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Vamos a contar mentiras
12/06/2026
Más Mar
Opinión
José Miguel Montoya Oliver. Dr. Ingeniero de Montes especializado en Desarrollo Sostenible

Por el mar corre la liebre y por el monte las sardinas. Pues ahora resulta que la conocida cantinela infantil, es verdad y no mentira, porque liebres y sardinas vienen a ser más o menos lo mismo; al menos a efectos de lo que todos y cada uno de nosotros deberíamos hacer en mares y continentes, para tratar de garantizar la supervivencia de la Humanidad en “nuestro” planeta. ¿Pero tiene sentido, rigor y lógica decir que las liebres y las sardinas son más o menos lo mismo? Podría ser, porque lo que muchas veces vemos y, por tanto, creemos que es verdad, es solo una mera apariencia: la tapadera que oculta lo que de verdad se cuece en la olla.
Todos deberíamos actuar igual en todos los espacios del planeta, oceánicos o continentales: gestionar racionalmente el mar como el monte, la liebre como la sardina, o el elefante como la ballena… hasta conseguir conciliar (¿o reconciliar?) a la Humanidad con su planeta ¿Qué podría recibir la pesca marina durante y después de esta reconciliación?
La medicina ecosistémica enseña que todos los seres vivos (peces, cefalópodos, crustáceos, moluscos y otros animales, vegetales, hongos, algas y hasta microbios) y, por supuesto, el hombre, somos iguales a efectos de inercia (estado de salud), resiliencia (enfermedad y curación) y resistencia (muerte individual); es decir, ante los riesgos y perturbaciones naturales que a todos nos acechan en todas partes y siempre.
La enfermedad y la muerte son “paradójicamente” las verdaderas claves de los ecosistemas, por muy buena prensa que tenga la escurridiza vida.
Las actuaciones preventivas de la enfermedad y la muerte se agrupan en unos pocos tipos. Para gestionar “liebres y sardinas” o cualesquier otro ser vivo o ecosistema del planeta, solo debemos aprender a hacer tres tipos de “cosas”: conservarlos y disfrutarlos, gestionar sus biomasas racionalmente (pescar bien), y ejecutar sabiamente las debidas intervenciones, obras e instalaciones propias de la Ingeniería de la sostenibilidad en cada caso. El tradicional “producir, conservando y mejorando”. ¿Sería sano reflexionar y debatir sobre los intereses ocultos que se cuecen en la olla de la pesca marina?
En el caso de la pesca marina casi siempre nos referimos a las capturas comerciales (TAC y cuotas); pero mucho menos a las externalidades inducidas por la pesca racional: conservación de las especies y ecosistemas marinos, potenciación de los usos recreativos, turismo, hostelería, comercialización, industria conservera…¿Alguien puede creer que puedan alcanzarse la sostenibilidad y el desarrollo sostenible, la conciliación entre la naturaleza y el hombre, solo a partir y a costa de los más bien magros ingresos netos de lo pescado, mientras que la sociedad expolia y gorronea tenazmente los enormes beneficios ambientales de las múltiples externalidades inducidas por el sano manejo sostenible de la pesca?
Las externalidades inducidas por la pesca marina, que toda la sociedad demanda y recibe, deberían pagarse como “a vaquiña”: por lo que realmente valen y como genuinos beneficios de la pesca que son. Mientras tanto, cualquier sostenibilidad, como cualquier desarrollo sostenible, será solo un mero trampantojo. Tal vez andamos dialogando en materia de pesca, no tanto con las presuntas mentiras, sino con los genuinos mentirosos.
¿Cuánto habría que pagar a quienes mediante el sano manejo de la pesca marina, inducen las valiosísimas externalidades que tantos demandan? Cada uno puede pensar lo que quiera pero, desde nuestra perspectiva técnica, la respuesta es clara y sencilla: hay que pagar lo preciso para poder adecuar el manejo de la pesca marina al óptimo desarrollo sostenible (ODS 14). Por tanto, hay que comenzar a hablar de una vez por todas de “justiprecios” y no de subvenciones, ayudas, créditos, desgravaciones... A cada uno lo suyo y “vaquiña polo que vale”.
