Esperanza del Mar. 25 años al servicio de la flota
30/10/2026

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Sandra Berciano
buque esperanza del mar

El buque hospital del Instituto Social de la Marina cumple un cuarto de siglo acercando la atención médica a los pesqueros. Su presencia ofrece a quienes trabajan lejos de tierra la tranquilidad de contar con un equipo preparado para prestarles atención cuando la necesitan.

Trabajar en el mar significa que una enfermedad o un accidente pueden producirse a muchas horas del hospital más cercano. En esas circunstancias, saber que hay un buque sanitario acompañando a la flota aporta una seguridad que también comparten las familias que esperan en tierra. El buque Esperanza del Mar cumple veinticinco años haciendo posible esa atención en el lugar donde los pescadores desarrollan su trabajo.

El balance de 2025 resume en qué consiste esa tarea: 244 casos atendidos en 274 días de navegación, 277 consultas (242 radiomédicas y 35 ambulatorias), 19 ingresos y 12 evacuaciones. Cada una de esas cifras es una llamada de radio transformada en una decisión que hubo que tomar deprisa.

España es el único país de Europa y uno de los pocos del mundo que cuenta con un servicio médico público tanto en tierra como en alta mar. Los dos buques del Instituto Social de la Marina, Esperanza del Mar y Juan de la Cosa, acercan la atención a quienes faenan lejos de los centros sanitarios. Una consulta por radio, una exploración a bordo o un traslado pueden determinar cómo evoluciona un problema de salud y evitar que se agrave.

Esa trayectoria comenzó en 1982, con el primer Esperanza del Mar, resultado de la transformación del Andalucía. Su actividad estuvo estrechamente ligada al caladero canario-sahariano. Casi dos décadas después, lo aprendido durante aquellas campañas sirvió para diseñar su sucesor, entregado al Instituto Social de la Marina el 26 de julio de 2001 e inaugurado el 10 de septiembre en Gijón, hace ya 25 años.

Con casi 98 metros de eslora, el barco se construyó alrededor del hospital: una cubierta sanitaria conectada con los medios de rescate y con la helisuperficie que facilita los traslados. Incorporó quirófano, laboratorio, radiología, cuidados intensivos y hospitalización, además de dependencias independientes para náufragos. Puede acoger a 88 personas entre tripulación, pacientes y rescatados, con literas para hasta 38 tripulantes, aunque la dotación habitual ronda la treintena.

Desde su entrada en servicio, las mejoras en los equipos de diagnóstico y las comunicaciones han ampliado las posibilidades de atención a bordo y facilitado la coordinación con los centros sanitarios en tierra y los servicios de rescate. También han mejorado las condiciones de la flota: el capitán destaca la formación de las tripulaciones, los reconocimientos médicos y la dotación de los botiquines como avances que se reflejan en las necesidades de asistencia.

ASISTENCIA TÉCNICA

El apoyo no termina en lo sanitario. El buque presta asistencia mecánica y eléctrica, suministra agua y combustible en emergencias y realiza trabajos submarinos y remolques cuando las condiciones lo permiten. Dispone también de medios contra incendios y contaminación y puede transportar contenedores de ayuda humanitaria. A veces, lo decisivo es una intervención modesta, como liberar una hélice enredada, pero esa asistencia puede devolver al pesquero su capacidad de navegar de nuevo.

Durante estos 25 años, generaciones de tripulantes han dado continuidad a una misión que los pescadores conocen bien: estar cerca cuando hace falta. Su trabajo ha convertido al Esperanza del Mar en una presencia familiar en los caladeros, un lugar al que acudir y una voz a la que pedir ayuda. Para quienes pasan semanas lejos de casa, esa confianza forma parte de lo que significa salir a faenar con un servicio público que también los acompaña en el mar. De ese trabajo y de la responsabilidad de mantener esa confianza nos habla en las siguiente entrevista su capitán, Luis Gonzaga León Jiménez. 

