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Sebastián Hernandis: “En el mar existe algo más que grandes bichos”
29/05/2026
Más Mar
Opinión
Y. Soto
Entre expediciones y miles de horas de rodaje bajo el agua, el valenciano Sebastián Hernandis ha forjado una carrera por la que es considerado una de las figuras más influyentes en la divulgación audiovisual del medio marino en España.
Con recursos técnicos limitados, haciendo adaptaciones propias para conseguir la estanqueidad de las cámaras, recorriendo a su suerte y riesgo más de cien localizaciones submarinas por todo el planeta, ha mostrado al gran público ecosistemas oceánicos que pocos han podido ver con sus propios ojos.
Su trayectoria, marcada por el rigor científico, la innovación audiovisual y el compromiso con la conservación marina, se consolidó con la codirección de “Arrecifes. Oasis de vida” (2015), el primer largometraje subacuático producido en España para su estreno en salas de cine.
Con “Arrecifes” consiguieron documentar la complejidad, belleza, y fragilidad de los arrecifes de coral, auténticos generadores de vida en los océanos. Su rodaje, con más de 400 horas de grabación, les llevó a afrontar no sólo retos ambientales y de buceo profundo, sino también la limitación de recursos económicos frente a grandes producciones internacionales.
Con un equipo de tres personas como máximo, grabaron durante más de un año en localizaciones tan distintas como Noruega, Filipinas, Indonesia, las islas Salomón, Colombia, Maldivas, Mar Rojo o Costa Rica.
Pero el sello Hernandis se extiende más allá del documental independiente. Su pericia en el rodaje subacuático ha sido requerida por producciones de gran impacto cinematográfico como “Lo imposible”, “El Niño”, “El Orfanato” o “Mar adentro”, donde ha sido responsable de las secuencias rodadas tanto en mar abierto como en localizaciones interiores.
Hoy, con más de tres mil inmersiones, su trabajo continúa siendo una referencia para las nuevas generaciones de realizadores submarinos y un recordatorio sobre la importancia de mirar hacia las profundidades para comprender los desafíos ambientales que enfrenta nuestro planeta.
En esta entrevista hablamos de lo que el mar supone como reto, aventura y emoción, para quien ha dedicado su vida a filmarlo.
El realizador ha grabado en más de cien localizaciones submarinas por todo el planeta.¿Cómo se planifica un rodaje en el mar?
Como productora pequeña, no podemos hacer grandes planificaciones. Elegimos épocas y zonas que minimicen riesgos como tifones o huracanes, pero siempre trabajamos con presupuestos ajustados: apenas ocho o diez días de rodaje para sacar un documental. Un tiempo muy limitado que ha sido nuestra gran cruz.
En la parte documental, colaboramos estrechamente con biólogos marinos para identificar especies y localizar áreas adecuadas, aunque las condiciones del mar a menudo juegan en contra: a veces pillas un mar terrible o la visibilidad es de tres metros y toca trabajar en esas condiciones.
En la ficción, ya sea cine o publicidad, trabajas con un storyboard y tienes que rodar un plano concreto sí o sí, no hay vuelta de hoja, pero el mar no siempre lo permite. En Sri Lanka pasamos 12 días sin poder rodar el plano previsto porque el agua estaba llena de medusas y la modelo se negó a entrar. Trabajar en el mar es siempre una aventura. No tienes la seguridad de un estudio de grabación donde pones las cámaras, los actores…y acción.
GRABAR BAJO EL MAR
¿Qué retos plantea grabar en el mar en cuanto a luz y sonido?
Bajo el agua, los colores se pierden a pocos metros, y a veinte, prácticamente desaparecen. Sin embargo, en nuestros documentales de hace quince años puedes ver una imagen cálida y real, porque los colores existen y, si no estuvieran ahí, ni las luces los revelarían. Fuimos pioneros comprando y adaptando focos, pero, ahí, como pioneros, también nos encontramos con problemas graves: en Malpelo, un islote aislado en el Pacífico colombiano, llevamos focos nuevos que ofrecían gran potencia pero, a los diez minutos, los focos comenzaron a parpadear. Tenían un defecto de fábrica y hasta ahí llegamos con la iluminación.
El sonido era otro reto. Lo que hacíamos era grabar el sonido que nos daba la cámara dentro de la carcasa y después lo trabajábamos en posproducción, intentando simular lo más posible lo que escuchabas bajo el agua. Porque hay unos micrófonos estupendos, pero eso obligaba a llevar una persona únicamente para llevar el micrófono y para nuestro presupuesto de producción eso era inviable.
¿Cuál ha sido la localización más compleja a nivel técnico y por qué?
El frío ha sido siempre uno de los mayores problemas. En ficción, muchas veces rodamos publicidad que debía parecer veraniega en pleno invierno, con modelos entrando en aguas frías a las que no había manera de sacarles nada.
