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Faro de Bonanza en Sanlúcar de Barrameda
La luz degradada
25/06/2026
Más Mar
Historia
Manuel SantaMaría Barrios (Universidad de Cádiz)

Como cualquier marino sabe, la mar siempre cambia. Nada permanece. Esta condición afecta a todo lo que la rodea y, en este caso, a una de las ayudas a la navegación: el faro de Bonanza.
En el margen izquierdo de la desembocadura del Guadalquivir, encontramos el puerto pesquero de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), situado en el barrio marinero de Bonanza, nombre con el que se conoce al puerto y, por supuesto, a su faro.
La zona de Sanlúcar se encuentra históricamente en el territorio de Tartessos, apareciendo restos de instalaciones portuarias en distintas épocas, como una fábrica de salazones romanas. En la época musulmana casi no aparecen referencias, pero su denominación de “Al-Mars al-wadi” (Puerto de rio) hace difícil pensar que no tuviera algún tipo de estructura que sirviera de referencia.
A finales de la ocupación musulmana, la zona empieza a resurgir de forma documentada. En 1297 pasa a estar bajo control de la Casa de Medina Sidonia, centrándose la actividad económica en la producción y distribución de sal, pero sin constancia escrita de ningún tipo de faro en la época.
Con el desplazamiento de la actividad pesquera hacia el puerto de Bonanza, se van construyendo estructuras necesarias como el muelle de ribera, lonjas y casetas de armadores entre otras.
El primer faro de Bonanza, del que se tiene constancia escrita, data de 1854, cuando se construyó un farol o fanal, sobre la estructura-edificio que serviría de vivienda al farero. Pese a estar situado en la frontera de Cádiz y Huelva, desde sus orígenes siempre ha estado gestionado por el puerto de Sevilla. Esta construcción estaba equipada con una luz fija alimentada por aceite de oliva.
El actual faro de Bonanza fue proyectado por el ingeniero Jaime Font en 1864, como una reforma del anterior. En su construcción, que alcanza una altura de 18,3 metros, destaca la forma prismática octogonal de su fuste de ladrillo visto, y el friso de cerámica blanca con dibujos geométricos. Al igual que su predecesor, el combustible continuaba siendo aceite de oliva. Estaba equipado con un mecanismo de relojería que le permitía emitir destellos mediante una lámpara. Este faro tenía un doble uso, a parte del habitual como luz de navegación, también servía -junto al faro de San Jerónimo, que hoy en día se encuentra totalmente abandonado- de enfilación para los marinos que arribaban al Guadalquivir. Esta enfilación servía de guía a los buques procedentes del Atlántico que accedían al puerto de Sevilla por el canal de los ingleses.
Actualmente, la Autoridad Portuaria de Sevilla promueve el uso de las dependencias del faro para actividades culturales y sociales, teniendo un valor más estético y cultural que de ayuda para los marinos que suben el rio.
➡️ Ver más en el número 668 de la Revista MAR
En el margen izquierdo de la desembocadura del Guadalquivir, encontramos el puerto pesquero de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), situado en el barrio marinero de Bonanza, nombre con el que se conoce al puerto y, por supuesto, a su faro.
La zona de Sanlúcar se encuentra históricamente en el territorio de Tartessos, apareciendo restos de instalaciones portuarias en distintas épocas, como una fábrica de salazones romanas. En la época musulmana casi no aparecen referencias, pero su denominación de “Al-Mars al-wadi” (Puerto de rio) hace difícil pensar que no tuviera algún tipo de estructura que sirviera de referencia.
A finales de la ocupación musulmana, la zona empieza a resurgir de forma documentada. En 1297 pasa a estar bajo control de la Casa de Medina Sidonia, centrándose la actividad económica en la producción y distribución de sal, pero sin constancia escrita de ningún tipo de faro en la época.
AUSENCIA DE REFERENCIAS
La ausencia de referencias resulta llamativa, pues desde esta población partieron expediciones tan importantes como el tercer viaje de Cristóbal Colón a América en 1498 (de Giorgis, 1992), así como la de Magallanes y Elcano, en 1519, en la que sería la primera circunnavegación del mundo (Torres, 2018).Con el desplazamiento de la actividad pesquera hacia el puerto de Bonanza, se van construyendo estructuras necesarias como el muelle de ribera, lonjas y casetas de armadores entre otras.
El primer faro de Bonanza, del que se tiene constancia escrita, data de 1854, cuando se construyó un farol o fanal, sobre la estructura-edificio que serviría de vivienda al farero. Pese a estar situado en la frontera de Cádiz y Huelva, desde sus orígenes siempre ha estado gestionado por el puerto de Sevilla. Esta construcción estaba equipada con una luz fija alimentada por aceite de oliva.
El actual faro de Bonanza fue proyectado por el ingeniero Jaime Font en 1864, como una reforma del anterior. En su construcción, que alcanza una altura de 18,3 metros, destaca la forma prismática octogonal de su fuste de ladrillo visto, y el friso de cerámica blanca con dibujos geométricos. Al igual que su predecesor, el combustible continuaba siendo aceite de oliva. Estaba equipado con un mecanismo de relojería que le permitía emitir destellos mediante una lámpara. Este faro tenía un doble uso, a parte del habitual como luz de navegación, también servía -junto al faro de San Jerónimo, que hoy en día se encuentra totalmente abandonado- de enfilación para los marinos que arribaban al Guadalquivir. Esta enfilación servía de guía a los buques procedentes del Atlántico que accedían al puerto de Sevilla por el canal de los ingleses.
MAYOR ALCANCE
En 1952, siguiendo la tónica general de todos los faros de España, se procede a modificar el combustible, pasando a gas acetileno, lo cual aumentó su alcance a 14 millas. Desde 1982, al realizarse el nuevo balizamiento del Guadalquivir, el faro de Bonanza perdió su uso quedando simplemente como una baliza más del rio. Su alcance se redujo a cinco millas, orientándose la luz solo hacia Doñana, marcando el tramo de navegación desde el Faginado del Coto al puerto pesquero de Bonanza. Así, el antaño orgulloso referente para los marinos se transformó en una más de las 150 señales que forman parte del rio Guadalquivir.Actualmente, la Autoridad Portuaria de Sevilla promueve el uso de las dependencias del faro para actividades culturales y sociales, teniendo un valor más estético y cultural que de ayuda para los marinos que suben el rio.
➡️ Ver más en el número 668 de la Revista MAR
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