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Menos embarcaciones y tripulantes
29/04/2026
Más Mar
Opinión
Javier Garat. Secretario General de CEPESCA

Este año celebramos los 40 años de la entrada de España en la entonces Comunidad Económica Europea. Se trata de uno de los acontecimientos históricos más importantes de los dos últimos siglos para nuestra nación, que ha permitido desarrollarnos económica y socialmente, crecer, modernizarnos, optar a unas infraestructuras magníficas y convertirnos en la cuarta economía de la UE.
En este sentido, la adhesión española nos ha sido en general muy positiva. Pero, para la pesca, la situación es diferente. Hay aspectos positivos y otros muy negativos. Entre los positivos destacaría el acceso a fondos europeos que han permitido modernizar la flota, mejorar las infraestructuras en tierra (lonjas), avanzar en innovación y tecnología, mejorar las capacidades científicas y de inspección y control, así como proteger considerablemente la biodiversidad, los ecosistemas marinos y la situación de las poblaciones de peces. Pero el precio pagado ha sido muy alto. Hemos pasado de tener unos 17.500 buques de pesca y unos 105.000 tripulantes, a los actuales 8.400 y 30.000, respectivamente.
La pesca fue uno de los últimos asuntos que acabaron de cerrarse en las negociaciones previas a la adhesión. Los países que entonces formaban la CEE tenían miedo a la llegada de los españoles. Consideraban que la “Armada invencible” iba a acabar con ellos. Por este motivo, tomaron una serie de precauciones para que no pudiéramos desarrollar todo nuestro potencial y que nos concedieran menos cuotas de pesca de las que realmente nos corresponderían por nuestras capturas históricas.
Se estableció un período transitorio, con unas excepciones a las normas generales, que nos perjudicaron claramente. Así, por ejemplo, la llamada flota de “Gran Sol” estaba compuesta por unas 450 unidades antes de entrar en la CEE. Al incorporarnos, solo pudimos contar con 300, de los que hoy apenas quedan 70.
Por otro lado, al tener una política pesquera común, con competencias pesqueras exclusivas para la UE, prácticamente todo se decide en Bruselas, donde la sensibilidad es muy inferior a la que tenemos en España. Allí, la pesca no forma parte del patrimonio, de la cultura, de la tradición o de la gastronomía, como ocurre aquí. Están muy alejados de la realidad. Por eso, necesitamos urgentemente un cambio de rumbo en las políticas pesqueras de la UE. Después de 40 años, ya va siendo hora.
➡️Leer más en el número 666 del mes de abril de la revista Mar.
En este sentido, la adhesión española nos ha sido en general muy positiva. Pero, para la pesca, la situación es diferente. Hay aspectos positivos y otros muy negativos. Entre los positivos destacaría el acceso a fondos europeos que han permitido modernizar la flota, mejorar las infraestructuras en tierra (lonjas), avanzar en innovación y tecnología, mejorar las capacidades científicas y de inspección y control, así como proteger considerablemente la biodiversidad, los ecosistemas marinos y la situación de las poblaciones de peces. Pero el precio pagado ha sido muy alto. Hemos pasado de tener unos 17.500 buques de pesca y unos 105.000 tripulantes, a los actuales 8.400 y 30.000, respectivamente.
La pesca fue uno de los últimos asuntos que acabaron de cerrarse en las negociaciones previas a la adhesión. Los países que entonces formaban la CEE tenían miedo a la llegada de los españoles. Consideraban que la “Armada invencible” iba a acabar con ellos. Por este motivo, tomaron una serie de precauciones para que no pudiéramos desarrollar todo nuestro potencial y que nos concedieran menos cuotas de pesca de las que realmente nos corresponderían por nuestras capturas históricas.
Se estableció un período transitorio, con unas excepciones a las normas generales, que nos perjudicaron claramente. Así, por ejemplo, la llamada flota de “Gran Sol” estaba compuesta por unas 450 unidades antes de entrar en la CEE. Al incorporarnos, solo pudimos contar con 300, de los que hoy apenas quedan 70.
Por otro lado, al tener una política pesquera común, con competencias pesqueras exclusivas para la UE, prácticamente todo se decide en Bruselas, donde la sensibilidad es muy inferior a la que tenemos en España. Allí, la pesca no forma parte del patrimonio, de la cultura, de la tradición o de la gastronomía, como ocurre aquí. Están muy alejados de la realidad. Por eso, necesitamos urgentemente un cambio de rumbo en las políticas pesqueras de la UE. Después de 40 años, ya va siendo hora.
➡️Leer más en el número 666 del mes de abril de la revista Mar.
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