A nivel documental, nuestro gran desafío fue ir a Noruega donde nos encontramos con aguas entre tres y cinco grados. Acostumbrados a trajes húmedos del Mediterráneo, adaptamos los equipos, pero no eran comparables a los trajes secos necesarios allí. La primera vez que nos echamos al agua, salimos a los 35 minutos y hasta dos horas después no se nos fue el dolor de manos. Grabar en el mar, y bajo el mar, es un desafío en sí mismo: están las corrientes, la mala mar, la visibilidad, pero el frío es una cuestión clave.
¿En qué se diferencia la técnica cuando grabas secuencias subacuáticas para ficción?
Hemos hecho ficción en mar abierto, pero siempre que se puede se hace en piscina, porque en la ficción tiene que estar todo muy controlado y es muy difícil controlar algo en mar abierto. El problema de las piscinas en este país es que no hay instalaciones adecuadas. Por ejemplo, la película “Lo imposible” fue un reto alucinante. Se rodó una parte en Tailandia, pero después hubo una parte en la Ciudad de la Luz, en Valencia. Se rodó con una cámara especial de alta velocidad y en una especie de foso porque no había una piscina. Un trabajo durísimo, pero quizás sea lo más importante que hemos hecho en cuanto a ficción, por la entidad de la película y por la cantidad de planos de mar que había en las diferentes secuencias. ¿Cómo se evita alterar el medio marino durante un rodaje?
Desde el inicio tratamos de intervenir lo menos posible en el ecosistema. En el proyecto “Life Pinnarca”, dedicado a documentar las poblaciones vivas de Pinna nobilis, nos enfrentamos a una realidad crítica: el 99% de las nacras del Mediterráneo han desaparecido. Por esa razón, rodamos en lagunas interiores y zonas protegidas donde aún sobreviven algunos ejemplares, como Lesbos, la laguna de Thau, el delta del Ebro o el Mar Menor. La prioridad es siempre respetar la vida que tienes delante.
El simple contacto ya transmite bacterias y puede destruir la fauna. Incluso en mar abierto, extremamos el cuidado, aunque no existen tantos protocolos como en los laboratorios científicos, en los que seguimos medidas de higienización de las cámaras para evitar el contagio entre zonas durante la inmersión.
¿Qué aporta la colaboración con científicos a tu narrativa audiovisual?
Siempre hemos trabajado con científicos, intentando dar información veraz, no dar una especie por conocida, si no sabemos cuál es, no contar cosas que no son, pero intentando hacerlo de forma divulgativa.
Huimos de los tópicos de las grandes productoras para las que parece que solo existen las ballenas, los tiburones y los calamares gigantes. Nosotros contamos al mundo, por ejemplo, la vida que generan ecosistemas como los arrecifes y las especies que viven en ellos.
En el mar existe algo más que grandes bichos que, sí, son estupendos, pero también lo es la vida pequeña.
Hernandis trabaja con científicos como José Tena y José Rafa García March de IMEDMAR-UCV.
AMENAZAS EN EL MAR
¿Se requieren medidas de seguridad especiales en las grabaciones subacuáticas? Durante los rodajes seguimos los protocolos habituales de buceo. Respetamos estrictamente las normas de descompresión, dejar una botella de apoyo a diez metros, realizar las paradas. En cientos de inmersiones nunca hemos sufrido ningún accidente.
El único peligro que corres, cuando estás en un rodaje subacuático, es el de olvidarte que estás bajo el agua. Pero como siempre hemos bajado más de uno, cuando el que llevaba la cámara se ha despistado, ha venido el compañero y le ha tocado, así por detrás, y le ha dicho: “da igual que tengas ahí el plano de tu vida, hay que subir”.
A tu juicio, ¿cuál es la mayor amenaza que sufren los ecosistemas marinos?
El calentamiento del mar está destruyendo corales en todo el mundo. Lo he visto desde Maldivas y Tailandia hasta el Mediterráneo. En apenas tres meses, ecosistemas que grabamos vivos quedaron completamente blanqueados por el aumento de la temperatura del agua.
Otra gran amenaza es la pesca ilegal. En el Pacífico costarricense vimos cientos de tiburones martillo capturados solo para cortarles las aletas y tirarlos al mar.
En partes del sudeste asiático aún se pesca con dinamita o cianuro. Yo mismo he escuchado explosiones bajo el agua y he filmado cráteres de seis metros.
Pero lo peor es la presión humana con la contaminación. No hay fondo marino que no esté lleno de nuestros despojos de plástico. Es una auténtica locura, ya no son los microplásticos, son micros y macros. Donde he ido lo he visto: bajo el agua y fuera de ella.