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¿Una terminal automatizada o una app corporativa bastan para que un puerto sea calificado como “inteligente”? Desde la cátedra Smart Ports responden a la pregunta con un no rotundo, aclarándonos en este artículo qué son y cómo operan los denominados “smart ports”.
Francisco Toledo, director de la Cátedra Smarts Ports, define al puerto inteligente como “la instalación que utiliza la digitalización y los datos para mejorar integralmente tanto su eficiencia como su sostenibilidad y su relación con el entorno”. Es decir, es un “ecosistema conectado, gobernado por datos, interoperable, con una plataforma común para toda la comunidad portuaria y orientado al valor público y a la medición y mejora continua”, puntualiza. Cabría añadir que un puerto inteligente está siempre en proceso de transformación, partiendo de estándares y colaborando con otros puertos. En definitiva, un puerto inteligente no lo es solo por contar con una tecnología puntera avanzada sino por utilizarla en consonancia con una estrategia clara y unos objetivos medibles.
Para realizar una definición sobre qué es y qué no es un puerto inteligente es necesario abordar el concepto desde distintas perspectivas. En primer lugar, un puerto inteligente basa su estrategia en un ecosistema donde la tecnología está subordinada a objetivos portuarios, logísticos, ambientales y sociales claramente definidos.
La Norma UNE 178110, impulsada por Puertos del Estado, explica que la tecnología por sí sola no genera “smart ports”, sino un modelo de respuesta estratégica propio de ecosistemas con componentes interconectados que se coordinan para obtener mejores resultados.
Si un puerto tiene proyectos aislados de innovación, sin hoja de ruta, sin prioridades y sin que sea capaz de medir el impacto sobre la competitividad o la sostenibilidad no puede nunca ser considerado como puerto inteligente.
Por otro lado, los procesos en un “smart port” son digitalizados integralmente a partir de sensores, plataformas digitales, IoT, análisis de datos, gemelos digitales y sistemas de automatización orientados a optimizar operaciones en tiempo real. “Obviamente, este aspecto va más allá de informatizar trámites sin un proceso y sin aprovechar los datos para mejorar la toma de decisiones”, matiza el director de la Cátedra Smart Ports.
Por otra parte, un puerto inteligente potencia la gobernanza del dato. Es decir, tiene claro quién genera, comparte, valida y usa la información y siempre bajo criterios de calidad, seguridad y ética.
La Norma UNE 178110 apunta a la interoperabilidad y el desarrollo de una plataforma digital común apoyada en estándares semánticos como condición para hablar realmente de un puerto inteligente. En el otro extremo encontraríamos una instalación con múltiples sistemas cerrados, sin integración, ni estándares comunes, que impiden compartir información entre autoridades portuarias, terminales, aduanas, navieras, etc.
DATOS: EL ORO DEL SIGLO XXI
Según Francisco Toledo, los datos son “el oro del siglo XXI” y, como apuntan algunos economistas, “el quinto factor de producción”. Por eso, hay que implantar sistemas interoperables para su uso compartido. El papel que en este sentido juegan las autoridades portuarias es esencial, ya que deben compartir datos y extraer valor de ellos.
La sostenibilidad en su triple dimensión: económica, ambiental y social, también es importante al reflejarse en más competitividad, reducción del impacto ambiental y contribución al bienestar social. La digitalización permite monitorizar emisiones en tiempo real, optimizar consumos energéticos, impulsar energías renovables y apoyar objetivos de descarbonización y economía circular.
Un puerto inteligente no es solo una infraestructura física. La Norma UNE 178110 identifica la experiencia del cliente como una de las dimensiones esenciales en estos puertos. Un “smart port” ofrece servicios digitales de alto valor (ventanilla única, trazabilidad en tiempo real, información predictiva, servicios personalizados, etc.) a navieras, cargadores, operadores logísticos y otros usuarios. “Si el puerto solo ofrece muelles y superficies sin canales digitales transparentes, sin tiempos de respuesta predecibles y sin servicios informacionales avanzados no puede definirse como inteligente”, defiende Toledo.
EJE DE TRANSFORMACIÓN
El fortalecimiento de la comunidad y la cohesión social son también ejes centrales de la transformación digital y sostenible en el ámbito portuario.
Un puerto inteligente mantiene una sólida relación con la ciudad y el hinterland mediante datos abiertos, participación, proyectos de innovación compartidos y mitigación de su impacto sobre el entorno. Su modelo es el de integración puerto‑ciudad. Un puerto inteligente no tiene nada que ver con el concepto de recinto opaco y aislado que se relaciona con la comunidad puntualmente, sin canales estables de diálogo, ni proyectos compartidos.