➡️ Ver más en el número 668 de la Revista MAR
Todos deberíamos actuar igual en todos los espacios del planeta, oceánicos o continentales: gestionar racionalmente el mar como el monte, la liebre como la sardina, o el elefante como la ballena… hasta conseguir conciliar (¿o reconciliar?) a la Humanidad con su planeta ¿Qué podría recibir la pesca marina durante y después de esta reconciliación?
La medicina ecosistémica enseña que todos los seres vivos (peces, cefalópodos, crustáceos, moluscos y otros animales, vegetales, hongos, algas y hasta microbios) y, por supuesto, el hombre, somos iguales a efectos de inercia (estado de salud), resiliencia (enfermedad y curación) y resistencia (muerte individual); es decir, ante los riesgos y perturbaciones naturales que a todos nos acechan en todas partes y siempre.
La enfermedad y la muerte son “paradójicamente” las verdaderas claves de los ecosistemas, por muy buena prensa que tenga la escurridiza vida.
Las actuaciones preventivas de la enfermedad y la muerte se agrupan en unos pocos tipos. Para gestionar “liebres y sardinas” o cualesquier otro ser vivo o ecosistema del planeta, solo debemos aprender a hacer tres tipos de “cosas”: conservarlos y disfrutarlos, gestionar sus biomasas racionalmente (pescar bien), y ejecutar sabiamente las debidas intervenciones, obras e instalaciones propias de la Ingeniería de la sostenibilidad en cada caso. El tradicional “producir, conservando y mejorando”. ¿Sería sano reflexionar y debatir sobre los intereses ocultos que se cuecen en la olla de la pesca marina?
RENTABILIDAD Y EXTERNALIDADES
Las actuaciones que el hombre sabe y debe hacer, como saber pescar y saber de pesca (dos cosas bien distintas, pese a quien pese), precisan conseguir unos beneficios (sociales, ecológicos y económicos) que garanticen hacerlas sostenibles: darles una plena viabilidad ambiental, y financiarlas y rentabilizarlas debidamente: hacerlas, pagarlas y… ¡Ganar dinero! De nuevo los beneficios son pocos. Los valores de la conservación, los de los disfrutes activos (no todos son recreativos), los de las capturas (como el pescado y otras) y los de las externalidades inducidas. Las externalidades son beneficios que “terceros” demandan y que quieren recibir “sin más”; esos terceros que ni gestionan, ni pescan, ni tampoco se callan, pero quieren “ganar”.En el caso de la pesca marina casi siempre nos referimos a las capturas comerciales (TAC y cuotas); pero mucho menos a las externalidades inducidas por la pesca racional: conservación de las especies y ecosistemas marinos, potenciación de los usos recreativos, turismo, hostelería, comercialización, industria conservera…¿Alguien puede creer que puedan alcanzarse la sostenibilidad y el desarrollo sostenible, la conciliación entre la naturaleza y el hombre, solo a partir y a costa de los más bien magros ingresos netos de lo pescado, mientras que la sociedad expolia y gorronea tenazmente los enormes beneficios ambientales de las múltiples externalidades inducidas por el sano manejo sostenible de la pesca?
Las externalidades inducidas por la pesca marina, que toda la sociedad demanda y recibe, deberían pagarse como “a vaquiña”: por lo que realmente valen y como genuinos beneficios de la pesca que son. Mientras tanto, cualquier sostenibilidad, como cualquier desarrollo sostenible, será solo un mero trampantojo. Tal vez andamos dialogando en materia de pesca, no tanto con las presuntas mentiras, sino con los genuinos mentirosos.
¿Cuánto habría que pagar a quienes mediante el sano manejo de la pesca marina, inducen las valiosísimas externalidades que tantos demandan? Cada uno puede pensar lo que quiera pero, desde nuestra perspectiva técnica, la respuesta es clara y sencilla: hay que pagar lo preciso para poder adecuar el manejo de la pesca marina al óptimo desarrollo sostenible (ODS 14). Por tanto, hay que comenzar a hablar de una vez por todas de “justiprecios” y no de subvenciones, ayudas, créditos, desgravaciones... A cada uno lo suyo y “vaquiña polo que vale”.
➡️ Ver más en el número 668 de la Revista MAR
