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A estas alturas del año quien más o quien menos ya sabe qué va a hacer en sus vacaciones. Para quienes aún no lo han decidido o necesitan alguna sugerencia, desde la revista MAR proponemos algunas rutas que pueden hacerse caminando junto al mar o cerca de la costa. Son caminos que unen pueblos o atraviesan montañas hacia el horizonte azul. Coged la mochila y poneros las botas porque andar junto al mar relaja y repara la mente.
España es uno de los destinos turísticos con más visitantes del mundo. El buen tiempo, la gastronomía, la hospitalidad de nuestros pueblos y gentes o la calidad y servicios de nuestras playas son características reconocidas por muchos turistas. El verano es una de las mejores épocas del año para descubrirlos y disfrutarlos. Tenemos más tiempo libre para estar con la familia y los amigos y para disfrutar de la naturaleza haciendo deporte.
Según los expertos, andar cerca del mar o en la orilla de la playa tiene innumerables beneficios para la salud. La neurocientífica Rachel Taylor asegura que el aire del mar mejora el funcionamiento del cerebro, ayudándonos a producir los químicos necesarios para mantenernos sanos y en equilibrio. “Cuando las personas respiran el aire del mar, los iones que contienen ayudan a aumentar la funcionalidad eléctrica del cerebro en un 47 por ciento, además de crear nuevas vías neuronales que nos permiten pensar con mayor claridad”, dice. Por otra parte, mirar el océano cambia la frecuencia de nuestras ondas cerebrales colocándonos en un estado de meditación leve; de ahí que, estar cerca del mar nos de paz.
El simple olor de la brisa marina nos ayuda a entrar en un estado de calma. Respirar el aire procedente del mar aumenta nuestra capacidad de absorber oxígeno y los niveles de serotonina: la hormona clave para estabilizar el estado de ánimo y los sentimientos de bienestar y felicidad. Por eso, una inhalación profunda caminando en la playa o cerca del mar nos hace sentirnos bien prácticamente al instante.
Pero la brisa marina no es el único aspecto estimulante de los paseos junto al mar. Si lo hacemos en compañía de amigos y familiares se promueve además la liberación de oxitocina (la hormona de los vínculos sociales, la confianza y el amor).
Con este preámbulo, no tenemos excusas para ser perezosos y sí razones suficientes y poderosas para animarnos a coger los palos de marcha, calzarnos las botas de montaña, equipar nuestra mochila con agua y snacks, ponernos protección solar y una gorra en la cabeza y echarnos a andar. En estas rutas que os proponemos no podemos olvidar el bañador ni la toalla porque, después de unos kilómetros de marcha, darse un chapuzón en el mar es de lo más estimulante.
ESPIRITUALIDAD Y FAROS
Las temperaturas suaves del norte y las costas atlántica y cantábrica nos pueden llevar a conocer dos rutas ricas de experiencias. El camino norte que nos lleva a Santiago de Compostela en peregrinación y la ruta de los faros. El camino del norte lleva peregrinos a Santiago de Compostela recorriendo la línea de la costa cántabra.
El Camino de Santiago es una histórica ruta de peregrinación que termina en la catedral de Santiago de Compostela para venerar los restos del apóstol Cada año atrae a miles de viajeros de todo el mundo que hacen esta ruta a pie o en bicicleta. Se dice que “todos los caminos llevan a Roma” y, en este caso, a Santiago de Compostela se puede llegar siguiendo la flecha amarilla del camino por varias rutas.
El denominado Camino del Norte es una vía de 800 kilómetros que se inicia en Irún y recorre la costa cantábrica en 32 etapas. Quizás es más exigente que otras rutas que llegan al mismo destino; de ahí que haya sido menos frecuentado que otras alternativas, pero este Camino destaca sin duda por la belleza del paisaje por el que discurre, no siempre cerca del mar, aunque siguiendo prácticamente toda la línea de la costa vasca, cántabra y asturiana para adentrarse ya en Ribadeo por el interior de Galicia.
El Camino del Norte se está haciendo cada vez más popular sobre todo entre los peregrinos que quieren huir de la masificación del Camino Francés, hacer una caminata más comprometida y espiritual o buscar paisajes más espectaculares. Cada año, el número de caminantes que siguen esta ruta va en aumento. A diferencia del Camino Francés, en este son más los peregrinos extranjeros que lo siguen, excepto en agosto, que se equilibra y se asemeja al que parte de Roncesvalles.
A lo largo del camino se pasa por villas marineras como Pasajes de San Juan, Castro Urdiales o Ribadesella; poblaciones turísticas como Zarautz, Santillana del Mar o Llanes y capitales como Donostia/ San Sebastián, Bilbao o Santander. También se pueden admirar monumentos en el tramo gallego como el monasterio de San Salvador, en Lourenzá; la catedral de Santa María en Mondoñedo o el monasterio de Santa María de Sobrado dos Monxes.
