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Diferenciamos dos tipos de soledad. Una positiva, voluntaria, y otra emocionalmente negativa: la no deseada, asociada a trastornos mentales y patologías como depresión o ansiedad, cuyas consecuencias incluyen pérdida de motivación, conflictos interpersonales y conductas introvertidas.
A pesar de que estas condiciones pasan a menudo desapercibidas, deben implementarse medidas preventivas como fomentar la autonomía, establecer horarios claros y promover el contacto con seres queridos para crear entornos laborales más saludables.
La percepción de soledad y su impacto en la salud física y mental se ha vinculado tradicionalmente al envejecimiento como algo frecuente en esta etapa vital. Sin embargo, la soledad puede afectar a cualquier persona independientemente de su edad o situación personal.
En este contexto, se plantea que la realización de trabajos que implican la separación prolongada del entorno social o familiar pueden generar aislamiento o desconexión, desembocando en problemas de soledad.
En su primera acepción, la RAE define el término soledad como “carencia voluntaria o involuntaria de compañía”, lo que otorga al vocablo un carácter general al englobar cualquier tipo de soledad. Los anglosajones cuentan con dos palabras que permiten diferenciar la soledad según su voluntariedad y sentido emocional.
Por una parte, utilizan el galicismo “solitude” para referirse a estar o vivir solo voluntariamente, lo que conlleva intencionalidad y una connotación positiva. Por otra, emplean el adjetivo “loneliness” para describir un estado emocionalmente negativo provocado por la situación de estar o sentirse solo. Es esta segunda definición, entendida como soledad no deseada, la que se asocia a la aparición de problemas de salud mental, como trastornos de depresión o ansiedad, y de salud física, incluyendo problemas de sueño e incluso muerte prematura.
MÚLTIPLES CAUSAS
La soledad no deseada es multicausal. Existen factores biológicos (regulación hormonal del eje hipotalámico-pituitario-adrenocortical) y personales (personalidad, autorregulación o gestión emocional) que pueden tener un papel detonante en su aparición.
El contexto social también juega un papel de crucial importancia en la percepción de soledad. Por ese motivo, en muchas ocasiones se ha relacionado la soledad no deseada con el envejecimiento y la pérdida de relaciones de pareja o amistad.
Sin embargo, la realidad demuestra que el sentimiento de soledad puede darse en cualquier etapa vital, siendo precisamente en la edad adulta donde mayor prevalencia de dicha sensación se ha encontrado.
MUNDO LABORAL
Uno de los entornos donde se han detectado más problemas de soledad no deseada es el laboral. Evidentemente, no todas las relaciones sociales son siempre saludables, ni el trabajo implica necesariamente la generación de vínculos más allá de los meramente profesionales.
Se han descrito problemas de soledad no deseada por ejemplo en personas que realizan su trabajo en un formato completamente a distancia, al pasar gran cantidad de tiempo físicamente separados de los compañeros. Y es que, aun existiendo herramientas tecnológicas que permiten contactar de manera eficiente con otras personas, trabajar aislado físicamente durante mucho tiempo puede generar sentimientos de desconexión y derivar en problemas de soledad.
Existen otros trabajos que, pese a realizarse de manera presencial y colectiva, también suponen un riesgo para la salud mental. En ocasiones, incluso más que trabajar en solitario. Es el caso de aquellas labores que se realizan alejados geográficamente, como, por ejemplo, los vinculados al trabajo en alta mar. Además de las condiciones climatológicas que pueden ser realmente adversas, trabajar largos periodos de tiempo en un espacio físico limitado, siempre con los mismos compañeros, y bajo una presumible carga física y laboral, puede convertir la propia profesión en un desencadenante de soledad no deseada.
Aunque no se trate de entornos totalmente solitarios, la imposibilidad de cambiar de contexto físico o social y la falta prolongada de contacto físico con la familia o los amigos, generan una percepción de aislamiento por lo que han sido identificados como factores de riesgo relevantes en el estudio de la soledad no deseada.
Las consecuencias de estas condiciones laborales en la salud mental suelen pasar normalmente desapercibidas, ya que no siempre hay manifestaciones visibles y existe cierta reticencia a mostrarlas a los demás.
La percepción de soledad no deseada en contextos laborales aislados se asocia con pérdida de motivación hacia el contacto con los demás, incremento de los conflictos interpersonales y desarrollo de conductas de introversión que no hacen otra cosa que reforzar dicha percepción, lo que afecta directamente en el estado de ánimo y genera sesgos cognitivos que, a la larga, pueden desembocar en problemas más graves.
ACCIONES PREVENTIVAS
La posibilidad de modificar las condiciones de los entornos laborales aislados es limitada y depende de las características del espacio, de las necesidades organizativas y, por supuesto, de la duración de las jornadas de trabajo.
No obstante, existen medidas que han mostrado su eficacia a la hora de prevenir problemas de soledad no deseada y su efecto en la salud como proporcionar autonomía a los trabajadores, disponer de horarios determinados de trabajo y sueño, tener contacto telemático con la familia y los amigos, establecer relaciones interpersonales sanas e independientes al puesto de trabajo dentro de los equipos, disponer de espacios específicos para la relajación y facilitar la realización de momentos de actividad física e intelectual en el tiempo de ocio.
Se trata de medidas de relativa fácil aplicación en la organización del trabajo y que sin duda favorecen la creación de entornos laborables sanos.
TRES TIPOS DE SOLEDAD
Las investigaciones realizadas sobre la soledad tienen un efecto importante a la hora de abordar su tratamiento. Así, a lo largo del tiempo y en función de las diferentes corrientes teóricas, se han llegado a distinguir tres tipos de soledad:
Soledad social: Referente a la disminución, limitación o carencia de relaciones interpersonales en general.
Soledad emocional: Se refiere a la disminución, limitación o carencia de relaciones interpersonales especialmente significativas por su intimidad, afectividad y confianza.
Soledad existencial: Es la que se siente ante una pérdida o ruptura profunda de la percepción de tener un rol en la comunidad, de identificación con un proyecto colectivo o de participar en la sociedad.