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Festival Marítimo de Pasaia
22/05/2026
Más Mar
Historia
Dirección ISM en Gipuzkoa

Con sus cuatro ediciones, el Pasaia Itsas Festibala se ha consolidado como cita imprescindible con la tradición y cultura marineras en Euskadi. El festival rinde homenaje a los antepasados que vivieron arraigados al mar y es el evento marítimo-cultural de mayor relevancia de los que se celebran en la costa vasca. Prueba de ello es la cada vez mayor repercusión y proyección internacional que tiene. Cada dos años Pasaia se llena de cultura marítima, patrimonio, música, gastronomía, artesanía y divulgación. Todos los que se acercan a su bahía tienen la ocasión de sumergirse en un ambiente marinero y festivo único y excepcional.
Como es habitual, un gran desfile de embarcaciones inauguraba el encuentro. En esta ocasión, debido a las malas condiciones meteorológicas, la espectacular entrada desde el Cantábrico por la bocana entre los montes Ulia y Jaizkibel se sustituyó por un paseo por el interior de la bahía. Más de 120 barcos de distintos tamaños, procedencias y tipologías transformaban el entorno en un escaparate único del patrimonio marítimo mundial.
Entre los más imponentes de esta edición figuraban el Étoile du Roy, la fragata corsaria de la película “Napoleón”, de Ridley Scott, un gran velero de tres mástiles y 46 metros de eslora o La Recouvrance, réplica de un barco de la marina francesa del siglo XIX. Mientras aquéllos destacaban por sus dimensiones, otras embarcaciones lo hacían por su gran valor histórico y cultural. Tal es el caso del Grayhound, lugre británico inspirado en los barcos de contrabando y comercio costero del siglo XVIII; el Ring Andersen, representante de la tradición naval escandinava; el Notre-Dame de Rumengol, velero de trabajo tradicional bretón construido en 1945, clasificado como monumento histórico en 1991 y la goleta Evangelina, de 1912, que posiblemente es una de las pocas embarcaciones de su época que continúa navegando en la actualidad.
A ellas se sumaron grandes barcos con vínculos singulares con el festival, como el Aita Mari, atunero reconvertido en buque de auxilio de Salvamento Marítimo Humanitario, o el Mater, barco-museo ecoactivo y cerca de un centenar de embarcaciones de menor tamaño, tradicionales o clásicas, tanto de asociaciones como de particulares, que otorgan a la cita un carácter cercano, participativo y colectivo.
Canadá presentó su historia y prácticas ancestrales como las técnicas inuit con las que se fabricaban kayaks, estrechamente vinculadas a la vida en el Ártico.
Además, en esta edición se ha podido visitar por primera vez en el agua la nao San Juan, acercarse tanto a la embarcación como al proceso de construcción que la acompañaba, descubriendo cómo eran los grandes buques balleneros vascos del siglo XVI para comprender la auténtica dimensión de aquellos viajes transoceánicos.
La nao San Juan, armada en los astilleros de Pasaia, formó parte de la época dorada de la navegación vasca. Fue uno de los buques balleneros que iban a Terranova y Labrador, donde los marinos desarrollaban su actividad en contacto con las comunidades locales.
A partir del hallazgo del pecio en 1978, el astillero Albaola inició en 2014 la reconstrucción de la nao como réplica científica, recuperando técnicas, materiales y oficios tradicionales de la construcción naval vasca. Una década después, el pasado noviembre, se celebró la botadura en un multitudinario acto.
La actividad marítima se complementó con una amplia programación en tierra con exhibiciones de oficios tradicionales, música, danza, teatro, gastronomía y exposiciones. Los más pequeños disfrutaron con talleres y diversas propuestas educativas vinculadas al mar. En definitiva, una experiencia marinera inolvidable que volverá a repetirse dentro de dos años.
➡️Leer más en el número 667 de la Revista MAR
Como es habitual, un gran desfile de embarcaciones inauguraba el encuentro. En esta ocasión, debido a las malas condiciones meteorológicas, la espectacular entrada desde el Cantábrico por la bocana entre los montes Ulia y Jaizkibel se sustituyó por un paseo por el interior de la bahía. Más de 120 barcos de distintos tamaños, procedencias y tipologías transformaban el entorno en un escaparate único del patrimonio marítimo mundial.
Entre los más imponentes de esta edición figuraban el Étoile du Roy, la fragata corsaria de la película “Napoleón”, de Ridley Scott, un gran velero de tres mástiles y 46 metros de eslora o La Recouvrance, réplica de un barco de la marina francesa del siglo XIX. Mientras aquéllos destacaban por sus dimensiones, otras embarcaciones lo hacían por su gran valor histórico y cultural. Tal es el caso del Grayhound, lugre británico inspirado en los barcos de contrabando y comercio costero del siglo XVIII; el Ring Andersen, representante de la tradición naval escandinava; el Notre-Dame de Rumengol, velero de trabajo tradicional bretón construido en 1945, clasificado como monumento histórico en 1991 y la goleta Evangelina, de 1912, que posiblemente es una de las pocas embarcaciones de su época que continúa navegando en la actualidad.
A ellas se sumaron grandes barcos con vínculos singulares con el festival, como el Aita Mari, atunero reconvertido en buque de auxilio de Salvamento Marítimo Humanitario, o el Mater, barco-museo ecoactivo y cerca de un centenar de embarcaciones de menor tamaño, tradicionales o clásicas, tanto de asociaciones como de particulares, que otorgan a la cita un carácter cercano, participativo y colectivo.

PAÍS INVITADO
Esta edición tuvo a Canadá como cultura marítima invitada de honor. El programa de los “Encuentros a través del Atlántico” puso en diálogo tradiciones vascas con las desarrolladas por las comunidades inuit y las culturas del Atlántico canadiense.Canadá presentó su historia y prácticas ancestrales como las técnicas inuit con las que se fabricaban kayaks, estrechamente vinculadas a la vida en el Ártico.
Además, en esta edición se ha podido visitar por primera vez en el agua la nao San Juan, acercarse tanto a la embarcación como al proceso de construcción que la acompañaba, descubriendo cómo eran los grandes buques balleneros vascos del siglo XVI para comprender la auténtica dimensión de aquellos viajes transoceánicos.
La nao San Juan, armada en los astilleros de Pasaia, formó parte de la época dorada de la navegación vasca. Fue uno de los buques balleneros que iban a Terranova y Labrador, donde los marinos desarrollaban su actividad en contacto con las comunidades locales.
A partir del hallazgo del pecio en 1978, el astillero Albaola inició en 2014 la reconstrucción de la nao como réplica científica, recuperando técnicas, materiales y oficios tradicionales de la construcción naval vasca. Una década después, el pasado noviembre, se celebró la botadura en un multitudinario acto.
La actividad marítima se complementó con una amplia programación en tierra con exhibiciones de oficios tradicionales, música, danza, teatro, gastronomía y exposiciones. Los más pequeños disfrutaron con talleres y diversas propuestas educativas vinculadas al mar. En definitiva, una experiencia marinera inolvidable que volverá a repetirse dentro de dos años.
➡️Leer más en el número 667 de la Revista MAR