El Camiño dos Faros es otra ruta interesante que podemos realizar siguiendo la luz de las balizas marinas. Se trata de una ruta a pie de 200 kilómetros que une las localidades de Malpica a Finisterre por el borde del mar. Se trata de un camino que atraviesa las localidades más emblemáticas de la Costa da Morte, un trayecto espectacular con el mar más bravío de nuestro litoral de fondo.
Al amparo del Camino se creó una asociación que promociona esta senda de ocho etapas que recorre, entre otras, localidades como Ponteceso, Laxe o Camariñas con el protagonismo eterno del mar, los faros, las dunas y las playas de esta parte del litoral gallego.
Sin salir de Galicia también podemos visitar el Parque Nacional de las Islas Atlánticas y recorrer las Cíes. Al tratarse de un espacio natural protegido, las plazas están limitadas a un aforo máximo diario, especialmente en verano, siendo obligatorio obtener una autorización de la Xunta de Galicia antes de comprar el billete del barco que nos lleva a ellas desde Vigo, Baiona, Sanxenso o Portonovo.
Desde el embarcadero parten cuatro itinerarios principales (ruta del faro de Cíes, ruta del faro da Porta, ruta del Alto do Príncipe y ruta del Faro do Peito. Todos los senderos presentan continuos desniveles y permiten recorrer las islas sin penetrar en las zonas de reserva de los acantilados y furnas que van desde punta do Cabalo, al norte, a punta do Canabal, al sur, disfrutando de la naturaleza, la inmensidad del océano Atlántico y, si somos capaces, adentrarnos en las frías aguas de la playa de Rodas, reconocida como una de las mejores del mundo.
La ruta perfecta: mochila preparada y un merecido chapuzón en el mar al final del camino.
LITORAL MEDITERRÁNEO
El Mediterráneo también ofrece buenas oportunidades para disfrutarlo caminando. En la Costa Brava, entre calas y bosques de pinos, encontramos el Camino de Ronda, una red de antiguos senderos costeros utilizados históricamente por pescadores, contrabandistas y Guardia Civil. Son 200 kilómetros que van desde Blanes a Portbou conectando acantilados y localidades como Sant Feliú de Guixols, Begur o Tossa de Mar, entre otras. La dificultad de este GR-92 varía enormemente. Algunos tramos son paseos llanos y pavimentados mientras que otros exigen una buena condición física. Lo mejor es que gran parte de las etapas están comunicadas entre sí por líneas de autobuses. Así, se puede hacer la ida andando y la vuelta en transporte.
Bajando hacia la Comunidad Valenciana, nos detenemos en la localidad de Calpe, en Alicante, para contemplar el mar desde la cima del Peñón de Ifach. Se trata de una caminata balizada como roja, de unos 4,6 kilómetros ida y vuelta, con dos tramos bien definidos. El primero es apto para casi todo el mundo. A partir del túnel excavado en la roca, entraña cierta dificultad al tener que trepar usando cuerdas y cadenas instaladas en la piedra. El acceso al parque natural está limitado a 300 personas por lo que hay que solicitar permiso en el portal de Reservas de Parques Naturales de la Generalitat Valenciana.
Y aún más al sur podemos caminar por el Parque Natural del cabo de Gata y llegar al poblado hippie de la cala de San José. A pesar de las altas temperaturas hay muchos excursionistas que se atreven a hacerlo en verano recorriendo los cuatro kilómetros que lo separan de la localidad de Las Negras, desde donde también salen embarcaciones que te llevan a la cala sin pasar tanto calor. Si os animáis a andar no olvidéis buena hidratación y protección.
Las islas también ofrecen buenas opciones para el senderismo. La Sierra de Tramontana, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es el paraíso del senderismo en Mallorca. Ofrece desde tranquilos paseos entre olivos hasta cumbres de más de 1.000 metros con vistas al Mediterráneo. La ruta de Pedra en Sec (GR-221) es el sendero estrella de la isla. Cruza toda la sierra a lo largo de más de 120 km y está dividida en ocho etapas y pasa por pueblos con encanto como Valldemossa, Deià o Sóller.
Pero si preferís conocer Menorca os sugerimos el Cami de Cavalls (GR-223), con sus típicas puertas de madera, una ruta histórica y sendero de Gran Recorrido de 185 kilómetros que circunvala la isla. Dividido en 20 etapas atraviesa barrancos, bosques, calas vírgenes y acantilados. El tramo norte es salvaje con paisajes escarpados, fuertes vientos y playas de arena rojiza como Cavallería o Binimel-là; mientras que el sur te lleva a través de bosques mediterráneos a playas paradisiacas de aguas cristalinas y arena blanca como cala Turqueta, Macarella o Trebaluger.