Luis nos recuerda su llegada al buque, cómo se organiza el trabajo a bordo y cómo se toman las decisiones cuando un pesquero necesita asistencia. Habla con cariño de una profesión en la que el trabajo y la convivencia están estrechamente unidos, y de la satisfacción de ayudar a otros marinos con los que comparte una misma forma de vida.

¿Cómo llegó al Esperanza del Mar?
Comencé a trabajar a bordo del Esperanza del Mar en marzo de 2008, tras acceder mediante una oferta pública de empleo. Desde entonces, he trabajado de manera ininterrumpida en el Instituto Social de la Marina, donde además he tenido la oportunidad de ejercer el mando de sus dos buques hospital, el Esperanza del Mar y el Juan de la Cosa. Nunca imaginé que aquel buque con una gran cruz roja pintada en el costado, el antiguo Esperanza del Mar, que veía de niño con frecuencia frente al puerto de Arguineguín, acabaría formando gran parte de mi vida profesional.

¿Qué ha cambiado y qué permanece de aquella misión?
A lo largo de estos años, la actividad ha experimentado una enorme evolución. La vida a bordo de los buques pesqueros de hace cuarenta años y la actual son difícilmente comparables en todos los aspectos, tanto en lo relacionado con la salud de los tripulantes embarcados como en la demanda de asistencias técnicas.

La mejora en la formación de las tripulaciones, los reconocimientos médicos, las condiciones higiénico-sanitarias a bordo, los botiquines y los medios disponibles a bordo se reflejan claramente en el volumen y la naturaleza de las asistencias que se prestan. No obstante, puedo garantizar que mantenemos el mismo espíritu de servicio y compromiso que ha caracterizado esta labor desde 1982. Un legado que los profesionales más veteranos han sabido transmitir a las nuevas generaciones, asegurando la continuidad de unos valores que siguen siendo nuestra principal seña de identidad.

¿Dónde están operando actualmente y a qué flotas atienden?
Aunque la actividad de los buques hospital españoles estuvo históricamente muy vinculada a los caladeros africanos, donde operaron tanto el antiguo Esperanza del Mar como este buque en sus primeros años, hoy nuestra principal zona de actuación se encuentra en los caladeros del Gran Sol y al oeste de Irlanda. Además, prestamos servicio en una amplia área que comprende las aguas de las Azores, Finisterre, el mar Cantábrico, la plataforma francesa y todo el golfo de Vizcaya.

Prestamos asistencia a una amplia variedad de flotas, entre las que destacan la de palangre y arrastre, así como las dedicadas a las campañas del bonito y, cuando las circunstancias lo requieren, de la anchoa y el verdel.

Nuestro objetivo es ubicarnos donde podamos atender prioritariamente a las flotas con mayor concentración de buques, teniendo en cuenta factores como la distancia a la costa, el volumen de asistencias demandadas y la experiencia acumulada en cada zona de operación. Para ello, nos apoyamos en las tecnologías actuales y, especialmente, en la estrecha relación y comunicación directa que mantenemos con los patrones y armadores de la flota pesquera.

¿Cómo es la vida a bordo?
Las funciones a bordo se desarrollan de forma similar a las de cualquier buque convencional, estructurándose en los departamentos de Puente y Cubierta, Máquinas y Fonda, a los que se suma el Departamento Hospital, elemento diferenciador de este buque y responsable de desarrollar la misión esencial: la asistencia sanitaria. Sin embargo, la realidad es que la coordinación y el trabajo conjunto entre todos ellos constituyen uno de los factores más importantes para el funcionamiento del buque.

Además, siempre que las circunstancias operativas lo permiten, compartimos actividades como la práctica deportiva, los juegos de mesa, el cine, el seguimiento de eventos deportivos, especialmente el fútbol, y las largas conversaciones de sobremesa. Lo más difícil de los periodos de embarque es la distancia con la familia y los amigos, aunque esta situación se ha visto mitigada en gran medida gracias a las nuevas tecnologías y a las mejoras en las comunicaciones.