La integración de la seguridad física, la ciberseguridad y la protección de datos en su modelo de gestión a través de plataformas de ciberseguridad avanzada y protocolos compartidos entre autoridad portuaria, terminales y otros actores. es otra de las características de estas instalaciones, ya que un puerto que conecta sistemas críticos sin políticas de ciberseguridad, sin formar a su personal y sin planes de contingencia para incidentes digitales o físicos está lejos de considerarse un “smart port”.
La resiliencia y la gestión de riesgos eficiente en todo momento son propias de estas instalaciones. Así, según el director de la Cátedra Smart Ports, “un puerto inteligente utiliza datos, simulación y análisis predictivo para anticipar y gestionar riesgos derivados del cambio climático, disrupciones logísticas, ciberataques o crisis sanitarias porque se vale de la digitalización bien diseñada para mejorar la capacidad de respuesta ante eventos extremos y reducir vulnerabilidades sistémicas.
Es todo lo contrario a un puerto que optimiza al máximo la operativa diaria sin contemplar escenarios de crisis, ni planes de continuidad de negocio basados en información en tiempo real”.
LAS PERSONAS IMPORTAN
En cuanto a innovación, automatización y talento, “las tecnologías solo generan valor cuando van acompañadas de organización del trabajo, formación y cultura de innovación”, señala Toledo. A su juicio, “un puerto que introduce automatismos sin rediseñar los procesos ni acompañar la gestión del cambio y sin capacitar a las personas que trabajan en él raramente será un puerto inteligente”.
Por útimo, deberíamos mencionar la necesidad de colaboración, el uso de estándares y la “coopetencia”. Es habitual que los “smart ports” se apoyen en marcos comunes para compartir soluciones y aprender de otros puertos. La “coopetencia” (colaboración+competencia) es una valiosa vía para compartir riesgos tecnológicos, impulsar plataformas de ciberseguridad y avanzar en innovación conjunta.
DECÁLOGO DEL PUERTO INTELIGENTE
- ESTRATEGIA DE ECOSISTEMA, NO CATÁLOGO DE GADGETS. Un puerto inteligente parte de una estrategia clara. La tecnología se subordina a objetivos portuarios, logísticos, ambientales y sociales definidos.
- DIGITALIZACIÓN INTEGRAL DE PROCESOS. NO SOLO “INFORMATIZAR “TRÁMITES. En un puerto inteligente la digitalización reduce tiempos, costes y errores y permite gestionar el puerto como un sistema integrado, no como silos desconectados.
- GOBERNANZA DEL DATO E INTEROPERABILIDAD, NO “ISLAS DIGITALES".Un puerto inteligente cuenta con gobernanza del dato: define quién genera, comparte, valida y usa la información bajo criterios de calidad, seguridad y ética.
-SOSTENIBILIDAD ECONÓMICA, AMBIENTAL Y SOCIAL, NO SOLO “PUNTO VERDE” DE MÁRKETING. Un puerto inteligente está vinculado a una triple sostenibilidad: mejora de la competitividad, reducción del impacto ambiental y contribución al bienestar social.
- ORIENTACIÓN AL CLIENTE Y SERVICIOS DE VALOR AÑADIDO, NO SOLO INFRAESTRUCTURA FÍSICA. Un “smart port” ofrece servicios digitales de alto valor (ventanilla única, trazabilidad en tiempo real, información predictiva, servicios personalizados…) tanto a navieras como a cargadores, operadores logísticos y otros usuarios.
- INTEGRACIÓN PUERTO-CIUDAD Y COMUNIDAD, NO ENCLAVE AISLADO. Un puerto inteligente fortalece su relación con la ciudad y el hinterland mediante datos abiertos, participación, proyectos de innovación compartida y mitigación del impacto.
- SEGURIDAD Y CIBERSEGURIDAD AVANZADAS, NO PARCHEAR RIESGOS. Un puerto inteligente desarrolla plataformas de ciberseguridad y protocolos compartidos entre autoridad portuaria, terminales y otros actores.
-INNOVACIÓN Y FOMENTO DEL TALENTO, NO “AUTOMATIZACIÓN SIN ENFOQUE HUMANO”.Las tecnologías en un puerto inteligente generan valor si van acompañadas de organización del trabajo, formación y cultura de innovación.
-RESILIENCIA Y GESTIÓN DE RIESGOS, NO SOLO “EFICIENCIA EN CONDICIONES NORMALES”. Un puerto inteligente utiliza datos, simulación y análisis predictivo para anticipar y gestionar riesgos derivados del cambio climático, disrupciones logísticas, ciberataques o crisis sanitarias.
- COLABORACIÓN EN ESTÁNDARES Y “COOPETENCIA”, NO COMPETIR EN SOLITARIO. La “coopetencia” (colaboración+competencia) se afianza en los puertos inteligentes como una vía eficaz para compartir riesgos tecnológicos, impulsar plataformas de ciberseguridad y avanzar en innovación de manera conjunta.