La adhesión de España a la Unión Europea en 1986 supuso un cambio estructural para todo el sector pesquero. La integración europea abrió un ciclo de modernización, profesionalización y reconocimiento que transformó la forma de pescar, pero también la manera de producir, transformar y comercializar. Este proceso fue especialmente relevante para las mujeres que sostenían la cadena mar–industria: mariscadoras, rederas, empacadoras, fileteadoras, manipuladoras, trabajadoras de conserveras, depuradoras, logística y comercialización.
Europa trajo normas más estrictas, sí, pero también un marco que dignificó cada eslabón de la cadena. Homologación de titulaciones, regulaciones sanitarias y trazabilidad no fueron simples requisitos técnicos: se convirtieron en herramientas que permitieron a miles de mujeres afirmar que su labor era un trabajo cualificado, imprescindible y merecedor de reconocimiento. Ese paso, que podría parecer un trámite administrativo, supuso en realidad un salto histórico hacia la profesionalización y la visibilidad de las mujeres del sector pesquero.
Los fondos europeos acompañaron esta transformación. El FEP (2007-2013) permitió modernizar instalaciones, mejorar la seguridad laboral y profesionalizar tareas que históricamente recaían en mujeres sin reconocimiento. El FEMP (2014-2020) impulsó la innovación en la industria transformadora, apoyó proyectos liderados por mujeres y fortaleció la diversificación económica en los territorios costeros. Y hoy, el FEMPA (2021-2027) incorpora la igualdad de género como criterio de valoración, reconociendo que la sostenibilidad de la cadena mar–industria depende también del liderazgo femenino.
Europa no solo aportó financiación: aportó legitimidad, permitiendo que mujeres del sector pesquero pasaran de ser mano de obra silenciosa a ocupar espacios de decisión en los GALP, órganos consultivos y en las redes europeas donde se decide el futuro del sector. Este reconocimiento ha tenido un impacto profundo en la autoestima colectiva de nuestras comunidades.
Como presidenta de ANMUPESCA, sé que esta historia no es solo técnica: es una historia de dignidad. La entrada en la UE nos dio herramientas, pero fueron las mujeres del sector pesquero quienes las convirtieron en derechos, en oportunidades y en futuro. Hoy, gracias a esa transformación, podemos afirmar que la cadena mar–industria también se escribe en femenino. ➡️Leer más en el
número 666 del mes de abril de la revista Mar.