¿Qué ocurre en los primeros minutos de una solicitud de asistencia?
Lo más importante es mantener la calma y garantizar un intercambio de información claro y preciso. Una vez confirmada la demanda de asistencia médica, la comunicación se transfiere al médico de a bordo para que valore la gravedad y urgencia del caso mediante la denominada consulta radiomédica. A partir de esa evaluación, el médico y el capitán analizan conjuntamente el caso y determinan la respuesta más adecuada, como la necesidad de que el médico se desplace al pesquero, la conveniencia de realizar ambulatoria inicial a bordo del pesquero, el grado de movilidad del paciente para valorar el uso de camilla o, en los casos más graves, la necesidad de una evacuación a puerto o por vía aérea. La prioridad es siempre desplazar al paciente al buque asistencial para realizar las pruebas complementarias de diagnóstico y ofrecerle los mejores cuidados.


 

¿Qué episodio reciente refleja la complejidad de esas decisiones?
El pasado mes de agosto, durante la campaña del bonito del norte y mientras acompañábamos a la flota por aguas del golfo de Vizcaya evacuando a puerto a un tripulante accidentado, recibimos una solicitud de asistencia médica de otro pesquero por un accidente con un anzuelo. Dada la relativa proximidad del buque, los médicos valoraron que era posible atender esta urgencia sin comprometer la evacuación que ya teníamos en curso.

Una vez resuelta esta asistencia, continuamos nuestra derrota hacia puerto con el paciente. Sin embargo, cuando nos encontrábamos prácticamente a mitad de camino entre el principal grupo de boniteros y el puerto de destino, recibimos una nueva demanda de asistencia médica urgente procedente de otro pesquero. En esta ocasión, se trataba de un accidente con un anzuelo que afectaba un ojo, cuya atención nos habría obligado a retroceder nuevamente y a demorar la evacuación que ya estábamos realizando.

Ante esta situación, y teniendo en cuenta nuestra posición y la necesidad de completar la evacuación ya iniciada, se decidió transferir la atención de este nuevo caso al buque asistencial Juan de la Cosa, que regresaba a medio camino de una evacuación. Finalmente, el Juan de la Cosa, tuvo que resolver el caso mediante una evacuación aérea con helicóptero dada la gravedad y la urgencia del caso.
Este episodio refleja claramente la complejidad de las decisiones a las que se enfrentan los médicos de un buque hospital. En muchas ocasiones, se deben valorar simultáneamente varias emergencias, los recursos disponibles, tomando decisiones que pueden resultar críticas para la salud e incluso la vida de las personas afectadas.

¿Cómo se procede ante una situación crítica?
En situaciones especialmente críticas, valoramos las evacuaciones aéreas siempre que el pesquero se encuentre dentro del radio de acción de los medios de rescate disponibles.

A veces se producen situaciones especialmente complejas, como sucedió el pasado verano, cuando el paciente grave era el propio patrón del pesquero. Este consideraba que no podía abandonar el barco porque no quedaba nadie a bordo capacitado para hacerse cargo, lo que añadía una dificultad adicional a la decisión de evacuarlo a tierra estando su vida en peligro.

¿Cuáles son los retos de futuro?
Uno de los principales retos de futuro es continuar transmitiendo a las nuevas generaciones la cultura de trabajo, el conocimiento y los valores que los tripulantes más veteranos han ido adquiriendo a lo largo de los años de servicio con el objetivo de seguir trabajando como se ha hecho hasta ahora, gracias al compromiso, la profesionalidad y la vocación de servicio de sus tripulantes.

¿Qué recompensa les deja este trabajo?
La satisfacción que produce el agradecimiento de los marinos atendidos a bordo es difícil de describir. Aunque se trata de una labor que forma parte de nuestro trabajo diario, el hecho de poder ayudar a otro compañero de profesión, con el que compartimos una misma forma de vida, aporta un valor especial. Es, sin duda, una de las mayores recompensas que recibimos por el trabajo que realizamos. 

➡️Ver más en el número 671 de la Revista MAR

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