al territorio. Sin embargo, también alerta de una tendencia preocupante: el descenso del consumo de pescados y mariscos en los hogares españoles en la última década, pese a percibirse como símbolos de salud y calidad. Las propiedades nutricionales de los productos del mar son excelentes.
Plantea medidas específicas para revertir esta evolución. Entre ellas, el impulso decidido a las dietas mediterránea y atlántica, promoviendo una alimentación equilibrada basada en productos frescos, locales y de temporada. En este marco se refuerza la dieta pesco-mediterránea, avalada científicamente por los beneficios del consumo de proteína de pescado, y se revisan los patrones dietéticos nacionales para que sean saludables, sostenibles y accesibles.
También aborda la dimensión productiva del sector pesquero y acuícola, analizando especies clave como la sardina, el boquerón, el atún, la merluza, el mejillón, la lubina o la dorada, reconociendo el papel del asociacionismo a través de cofradías y organizaciones de productores. Asimismo, incorpora medidas para reforzar la transparencia en la información alimentaria, evitando confusiones en las denominaciones de nuevos productos y protegiendo el valor nutricional y cultural de alimentos como el pescado.
Finalmente, apuesta por campañas de sensibilización que pongan en valor la dieta española, los sellos de calidad diferenciada y la gestión sostenible de los recursos pesqueros. Porque construir un sistema alimentario de referencia mundial no es solo una cuestión de producción o comercio, sino también de conocimiento, confianza y compromiso ciudadano.
La meta de este viaje es clara: un sistema alimentario justo, resiliente y competitivo, con impacto local y prestigio internacional. Un sistema que cuida y protege el mar y a quienes viven de él, y que reconoce en el pescado no solo un alimento esencial, sino un símbolo de lo mejor de nuestra cultura alimentaria. La Estrategia Nacional de Alimentación marca el rumbo. Ahora, toca recorrerlo juntos.