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Según la Agencia Española de Meteorología (AEMET), la temperatura media anual en 2025 en España fue de 15°C (1,1ºC por encima del promedio normal). Fue el tercer año más cálido de la serie histórica, empatado con 2024. Los últimos cuatro años han sido los más cálidos de la serie y todos han presentado un carácter extremadamente cálido. Las precipitaciones quedaron por encima del promedio normal en conjunto, aunque con una distribución geográfica y temporal irregular.
El comienzo de 2026 se ha caracterizado por lluvias frecuentes y continuadas, alcanzando valores récord en muchas zonas. Las riadas e inundaciones, que siguieron a estas lluvias, provocaron una bajada en la salinidad de las zonas costeras y la muerte en masa de muchas especies comerciales, con el consiguiente perjuicio para recolectores y productores.
Según el Servicio de Cambio Climático de Copernicus (C3S.Programa espacial de la Unión Europea), febrero de 2026 fue el quinto mes más caluroso jamás registrado. En cuanto a las precipitaciones, el territorio peninsular español acumuló 123,9 mm de media, lo que representa un 241% del valor normal. Llovió casi dos veces y media más de lo habitual, convirtiéndo a febrero en el quinto mes más lluvioso de la historia en nuestro país. En Galicia las precipitaciones no cesaron en semanas.
LLUVÍAS Y AGUA DULCE
Cuando ocurren estos episodios de lluvias intensas y constantes, las especies más afectadas son siempre las que están en la zona intermareal; esto es, la que queda al descubierto en la bajamar. Cuando la marea está baja, los moluscos se encuentran prácticamente sumergidos en agua dulce y eso es letal para muchas especies.
La afectación del agua dulce a los bancos marisqueros depende de factores como el porcentaje de bajada de la salinidad, el tiempo que se prolonga o la propia fisiología de las especies.
En poblaciones como Noia (A Coruña), la salinidad se acercó a cero durante semanas y la mortandad fue elevadísima. Murió el 89% del berberecho, el 66% de la almeja japónica, el 96% de la almeja babosa y el 31% en la almeja fina.
Sin embargo, no podemos achacar todo el problema al exceso de agua dulce. La ría de Arousa tuvo un año catastrófico en 2024, con la pérdida de más del 55% de su producción. En aquel momento no hubo problema de riadas.
La producción marisquera gallega lleva años sufriendo una caída constante agudizada en los últimos años, especialmente desde 2021.
Según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, la producción de las principales especies de moluscos en Galicia ha experimentado una caída profunda y sostenida entre 2010 y 2024.
Si atendemos a la almeja fina se ha pasado de los 197,02t. de 2010 a las 11,12t. de 2024. La producción tuvo subidas y bajadas en algunos años del período, alcanzando un pico máximo en 2016 y experimentando una caída drástica en 2022 hasta situarse en las 11,12t. de 2024.
Con la almeja babosa, hubo un alza en su producción desde las 147t. de 2010 a las 353t. de 2015, que desciende continuamente desde 2019 hasta las 30,92t. de 2024.
La producción de berberechos siguió en dicho período una línea en sierra, desde las 893t. de 2010 a las 836t. de 2021, registrándose desde entonces una caída en picado hasta las 56,31t. de hace dos años.
Por último, la producción de ostra, pese a las caidas continuas registradas entre 2010 y 2016 mantiene desde entonces cierta estabilidad en una cantidad que se mueve alrededor de las 200t.
MÁS ALLÁ DEL CAMBIO CLIMÁTICO
Esta situación crítica no puede achacarse solo al exceso de lluvias. Según los científicos las causas de este desplome en la producción se debe a varios factores. El cambio climático es uno de ellos pero también lo son la contaminación de las rías, el aumento de especies invasoras y parásitas, los cambios en los ecosistemas por la ingeniería civil, la sobreexplotación de los recursos o el furtivismo.
La absorción de dióxido de carbono (CO2) emitido a la atmósfera por actividades humanas a nivel global y el aumento de la temperatura del agua alteran la química de los carbonatos, provocando acidificación de los océanos. Y, por debajo de un determinado PH, (“potencial de hidrógeno”) las condiciones se vuelven extremadamente difíciles para muchos bivalvos que no pueden fabricar las conchas. También afecta a los corales, a los gasterópodos y a determinado fitoplancton. Por otra parte, la bajada de la salinidad también es altamente letal para los bancos de marisco.
PARÁSITOS
Otro problema es la presencia de parásitos. En 2012 se produjeron mortandades masivas de berberechos en la ría de Arousa, causadas por el protozoo “Marteilia cochillia”. La mortandad masiva de almejas en la ría de Ferrol del año 2020 fue achacada al parásito “Perkinsus marinus”. En 2011, una infección de “Bonamia ostreae” acabó con más del 80% de ostra plana en Galicia y así muchos otros casos.
INFRAESTRUCTURAS
Las obras públicas cambian la dinámica del litoral, destruyendo zonas de producción porque su desarrollo provoca pérdidas en los arenales, lo que hace incompatible la vida de las especies que viven enterradas. A veces, en cambio, las obras traen arena y la población marisquera queda demasiado tiempo en seco durante la bajamar. Los vertidos de aguas residuales y restos de fertilizantes, que traen los ríos, aumentan la eutrofización de las aguas, bajan el oxígeno disuelto y aumentan la frecuencia de mareas rojas.
SOBREEXPLOTACIÓN
Si poco podemos hacer sobre factores, llamémosles “naturales”, hay otros sobre los que sí podemos actuar. Tal es el caso de la sobrexplotación de recursos o la lucha contra el furtivismo.
Las cofradías llevan años presentando planes de explotación para hacer una gestión racional de los recursos, con planes de vigilancia para evitar el furtivismo. Esto, unido al control zoosanitario de las especies de semicultivo, es donde los mariscadores tienen un limitado margen de maniobra para mantener la rentabilidad de las explotaciones.
MALAS PERSPECTIVAS
Las perspectivas de futuro no son nada halagüeñas. El último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPPC, por su siglas en inglés) prevé que estas situaciones serán más frecuentes y extremas. Según el documento, “todas las regiones del mundo han experimentado eventos extremos como olas de calor, sequías y fuertes lluvias que son ahora más severos y frecuentes. Muchas regiones han experimentado eventos de lluvia más fuertes e intensos (que pueden provocar inundaciones y consecuentemente daños a las poblaciones marisqueras). Las olas de calor, las fuertes lluvias y las sequías seguirán siendo cada vez más severas y frecuentes. La lluvia sobre continentes, incluidas las lluvias monzónicas, se volverá más variable e intensa. Mientas que algunas áreas se volverán más secas, otras serán más húmedas”.